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Sábado, 26 de diciembre de 2009

EL DISEñO EN CIFRAS

Los números del diseño

En el contexto de un año difícil, el INTI publicó un estudio sobre el impacto económico del diseño argentino que aporta datos estadísticos e invita a la construcción de estrategias para un futuro distinto.

 Por Luján Cambariere

En un año muy duro, con poca o casi nula actividad de la visible –ferias, muestras, lanzamientos de diseño– que obviamente no hacen a la realidad integral de la disciplina pero suman. Vale rescatar cuestiones menos glamorosas pero que pueden representar bases más firmes a futuro.

Entre ellas, este año, el Programa de Diseño del INTI presentó Diseño en la Argentina: estudio del impacto económico 2008, una publicación sobre la incorporación del diseño en las empresas argentinas, que golpea en varios frentes. Sienta precedentes para las futuras investigaciones que se realicen en la materia, invita a la reflexión, pero sobre todo, mediante algunos cruces y análisis de los resultados, insta a la construcción de herramientas y políticas públicas que permitan insertarlo en el sistema productivo. Así, desde una visión económica, Darío Milesi, Diego Silva Failde y Gabriel Yoguel trabajaron en el desarrollo de una metodología de medición, para identificar el impacto económico del diseño según una serie de indicadores. Por su parte, Raúl Belluccia, María del Rosario Bernatene, Julieta Caló, Guillermo Canale, Beatriz Galán y Sergio Justianovich, brindaron aportes desde su experiencia en el campo del diseño. Raquel Ariza, coordinadora del Programa de Diseño del INTI, que orquestó la realización de este documento, resume para m2 algunas conclusiones.

–¿Qué motivó la realización de este trabajo?

–Desarrollar y coordinar acciones para incrementar la incorporación del diseño en las empresas argentinas nos enfrenta con múltiples dificultades, como no contar con datos confiables ni con una tradición en la generación de fuentes de información específica del ámbito del diseño, tanto del sector público como del privado. Esto nos llevó a impulsar que el diseño local cuente con un estudio del tipo de una encuesta periódica sobre el impacto del diseño en Argentina, que facilite información relevante para la formulación de políticas eficaces de fomento de la disciplina y permita evaluar el cumplimiento de los objetivos. El puntapié inicial para armar este libro fue la Encuesta Nacional de Diseño a Pequeñas y Medianas Empresas, realizada en el año 2007 por el INTI, el Programa BA-Diseño, el Plan Nacional de Diseño, y el Centro de Estudios para la Producción; con el objetivo de relevar información sobre el impacto económico del diseño en las empresas argentinas.

–¿Para qué sirve contar con estos datos?

–Poner al diseño en términos económicos sirve, entre otras cosas, para correrlo de una cosa de moda, banal, a algo en números que determine el impacto que tiene la disciplina. Desde el INTI estamos convencidos de que la incorporación del diseño constituye un factor fundamental para aumentar la competitividad de los sectores productivos. Por tal motivo, consideramos que antes de delinear cualquier política sobre la materia, resulta de suma importancia contar con datos actualizados sobre las implicancias del diseño en la economía argentina. Este libro se alinea en esta causa. Esto significó un montón de trabajo pero muy interesante, sobre todo a raíz de cómo se armaron los indicadores que permiten analizar y confrontar de un modo útil esos datos estadísticos. Así, por ejemplo, para determinar el nivel de importancia del diseño en las empresas que formaban parte de la muestra, se definieron siete indicadores de análisis. El grado de cobertura que tienen esas actividades, el grado de documentación, la finalidad estratégica del diseño en las firmas, la existencia o no de un departamento o área definida de diseño, la contratación de recursos humanos formados en diseño externos a la empresa, el grado de importancia de la propiedad intelectual, y el desarrollo de nuevos productos centrados en diseño en los últimos años. Esto permitió evaluar dónde está el diseño hoy. Pensar cómo se articulan estas cosas y qué se entiende por diseño y cómo la empresa trabaja con eso y para generar políticas. Es un instrumento para generar políticas de acción para que las empresas incorporen diseño.

–¿Definir lo que se entiende por diseño ya es un problema en la Argentina?

–En realidad, en todo el mundo es un problema definir lo que se entiende por diseño. Además el diseño entendido como qué: como marca, como un proceso, como un producto.

–¿Cómo se subsana eso?

–Del análisis y relación de todas las respuestas. “En los últimos tres años, ¿qué tipo de diseño ha realizado en su empresa?” “¿Con qué finalidad utiliza el diseño?” “¿Documenta o no documenta?” “¿Trabaja con los equipos o no trabaja con los equipos?” Todas cuestiones que hacen al diseño. Y además esto tiene una doble función, que es la de sensibilizar. Porque al preguntar, la gente reflexiona sobre lo que tiene. Si por ejemplo preguntás: ¿Analiza las necesidades de sus usuarios y sus clientes? ¿Analiza a la competencia? Si contestan que sí, se deduce que hacen un buen proceso de diseño. Joel, que es un economista especialista en innovación en empresas y tecnología en análisis de empresas, tuvo un aporte fundamental en esos cruces, que permiten sacar conclusiones muy interesantes.

