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Domingo, 26 de junio de 2016

BERYL BAINBRIDGE

MI SUCIO ANGELITO

A fines de los años 50, Lo que dijo Harriet de la inglesa Beryl Bainbridge fue rechazada por todos los editores que la recibieron y recién pudo publicarse veinte años después, cuando la escritora ya había conseguido prestigio. Basada en el mismo caso policial que la película Criaturas celestiales de Peter Jackson, es una novela narrada con tensión y distancia sobre dos adolescentes perversas, una historia de erotismo y violencia en plena posguerra británica.

 Por Mariana Enriquez

En 1954, la apacible y provinciana ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda se revolucionó por un crimen brutal que escondía una trama mórbida: Pauline Parker, de 16 años, asesinó a su madre, Honorah Rieper, durante un paseo. Las acompañaba Juliet Hulme, la mejor amiga de Pauline, de 15 años. Las chicas habían planeado el asesinato: cuando se vieron acorraladas y llevadas a juicio, aparecieron los detalles. Una relación intensa, de adolescentes enamoradas que vivían en un mundo paralelo con fantasías de viajar a Hollywood y convertirse en estrellas. Padres asustados de que esta relación obsesiva fuese además sexual: el lesbianismo era considerado, entonces, una enfermedad mental. El terror a la separación: Juliet iba a ser enviada a vivir con parientes en Sudáfrica, Pauline quería acompañarla, su madre se lo prohibió y entonces el crimen. Historia de locura hormonal, llena de erotismo y sueños de celuloide, se hizo popular mundialmente en 1994, cuando Peter Jackson la adaptó en su extraordinaria película Criaturas celestiales que, además de retratar como ninguna otra el estado de gracia luciferina de la adolescencia lanzó al superestrellato a Kate Winslet.

Criaturas celestiales no fue la única ficción inspirada por el caso Parker-Hulme. Apenas cuatro años después del crimen, en Inglaterra, la escritora Beryl Bainbridge leyó algunos recortes y escribió una novela, Lo que dijo Harriet, que poco conservaba del crimen original salvo ese lazo indestructible entre las chicas, su capacidad de manipulación, el pulso homoerótico. Era la primera novela de Bainbridge y fue rechazada por todos los editores que la recibieron. Uno de ellos le escribió: “¡Qué criaturas repulsivas son los dos personajes principales! Repulsivas hasta lo inverosímil. Y creo que la escena en que los dos hombres y las chicas se encuentran en la casa del Zar es demasiado indecente y desagradable incluso para estos tiempos laxos”.

Beryl Bainbridge no se desanimó, sin embargo. Su vida tenía el suficiente drama como para no tomarse a la tremenda un rechazo. Había nacido en Liverpool en 1932, en una familia problemática: fue expulsada de la escuela porque la encontraron con un texto pornográfico en el bolsillo de su pantalón de gimnasia (y la acusaron de corromper a sus compañeras), a los 15 años huyó de su casa, se enamoró de un soldado prisionero de guerra que estaba esperando ser repatriado pero el romance no prosperó, se casó con el artista Austin Davis, tuvo dos hijos, él la abandonó y, desesperada, intentó suicidarse metiendo la cabeza en el horno, estilo Sylvia Plath. “Una tiene altibajos cuando es joven”, comentó sobre el episodio años después. Actriz y bailarina, participó de programas populares como Coronation Street pero siempre, en sus ratos libres, se dedicó a escribir. Sus novelas posteriores fueron bien recibidas y eso le permitió finalmente publicar Lo que dijo Harriet en 1972. Ahora Impedimenta la reedita y distribuye en castellano.

Con todos estos años de distancia, la referencia al crimen Parker-Hulme parece muy lejana. La novela se ha convertido en otra cosa, permite otras lecturas. Se trata de una novela breve y brutal. Narrada en primera persona por una despiadada narradora sin nombre, de 13 años, asombra por su incorrección y por cierta desconexión: transcurre en un ecosistema cerrado. Las dos amigas, la sin nombre y la Harriet del título, viven en un pueblo costero de Inglaterra y tienen como misión personal recolectar “experiencia”. Esto significa, sobre todo, aprender a mentir y a seducir. En la novela, que salvo por un primer capítulo que anticipa el final avanza implacablemente sin explicaciones ni flashbacks, sugiere una relación con soldados italianos en la que uno de ellos, asqueado y fascinado, llamó a la narradora “sucio angelito”. Es Harriet, sin embargo, la que dicta estas experiencias, la más atrevida, la que escribe el diario de su amiga y la tiene bajo su control. Como en el caso Parker-Hulme, las chicas viven con miedo a ser separadas. Como en la vida real de Bainbridge, la narradora sin nombre es expulsada de la escuela por escribir “chanchadas”.

El objetivo de las chicas en Lo que dijo Harriet es el señor Biggs, a quien llaman El Zar, porque se llama Peter (como Pedro, el Grande). Biggs está casado, es infeliz en su matrimonio y es un predador aunque la novela es ambigua en cuanto a los roles y jamás lo nombra así. Biggs, acosado por las chicas, que lo espían, lo acorralan y lo persiguen, también las manipula: es un adulto infantilizado que puede comportarse con recato o emborracharse e intentar emborracharlas mientras llora e intenta abusar de ellas en la perturbadora escena que aquel editor consideró “indecente y desagradable”. Cuando Biggs besa a la narradora, ella dice: “el beso seco y calculado del Zar casi podría habérmelo dado mi padre, salvo por lo triste que fue”. La novela es una danza macabra: la chica más débil quiere complacer a la amiga dominante, a quien adora; para hacerlo, se somete a sus deseos. Y el deseo de Harriet es uno solo: la corrupción de la inocencia. Aunque cuando la narradora y Biggs tienen sexo –un acto mezquino, vil–, Harriet se enfurece aunque hizo todo para conseguir ese clímax. ¿Está celosa? ¿Hubiese querido ser ella? ¿La asusta haber llegado tan lejos? La narradora nunca se piensa en desventaja, como la niña que es frente al poder del adulto. Cuando se citan con Biggs y un amigo a tomar whisky, dice: “Los dos estaban muy nerviosos. Nosotras nos habíamos nutrido y habíamos madurado en situaciones como esta y jugábamos con ventaja”. El final, sorpresivo, es inevitablemente violento pero de una manera diferente a la conclusión del caso Parker-Hulme: sólo puede decirse que las chicas salen airosas, inocentes.

Lo que dijo Harriet. Beryl Bainbridge Impedimenta 235 páginas

Lo que dijo Harriet resulta impactante por su estilo tenso y al mismo tiempo distante, su manera de contar casi desinteresada, con una narradora egoísta y obsesionada con su mundo de mentiras y humillaciones; también sorprende porque refleja un cambio cultural innegable: hoy Mr. Biggs nunca podría aparecer victimizado y humillado por dos niñas, aunque sean presentadas como perversas.

Después de Lo que dijo Harriet, Bainbridge se convirtió en una escritiora prestigiosa, ganadora de premios, hasta distinguida como Dama del Imperio Británico por la reina Isabel II. Pero esta novela retorcida de transgresión adolescente, quizá la menos respetable de su carrera, sigue siendo incómoda y fascinante.

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