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Sábado, 25 de septiembre de 2010

Futuros posibles

La Bienal Brasileira de Design abrió sus puertas la semana pasada en Curitiba, con los temas de innovación y sustentabilidad. Un mapeo de las mejores soluciones en las nueve muestras de la ciudad.

 Por Luján Cambariere

”El futuro es hoy”, ya se le escuchaba decir desde hace un tiempo a la queridísima y admirada Adelia Borges, periodista, directora del Museu Da Casa Brasileira y hoy flamante curadora del evento más importante de la región: la Bienal Brasileira de Design 2010. Su afirmación, ya en ese entonces, tenía que ver con lo que pasa en su país, pero también con creérselo. Con empezar a guiarnos de una vez y para siempre con el mapa (invertido) de Joaquín Torres-García, donde el Norte es el Sur, dejando de lado esa tortícolis intelectual (concepto que también repite Adelia desde hace tiempo) que a los pueblos colonizados nos hace mirar lo que pasa en otro lugar.

Hoy los ojos del mundo miran a Brasil. América latina tiene el color, el ritmo, la frescura, pero fundamentalmente, los más importantes patrimonios ambientales del planeta y las mejores soluciones, esas que nacen de la necesidad. Por eso no es casual que el tema del encuentro sea una innovación que rime con la sustentabilidad y que se desarrolle (hasta el 31 de octubre) en Curitiba, ciudad ejemplo en muchos aspectos de estas cuestiones, organizada por el inquieto Centro de Design Paraná y la Federación de las Industrias del Estadi (Fiep), por medio del Centro Internacional de Innovación (C2i).

CARNAVAL

“La celebración del mejor momento del diseño brasilero”, arranca Borges en el catálogo. Y ahí mismo se despacha con las premisas que la guiaron en esta labor, una de las más trascendentales de su carrera y que, si analizamos a la vista de nuestra realidad local, hacen que aquí las cosas no sucedan lamentablemente con esa continuidad, cohesión y trascendencia, a pesar del buen diseño argentino.

“Nuestro trabajo procuró, antes que cualquier cosa, dar continuidad a las conquistas logradas en 2006 y 2008 con la curaduría de Fábio Magalhaes. Con los caminos ya abiertos, pudimos proseguir y buscar su evolución en dos puntos principales. Primero, ya consolidada, podía aumentar su contribución a la sociedad a través de un tema a profundizar. Segundo, en vez de concentrar en un único lugar, la bienal podría distribuirse por diferentes instituciones de la ciudad para ir al encuentro de las personas”, democratizar que de eso se trata el diseño. Confirmado el tema y la expansión de los límites del propio evento, continúa Borges, quedaba garantizar otra cuestión básica para ellos (y donde lamentablemente también hacemos agua nosotros): la geográfica de los proyectos. Una cuestión que lograron a través de curadores que mapearon su vasto país.

Eso sí, y aquí otro interesante plus, antes de siquiera poder ser tenidos en cuenta, los interesados debían completar un cuestionario realizado en colaboración con dos de los más reconocidos especialistas en el tema que actuaron como consultores de la curaduría –Cyntia Malaguti y Fernando Mascaro– con el fin de monitorear todo el ciclo del producto. Haciendo primero hincapié en el material (cuál usa, si usa materias primas recicladas y reciclables, fuentes renovables de recursos), en el proceso (técnicas productivas, distancias entre los insumos y el local de producción, transporte y almacenamiento, la logística de reversa –qué hacer cuando su producto deja de ser usado–) y quizás el menos obvio y más interesante, la actitud. Si el producto en cuestión promueve la conciencia ecológica, proporciona conexión emocional con sus usuarios y la relación humana entre distintos grupos e insta a nuevos padrones de consumo y valores de vida. Cuestiones estas últimas que apuntan, como remarcara Aguinaldo dos Santos, profesor de la Universidad de Paraná, a un consumo “suficiente” más que “eficiente”. Apuntando sobre todo a destacar la existencia de objetos que proporcionen una conexión emocional con sus usuarios para ser cuidados, preservados y mantenidos. Y, por supuesto, que tengan lo que ellos definen como “impacto sensorial”. “El universo de proyectos presentados demuestra que el diseño sustentable no precisa ni debe rimar con una visual pobre o el estigma de lo alternativo. En nuestra selección privilegiamos las soluciones inteligentes y estimulantes que hablen también de nuestro deseo. Intentamos combinar el bajo impacto ambiental con el alto impacto sensorial”, remata Borges.

