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Sábado, 9 de julio de 2005

Eduardo Sacriste, cien años después

 Por Matías Gigli


Dos años después de la visita de Le Corbusier a Buenos Aires (1929), Eduardo Sacriste (1905-1999) se recibió de arquitecto. Con las ideas todavía resonando en torno de lo que significaba la arquitectura moderna, Sacriste comenzó su vida profesional. En la década del treinta, en Buenos Aires se proyectaban casas de rentas con mansardas y los Vilar ganaban el concurso del Banco Popular, todavía lejos de las casas racionaliastas que los distinguirían años después. La valoración a Sacriste toma así dimensión cuando nos acordamos de dónde partió y hasta dónde llegó.

Sacriste hizo escuela con lo pequeño, con la sucesión de casas unifamiliares, con la docencia y con un par de libros que aún siguen vigentes, uno de los cuales es el gran clásico para introducirse a la profesión, las Charlas a principiantes de 1961 y recientemente reeditado.

El arquitecto proyectó pensando tanto en la funcionalidad como en la integración con una geografía y un clima particulares. Rescatemos hoy el proyecto en Tafí del Valle para la familia Torres Posse, cuyos planos y alzada ilustran esta nota. El proyecto data de finales de la década del cincuenta, en concordancia con la apertura pluralista que Le Corbusier promovió con el proyecto para la casa Errázuriz en Chile. Sacriste organizó una arquitectura permeable a las variables del lugar. Desde la elección del sitio de emplazamiento, exactamente sobre una antigua plataforma plana de piedra, resto arqueológico precolombino, hasta el uso intensivo de la piedra como elemento destacado.

Su compromiso con el lugar no lo inhibió de su libertad, y así innovó en la forma constructiva de materializar las paredes, para lo cual montó desde el interior un encofrado de madera y obtuvo una pared plana del lado interior y rústica del exterior. La cubierta se materializó con una losa plana a la que luego incorporó un manto de tierra para mitigar la transmisión de calor.

La casa se desarrolló en dos volúmenes girados a 135 grados de tal manera que el espacio exterior contiene los vientos del sur. Uno de los volúmenes es de sólo una planta y el otro de dos. Como están asentados a distinta cota, la losa plana los unifica en altura. Interiormente, se dispusieron las áreas comunes y el dormitorio principal en planta baja, y la planta alta consta de una sucesión de cuchetas para disponer cinco camas. Orientada norte sur, la casa tiene pequeños vanos calados en el muro de piedra de tal modo que enmarcan distintas visuales del paisaje.

Es bueno rescatar que la búsqueda de Sacriste se focalizó en encontrar respuestas a cuestiones dadas y no a buscar una originalidad fundada simplemente en el camino a lo novedoso. Maestro del razonamiento lógico y sencillo de las cosas, las casas que proyectó tanto en la ciudad como en el campo son buenos ejemplos de una arquitectura sin estridencias ni pretensiones desmedidas.

Este año, este arquitecto de la primera generación moderna de nuestro país hubiera cumplido cien años. Protagonista de la edad dorada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Tucumán, fue del puñado de arquitectos argentinos a los que les tocó presenciar el cambio y elaborar a su manera nuestra arquitectura.

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