–¿A saber?

–Por ejemplo, una pregunta es: “¿Contrata diseñadores o no?” Entonces si te dice que sí, la respuesta lógica que podrías pensar es que entonces tiene diseño. Pero entonces después se hace otra que es: “¿Documenta la información?” o “¿cómo desarrolla la marca?” Y ahí te pone que no. Entonces, que tengas contratado a un diseñador no implica que tengas diseño en tu empresa. Porque si tenés contratado a un diseñador en la empresa, pero lo tenés sacando fotocopias, no significa que tengas diseño.

–¿Otras?

–Por ejemplo, se descubrió que las empresas que más contratan diseño afuera son las que tienen diseño dentro de la empresa. Que normalmente las empresas que contratan equipos externos tienen un diseñador adentro, contrariamente a lo que se podría pensar. Entonces hay un diseñador que hace el día a día trabajando, lo que facilita la interacción. Porque sólo afuera es difícil de sostener. En cambio tenés uno adentro que te traduce toda la información de la empresa y otro afuera que te da frescura al día a día y ambos suman. Esto, vale decirlo, se cruza con los datos de nuestra base de datos, por la que sabemos que hoy la mayoría de los diseñadores prefieren trabajar de forma independiente. Entonces, en la medida que los diseñadores no decidan ir a trabajar a las empresas...

–¿Qué nichos se descubren como posibles en las empresas?

–Por lo general la indumentaria, sectores relacionados con la moda, emplean mucho diseño. El diseño gráfico también es muy requerido para la comunicación de la marca. Sectores que ya entienden la necesidad de la disciplina.

–¿Cuestiones que confirmaron?

–Bueno, si bien esto es cuantitativo, nosotros veníamos haciendo investigaciones cualitativas a través de diagnósticos a empresas en el municipio de Morón y lo que detectamos es que contratar diseñadores no garantiza que esto sea una inversión y no sólo gasto. Porque cuando está mal gestionado el diseño, no les cambia la situación. Cómo gestiona y la idea del diseño integral es clave. Porque a veces se contrata a uno para que trabaje la marca, otro que trabaje el producto, otro la web y el conjunto no es bueno. Eso es algo que veíamos viendo pero se notó más en el entrecruzamiento de los datos. A raíz de eso, por ejemplo, nosotros hicimos los fascículos de Asora, dirigidos a la industria de la madera, para asesorarlos. Diseño para no diseñadores.

–¿Abrir la caja negra del diseño? ¿A qué se refieren?

–A descubrir qué es el diseño, qué implica. Para todos.

–Ese intangible...

–Y sí, porque una cosa que nosotros apoyamos es que el diseño no es propiedad de los diseñadores. El diseño es una manera de hacer y de pensar, de concebir las cosas, y en realidad necesitás trabajar en equipo. De hecho, hay quienes dicen que el diseño es demasiado para dejarlo en manos de los diseñadores.

–¿Qué otros datos se desprenden que son interesantes de este trabajo?

–Las propuestas concretas de algunos profesionales como Belluccia, Bernatene o Galán.

–¿Otros consejos válidos para futuros diseñadores?

–Bueno, es básico que uno tiene que pensar que el diseño tiene que llegar a la sociedad en su conjunto. Mejorar la calidad de vida de la gente. Pensar que el diseño no es sólo muebles y moda. Hay necesidades en las áreas de salud, educación, en el agro. Y por ahí son espacios que los ocupan otros, como ingenieros, que no resuelven bien la interfase de la que se ocupa justamente el diseño. Generalmente la interfase entre usuario y producto no es tan buena y ahí el diseño tiene una oportunidad. O lo que tiene que ver con alimentos, productos masivos. Los gráficos ahí tienen un nicho importante. Y en el agro. No siempre pensar en las grandes maquinarias, tal vez en herramental más básico que se trae de otros países. Los diseñadores no lo ven como nicho y los empresarios no lo ven como necesidad de diseño.

–¿Están pensado ampliar el estudio?

–Sí, siguiendo con lo que se cita en el libro: “Más allá de los resultados que el estudio pudiera aportar, que como se verá están en cierto modo condicionados, la mayor valoración que damos a esta primera experiencia es la posibilidad de sentar las bases para la realización de futuros estudios, con elementos para una discusión metodológica acerca de las herramientas más adecuadas para medir el impacto del diseño, no sólo en la industria, sino también en comercio y servicios y en cualquier actividad donde pudiera insertarse”.

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