Así, en el pabellón central de la bienal bajo el marco Design, Innovación y Sustentabilidad en el edificio del FIEP-Cietep dan el presente más de 250 proyectos de 22 de los 25 estados brasileños entre productos, diseño de servicios, gráfica y embalajes, agrupados no por especialidades como suele suceder, sino por núcleos temáticos. En la entrada al amplísimo espacio, recibe un rutilante “Menos”, dedicado a proyectos marcados por la reducción de materia prima y procesos. Un “menos” que, como explicara deliciosamente Borges en una recorrida que realizó especialmente en la inauguración, no va acompañado del “más”. Es un menos a secas. “Ellos van a contracorriente del deseo infantil que tenemos por más, siempre más, un agujero sin fondo, y de lo cantado por nuestro poeta Caetano (quién otro que Veloso), ‘Muito é muito pouco’. Ellos nos sugieren una nueva postura de vida en que ‘menos’ no está asociado a pérdida ni necesita ir siempre acompañado del más. Podríamos proponer que ‘menos es mejor’. Pero vamos a asumir: menos, punto”, remata.

¿Ejemplos? Recortes, el trabajo de Renata Meirelles, que aprovecha el ciento por ciento de los tejidos que emplea gracias al corte láser, le permite usar el negativo, la sobra de los cortes, para realizar otros productos, y a partir de 57 patrones gráficos hace chales, collares y divisores de ambientes.

Derecho de ir y venir se ocupa de la contribución del diseño a la cuestión de la movilidad, y ahí es bien interesante el Móbile Store de la agencia Curitiba de Desarrollo, un carrito que troca en puesto callejero y funciona tanto a pedal como a motor eléctrico, o el Rikke Pon-E de Prospera Comercial (Rodrigo Bruhn, Gildo Beleski Jr., Luciano Araújo y Osorio Trentini), una invención brasileña con patente mundial que inaugura un segmento de transporte individual ultra liviano. Una especie de patineta motorizada pero con los pies colocados lado a lado y no uno frente al otro, también eléctrico.

En Gota a gota reúnen proyectos relacionados con el consumo de agua, como varios lavarropas y canillas que, lejos de la idea o prototipo, son productos que se encuentran ya en los comercios del país.

Liga-desliga (enciende-apaga) apunta al consumo de energía con turbinas eólicas como la Batuíra, de Ronaldo Alves y Pedro Da Silva Alves, realizadas en fibra de coco y resinas biológicas: luminarias varias con leds; unas muy divertidas, las Ledegeggs Light, en cáscara de huevo de Iddesign y los famosos Critters de Chico Bicalho e Isabella Torcuato, delicias mecánicas que funcionan a cuerda y ya coparon las tiendas de museos de todo el mundo.

A qué será que se destina, que ahonda en el uso de residuos o descartes para su transformación, palabra clave de este sector. Y muestra desde las colecciones de exquisitas joyas en pet de Mana Bernardes, con esa frase tan bella que siempre acompaña sus piezas (“el poder de transformación es la joya del ser humano”), hasta las de Tiana Santos. Los bolsos Farta de Nara Guichon realizados con redes de pesca. Los bancos Caipiras de Carlos Simas, de Minas Gerais, hechos en peroba rosa de demolición que recuperan el lenguaje cultura de una región y están hechos sin clavos, cola, simplemente con encastres. Ladrillos realizados con tierra cruda y descarte de papel Kraft por Marcio Buson, ideal por su modo de fabricación a través de una prensa manual para viviendas de bajo costo. Y el ventilador de techo Inventus, de Ado Azevedo, realizado en un noventa por ciento con packs de crema dental y refuerzo metálico y pintura al agua.

Prata da casa se despacha con un lujo local, el empleo de sus ricos y diversos materiales naturales. Desde cuero vegetal, pasando por todo tipo de semillas, fibra de banana a bambú. En ese espacio resultan, como siempre, las bellas propuestas coordinadas por Heloísa Crocco, en este caso en capim dorado por un grupo de artesanos de Tocatins. También los sillones Scoppo de Uia Eco Design en fibra de banana, las bandejas Guaraná hechas con Tucuma, palmera de la región amazónica de color negro con amarillo o muirapiranga, árbol color rojo intenso parecido al palo brasil. Un apartado especial dentro del sector le dedican al bambú, material ecológico por excelencia por la velocidad de crecimiento y gran rendimiento, campeón de captación del carbono neutro con diseños de escritorios escolares por una pionera en el design sustentable de Brasil, Bernadete Brandao, de Uia Eco Design, una bicicleta (la Chico de Bruno Temer, que se adapta de 2 a 10 años) y hasta anteojos de Lucio Ventania, promotor del material en Brasil. Además de la colección Blow Up de revistero, frutera y mesa de apoyo de los archifamosos Hermanos Campana para Alessi.

