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Sábado, 15 de octubre de 2016

Miradas descolonizadas

Reportaje exclusivo a Marcelo Rosenbaum, referente brasileño en diseño esencial, invitado del encuentro internacional sobre Ciudades Creativas.

 Por Luján Cambariere

De la nueva generación de diseñadores con conciencia social, Marcelo Rosenbaum es de los que más suenan porque además de tener proyectos muy prestigiosos, es famoso en su Brasil, por ser “el diseñador de la tele”, el que hizo programas famosos volcados a democratizar y popularizar su disciplina.

Al frente de un estudio de arquitectura, diseño e innovación que desarrolla desde hace años la metodología del diseño esencial, es el creador del Instituto A Gente Transforma, una iniciativa que actúa en comunidades del Brasil profundo a través de poner en valor saberes ancestrales como la artesanía, en maravillosas experiencias como Varzea Queimada en la región de Piauí o recientemente con los indios Yawanawás del Amazonas.

Invitado a participar del encuentro internacional sobre Ciudades Creativas, volvió a Buenos Aires después de diez años. Las señas particulares del trabajo que Rosenbaum presentó este miércoles tienen que ver con “descolonizar la mirada” y “prototipar nuevas formas de vida”.

–¿Quiénes fueron sus maestros en cuanto al diseño como herramienta de transformación?

–Siempre fui un apasionado por la artesanía y la cultura popular brasileñas. Aunque empecé de algún modo a la inversa, por otros caminos. Maestros inspiradores fueron muchos. Tuve una gran maestra en Janete Costa, que decía que la muñeca de trapo era su muñeca, a pesar de venir de la elite. Ella tenía bien integrada la artesanía en su vida y fue muy importante para echar luz sobre estos grandes maestros para todo el pueblo brasileño. Una gran formadora de opinión que estimulaba el coleccionismo. Tampoco puede olvidarse a la gran Lina Bo Bardi.

–¿Cómo llega a estos saberes?

–Yo me formé en arquitectura. Al principio, haciendo muchos espacios comerciales pero siempre desde una mirada que apuntaba al ser humano. Esos espacios los organizaba como en una novela, en base a los núcleos donde las personas se encuentran. Porque las personas se organizan en las sociedades a través de símbolos. Entonces empecé a trabajar desde ese concepto en los locales de las marcas y me fue muy bien porque interpretaba esos núcleos. Para mí eran como envases para contener a distintos tipos de personas. Después vino el trabajo en la televisión que me dio mucha visibilidad y lo tomé como una herramienta para finalmente hacer lo que verdaderamente quería, que es lo que hago hoy en día. Primero porque me tocó representar a un grupo profesional que por primera vez llegaba a la TV, que en Brasil significa muchísimo socialmente porque la gente no tendrá para comer pero tiene una televisión. Y después porque lo hacía desde una mirada particular. Hacía un programa donde mostraba la transformación de las casas, con dignidad, desde la identidad de la persona. Yo hacía nuevos espacios pero donde la persona se reconociera en cuanto a su ser. Hasta que llegó el momento donde vi el potencial que tenía mi abordaje y entonces comencé a investigar mucho a los maestros artesanos, los que tenían esos saberes. Comencé a aprender de esos grandes maestros que están conectados con la naturaleza, la espiritualidad, los ciclos de la vida. De alguna forma eso tuvo que ver con un proceso de transformación muy grande en mí. Me hizo preguntarme al servicio de qué debía poner lo que yo consideraba que era mi don. Cómo podía disminuir en algo esas diferencias a partir de algo que yo conozco y amo. Sobre todo porque yo sentía y siento que ellos me ayudan a mi. Fue un gran despertar.

–Grandes intercambios…

–Soy yo el que más aprende, por eso no creo en la capacitación del artesanato, porque esos espacios son universidades de saberes. Son espacios llenos de amor, relaciones humanas más positivas y muchos saberes. Tampoco creo en la pobreza, para mi no existe. La gente se separó de la naturaleza, esa es la pobreza.

–¿Cómo actúa ahí el diseño?

–Para mi el diseño es una herramienta de transformación, de formas nuevas de relacionarse. Lo uso como proceso, como un organismo vivo, que es movimiento y no tiene fin, una forma de prototipar una nueva forma de vida. Tenemos un nuevo mundo enfrente que debemos prototipar. Nunca hubo tanta gente en el mundo como hoy que necesite de tantos recursos naturales. Se impone experimentar nuevas formas porque las pasadas ya vimos que no funcionaron. Mi forma pasa por conectarme con lo ancestral, con la espiritualidad, a partir de estos saberes, de honrar la tierra.

–¿Sensibilidad, empatía? ¿Se nace con ella o se puede incorporar?

