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Sábado, 30 de mayo de 2015

Una clausura en el microestadio

Los vecinos de Once, reunidos en Manzana 66, lograron clausurar la manzana donde se quiere hacer un estadio para 18.000 personas. Un paso más para frenar una obra de enorme y negativo impacto urbano.

 Por Sergio Kiernan

Vista la flexibilidad del PRO a la hora de dar permisos –ver contratapa por un caso ejemplar–, no extraña que el actual gobierno porteño haya permitido la idea de hacer un miniestadio en Once. Cualquier mirada seria sobre el cruce de Jujuy y Belgrano hubiera hecho rechazar la idea, o al menos hacer y publicar un serio estudio de impacto, ambiental y social. También se debería haber debatido el asunto con los vecinos, escuchar sus inquietudes y preparar medidas para moderar el impacto. Pero nada de esto se hizo porque la historia es más simple: alguien consiguió demoler una manzana entera en un lugar deseable y a ese alguien se le ocurrió un negocio. Bastó con eso para que se le diera luz verde.

Pero resulta que los vecinos de esta Buenos Aires ya no se quedan quietos ante estas prepotencias, que antes se hacían sin más vueltas. Los vecinos de la manzana de Jujuy, Belgrano, Catamarca y Moreno se movilizaron, hicieron sus propios estudios de impacto ambiental, consiguieron un nivel realmente notable de apoyos a su causa y hasta le encontraron un nombre al movimiento digno de la Europa oriental de la era soviética. Manzana 66 es el número de catastro del lugar pero, ilustrado con una manzanita verde, es también la idea de qué hacer con el supuesto miniestadio, un espacio verde, una manzana verde en un barrio agobiado y sin parques.

Los de Manzana 66 se acaban de ganar un lugar de honor en la movilización contra los abusos urbanos al lograr la clausura de las obras del lugar. Sucede que no se estaba construyendo el miniestadio, demorado por la fuerte presión vecinal, pero sí una cancha de fútbol. Lo que se olvidaron los dueños fue de conseguir los permisos de obra, con lo que los vecinos lograron lo que se ve en la foto, funcionarios de la Ciudad poniendo las fajas de clausura.

En la base de este lío está la poca preocupación del macrismo en crear cosas perdurables para la ciudad. Esta manzana debería haber sido comprada sin más vueltas por la municipalidad para hacer una plaza, de modo de subir el número de metros verdes de la ciudad, que siguen disminuyendo, aunque se cuenten como verdes espacios simplemente abiertos, aunque pavimentados. La pereza, el desinterés o la simple falta de imaginación del macrismo por estos temas impidió esta solución positiva, con lo que quedamos con un proyecto privado particularmente molesto que arrancó en 2011 con desalojos y cierres de comercios, y la demolición interna de los edificios que los alojaban. De paso, estas demoliciones se hicieron sin la menor traba oficial, pese a que varios eran anteriores a 1941. En un caso, un edificio que sí estaba en el catálogo preventivo fue “reconsiderado” por el CAAP, que le retiró la protección para que lo destruyeran.

La manzana en cuestión está en una zona residencial, de alturas relativamente bajas, a cuatro cuadras de Plaza Once, con un tránsito bastante abrumador y una alta densidad urbana. Un microestadio con capacidad para 18.000 personas crearía picos de transporte de difícil solución, una saturación de coches tirados por todas partes, y un nivel de ruido insoportable, especialmente porque el lugar se usaría para recitales.

Los vecinos, como cuentan ellos mismos, fueron aprendiendo a organizarse, hicieron experiencias con otros grupos que ya existían y les transmitieron técnicas legales para frenar las obras, y terminaron logrando un amplio abanico de adhesiones políticas, partidarias, de sindicatos y hasta de centros de estudiantes de los colegios cercanos. Entre otras cosas, lograron reunir las evidencias de que se iba a hacer un estadio, algo necesario porque hasta el mismo Mauricio Macri había negado que alguien hubiera pedido algún permiso. Los de Manzana 66 hasta encontraron al “socio musical”, una productora local, hablando de sus proyectos en el lugar con la revista Rolling Stone.

De esta movilización también surgió el proyecto de ley 1992 presentado el año pasado para declarar de utilidad pública la manzana y crear una plaza. Que es exactamente lo que tendrían que haber hecho desde el principio...

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