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Domingo, 12 de mayo de 2013

El pintor de las islas perdidas

Cruces > La historia de James Peck, el pintor isleño que nació en Puerto Deseado y se hizo ciudadano argentino, tiene enormes resonancias que sobrepasan por completo una historia individual. Y sin embargo, cuando en su libro habla de Malvinas como “una guerra privada” no deja lugar a dudas de que efectivamente estamos frente a una singularidad sin precedentes. La historia, la política, la vida íntima, la vocación artística y hasta el amor se cruzan en una suerte de crónica que por diversos motivos se volverá perdurable en la sensibilidad del lector.

 Por Sebastián Basualdo

En las cosas más profundas y más importantes estamos indeciblemente solos, decía Rilke. No resulta difícil imaginar la soledad en la que debió estar sumido James Peck aquella tarde de martes, un catorce de junio de 2011, cuando por motivo del acto de inauguración del helipuerto Roberto Mario Fiorito, acompañado por sus hijos, las cámaras de televisión, los periodistas gráficos, los funcionarios, el público y los invitados, recibió de la mano de la presidenta Cristina Fernández el documento de identidad argentino, cuya acta de inscripción de nacimiento debió ser labrada en la provincia de Tierra del Fuego, ya que las islas Malvinas se encuentran bajo su jurisdicción. “Al día siguiente del acto, la noticia apareció publicada en todo el mundo: de Brasil a China, de Nueva York a Sydney, atravesó Europa y por supuesto llegó a las islas y toda Gran Bretaña. Allá mi hermana se sentó a ver el noticiero del canal argentino en el que yo hablaba de mis hijos y aparecía como argentino en lugar de como británico de un territorio ocupado. Yo era la primera persona nacida en las islas, y por tanto considerado ciudadano argentino por la Constitución, que había cambiado oficialmente de bando. Los titulares británicos decían El isleño que pide la entrega de las Malvinas a la Argentina. Sin embargo, en mis declaraciones resaltaba mi vocación de pintor, cómo me había mudado para estar cerca de mis hijos y mi apoyo al presente gobierno, el cual había significado el fin de gobiernos militares y seudomilitares. Los diarios de Buenos Aires publicaban El hijo de un soldado inglés será el primer argentino de las islas. Me di cuenta de que nadie mejor que yo sabría transmitir la historia. Existen las batallas personales que uno libra para superarse y existen las batallas de otras personas, las que uno debe escuchar y, a veces, permitir que te afecten. Espero que mi historia ayude a comprender la razón por la que hacemos lo que hacemos a pesar de la incomprensión de los demás y que no siempre existan soluciones reales.”

Y esto último quizá sea el núcleo central, la motivación misma por la cual James Peck –nacido en 1968 en Puerto Deseado, artista y escritor educado en Inglaterra y en Australia– decidió contar su historia. Si un hombre es responsable de sí mismo ante todos, está claro que Malvinas, una guerra privada no intenta en modo alguno ser una justificación frente a nadie por la decisión de convertirse en ciudadano argentino. Aquellos que lo tildaron de traidor o vendepatria parecen no entender, o fingen, que tras la consecuencias nefastas de una guerra no buscada ni querida surge por añadidura un valor simbólico del que uno puede o no apropiarse; dicho de otra manera: un documento de identidad argentino no hace que James Peck reniegue de su patria, que no es otra cosa que su infancia, sus amigos y su familia, englobado todo en una palabra que puede llamarse cultura y por la cual ya está constituido a través de su lengua materna. Su decisión no cambia el rumbo de las decisiones políticas, ni mucho menos va a sentar algún tipo de precedente sobre la tan discutida autodeterminación de los isleños, pero le permite algo que podría pensarse como ajeno a la esfera política y sin embargo es intrínseco a ella, tan aparentemente simple por lo demás: James Peck quiere trabajar y estar cerca de sus dos hijos. “Entretanto, a mí, un individuo con ansias de cruzar fronteras, se me acusa de traidor o de algo peor. Estos son los motivos por los que hice lo que hice. Se podrá cuestionar mucho mi conducta, pero nadie puede dudar del amor que siento por mis dos hijos más chicos, que son argentinos.” Malvinas, una guerra privada es un libro hermoso y complejo, duro por momentos, lleno de contradicciones como la vida misma, escrito por un artista plástico y quizá por eso, esa intensa mezcla de relato y crónica testimonial donde rebasan las impresiones como pinceladas, surge la arbitrariedad de la memoria selectiva donde James Peck cuenta la manera en que vivió los horrores de la guerra a sus trece años, el contexto familiar y pueblerino, un padre con problemas de alcohol y divorciado que parece guiado por su destino a realizar una hazaña memorable que lo convertirá en héroe de guerra. “Los hombres del Tercer Regimiento de Paracaidistas lo recomendaron para una condecoración. La boina colorada que utilizaría luego en ocasiones ceremoniales jamás había sido concedida a un civil.” Luego vendrán los años posteriores al conflicto bélico, viajes de estudio y un casamiento prematuro; su vocación de pintor rápidamente se impone frente al deber ser y lo lleva a una galería de arte en Buenos Aires, lugar donde expondrá por primera vez sus pinturas con la temática de la guerra.

Malvinas, una guerra privada. James Peck 221 páginas Emecé

En Buenos Aires conoce a María, una pintora argentina, se enamoran, tienen dos hijos y, naturalmente, desata una guerra privada con Malvinas como telón de fondo. El regreso es hostil, a excepción de los amigos que los ayudan. “Meses antes se habían organizado marchas en el pueblo con pancartas que decían ‘¡Argentinos afuera!’ y ‘Británicos para siempre’ guiadas por una combi cuyo eslogan toscamente pintado en el costado decía ‘Dios salve a la reina y a Margaret Thatcher’.” Ya una vez en la Argentina y con la mirada de un ciudadano del mundo que va tomando nota a medida que recorre distintos lugares, James Peck narra sus encuentros con ex combatientes.

Malvinas, una guerra privada reúne datos históricos, fotografías de la época y reflexiones personales de un hombre que se entrega a la escritura como si no fuera otra cosa que un puente tendido hacia la posibilidad de comprender aquello que alguna vez dijera Sartre: lo importante no es lo que han hecho de nosotros sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

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Imagen: Alejandra Lopez
 
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