–Pienso que hay varias formas. Uno puede incorporar esa sensibilidad, ese don, que creo que es la intuición. Yo siempre la tuve, porque cuando hacía los locales vendían más y hablo de los años 80 donde aún no se hablaba de este movimiento en pos de la experiencia. Hoy este despertar creo que lo pueden vivir todos a partir de un modo de mirar y escuchar diferente. Es una nueva forma de ver.

–Lo importante es el modo de mirar…

–Todo parte para mí de descolonizar la mirada. Se dice que Brasil fue descubierto, una gran mentira ya que fuimos colonizados, como sabe cualquier latino. Somos pura mezcla, en el caso de Brasil de la matriz africana, la indígena y la portuguesa. Por eso pienso que esa descolonización de la mirada es un proceso muy importante. Y por eso no trabajo en las comunidades solamente para generar ganancia o empleo, sino un modo más amplio de transformación. A partir de que se despierten y honren esos saberes ancestrales, que repercuten en la valorización y autoestima de las personas que inmediatamente comienzan a oportunizar otras cuestiones. Estimulando la música, la alimentación, el hábitat.

–Con esta experiencia, ¿cuál es el rol del proyectista?

–Como me formé en la facultad siempre me coloco en el lugar de estudiante. Yo estoy siempre aprendiendo. Soy un provocador en todos los ámbitos de mi vida y eso hace que sea un facilitador. Creo que mi función es tender puentes. Si sólo pensamos en generar dinero inmediato, la artesanía se transforma en un souvenir. Y ahí de nuevo depende de una empresa que compre ese producto y la dependencia es eterna. De nuevo es pura colonización. Por el contrario, pienso que cuando se trabaja en comunidades debe darse un encuentro, un intercambio, autonomía. Hay que mirar para atrás, respetar la naturaleza. Si vemos a la artesanía como una forma de resolver el deseo de una minoría, morimos. Tenemos que ir abiertos, sin expectativas.

–¿Cuál es el máximo aporte que un diseñador puede hacer?

–La provocación. Pienso que existe una vocación en cada ser humano, que la persona debe conectarse con esa vocación y ahí todo sucede. En esos contextos se debe ser un diseñador invisible al servicio de la humanidad.

–¿Cómo se provoca?

–Para sustentar lo que hago tengo una metodología, una forma, una guía, que pasa por escuchar. En el amor, en un abrazo, en ir al encuentro vacío. Abierto. Puede fallar, pero así se van dando nuevas formas que además puedan tener continuidad.

–¿Cuál es la mejor definición del diseño?

–A todo lo que le damos un nombre lo limitamos. Esta es siempre la cuestión... pero las personas necesitan definir. Para mí, diseño es un laboratorio continuo. Estoy experimentando siempre nuevas formas de hacer sin desmerecer a ninguna otra. Algo en lo que creo hoy esto de descolonizar la mirada.

–¿Qué es esencial?

–Lo que no es accesorio. Aquello que es útil y accesible para un mayor número de personas. Para nosotros, lo esencial está en objetos con una función e historia, manteniendo el diseño al servicio de las personas. Como herramienta de transformación. Todos nuestros proyectos parten de la perspectiva de un otro, sea un individuo, una familia o una comunidad. Sumergidos en la realidad do otro es que logramos tener nuevos puntos de vista y que nos reconectamos con lo que es esencial.

Diseño no es un objeto nuevo, es un catalizador para que re-diseñemos un nuevo mundo.

–Hay una frase muy buena de colegas brasileñas que hablan de intervenir sin herir...

–Se hace mirándote a vos mismo y preguntándote cómo te gustaría ser escuchado. Aceptando tu individualidad, la diferencia. La belleza del mundo está en la diversidad. Cuando se dice que fuimos descubiertos, se ignora todo lo que había antes, una riqueza de 30 mil años. Existíamos en nuestro continente con muchos saberes. Nunca debemos olvidar ni renunciar a eso.

–Quién colabora más en los proyectos: el estado, las empresas, la gente…

–Hoy está complicado. Brasil también está muy atrasado porque pocas cosas tienen continuidad. Pero hoy es a través de la comunicación que es super trascendente para generar conciencia cuando las empresas y la gente comienzan a involucrarse.

–¿Este trabajo lo hace más feliz?

–Por supuesto. Yo no heredé ni tengo una fortuna, pero siento que encontré cual es mi misión en la tierra y eso me trae una tranquilidad y felicidad enorme. El instituto Transforma vehiculiza todo mi hacer. Es un movimiento que tiene muchas ramificaciones. Antes dirigía una oficina que hacía arquitectura, decoración y diseño y cuando podía, realizaba proyectos de responsabilidad social. Hoy mi oficina es un estudio de diseño esencial, donde puedo aplicar mi metodología y donde todo lo que realizo tiene que ver con esta filosofía. Tengo un curso de extensión en la universidad de Bellas Artes de San Pablo para enseñar este abordaje, forma de mirar. Este diseño que trasciende el objeto.

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