Mientras que con “Dime de dónde vienes”, se apuesta a la cuestión de la certificación de origen, básicamente con propuestas en maderas certificadas por el FSC, como las emblemáticas cajas Aver de Etel Carmona con maderas que vienen de la primera plantación de propiedad comunitaria que recibió el sello en el país. Se trata de Xapuri en Acre, el lugar donde Chico Mendes peleara por estas cuestiones de preservación.

Vitrina destaca la comunicación de la sustentabilidad, agente fundamental no sólo por el uso y abuso que hacen los diseñadores gráficos de algunos insumos sino por el rol fundamental que tienen como generadores de conciencia. Lindo, aquí, el proyecto de Carlos Simas, que capta imágenes de las copas de los árboles desde su reserva en Minas Gerais, las trabaja y desarrolla patrones para impresiones digitales sobre tejidos como instrumento de comunicación ambiental. Y las propuestas de la agencia Mundo Media Natural, que emplea hojas secas caídas de las calles de Río de Janeiro que reciben inscripciones por medio de corte láser para sus campañas.

Bajo el lema “Nuevas y viejas actitudes”, se dan cita desde el Favo verde de Eduardo Queiróz, unas placas trapezoidales que forman hexágonos de 15 cm de profundidad para plantar hortalizas, frutas o flores en jardines verticales u horizontales (el panel-colmena hecho en fibra de coco funguicida natural); el reciclador de aceite de cocina Reciprátik de Bertussi y los Furoshiki de Sofía Nanka Kamatani, técnica de anudar original de Japón, reeditada por ella para transformar un pedazo de tela en mil versiones.

Por último, el espacio dedicado al diseño “Para una vida mejor” muestra varias propuestas, como la de una cuna para recién nacidos en situación de emergencia de Paulo Pelá, y en “Originalidade”, el acento puesto en reemplazar algunos materiales provenientes del petróleo por otros de fuentes renovables de recursos naturales, como los bioplásticos o plásticos verdes. Tal el caso de la Cesta Organic de Cristina Zatti para Coza en Solanyl, biopolímero compuesto de almidón de batata, y las hermosas Ultragirl de Melissa, un básico del guardarropas brasileño, compuesta en un treinta por ciento de plástico reciclado.

Completan la gran apuesta de esta bienal otras ocho muestras. Entre ellas, Design Urbano: Una Trayectoria, sobre el arquitecto y urbanista Jaime Lerner, en el Memorial de Curitiba; Sustentabilidade: E eu com isso?, que expone el trabajo de 20 profesionales ya reconocidos y 10 jóvenes estudiantes que hicieron carteles para crear conciencia curados por André Stolarski y Rico Lins, expuestos en el Jardín Botánico. También hay varios espacios dedicados a la memoria, como Primórdios de uma ideia, donde Freddy Van Camp e Ivens Fontoura recuperan la historia de las primeras bienales realizadas en Brasil, y Memoria del Design en Paraná, en la Universidad Positivo, entre otras. Mención aparte (y a la que le dedicaremos un espacio especial próximamente), por su belleza y originalidad, merece la muestra La Reinvención de la Materia, un exquisito repaso por los innumerables materiales naturales brasileños como fibra de banana, burití, coco, caucho vegetal extraído del Amazonas, cuero de peces, semillas y plantas como el curauá. Emplazada en el edificio colosal del más osado y talentoso arquitecto brasileño: el Museo Oscar Niemeyer.

En sintonía con Torres-García, o mejor dicho con su mapa invertido, Borges aclara que la nueva geopolítica altera la correlación de fuerzas que convertían a los países desarrollados del hemisferio Norte tan dominantes en relación con el resto del mundo. “En un momento de crisis de la economía global, países como Brasil tienen mucho que enseñar. Por eso queremos que esta bienal sea una caja de resonancia de caminos posibles dentro de una cuestión en construcción”, remata.

www.bienalbrasileiradedesign.com.br

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