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Jueves, 8 de abril de 2004

LA POLEMICA SOBRE LOS EFECTOS DEL EXTASIS

Palabras cruzadas

En setiembre de 2002, la prestigiosa revista Science aseguró que una dosis podía provocar Mal de Parkinson (“voy a quedar como Alí” ¿no?). Un año después, debió retractarse porque una muestra usada para la investigación... no era de éxtasis. Ahora, todos discuten.

 Por Mariano Blejman

También el éxtasis es considerado un camino de ida: pero no se sabe hacia dónde. Por primera vez, en febrero pasado el gobierno de Estados Unidos le permitió al doctor Michael Mithoefer obtener éxtasis legalmente para un estudio sobre su potencial uso terapéutico en el tratamiento de “desorden post traumático por el stress”, PSTD en inglés. Los científicos creen que la droga ayudará a los pacientes a hablar abiertamente de las experiencias “que los aterran”. Es el primer estudio “legal” de este tipo en Estados Unidos y probablemente sentará jurisprudencia en el resto del mundo. El estudio científico sobre el éxtasis desenmascaró a un médico ecuatoriano que fue capaz de embaucar a todo el establishment científico por un puñado de dólares, con el apoyo de algunos organismos de Estados Unidos.
Todo comenzó en septiembre de 2003 cuando la prestigiosa revista Science debió publicar una retractación de un estudio del ecuatoriano George Ricaurte, perteneciente al grupo de científicos de Johns Hopkins: es que se descubrió que uno de los envases usados para un experimento no tenía éxtasis... Era metamphetamina, un conocido excitador. La mezcla corrompió el resultado de un estudio publicado en la revista, exactamente un año antes, que anunció que una simple dosis de éxtasis podía ser tan dañina para provocar Mal de Parkinson. Desde que se supo que las pruebas no habían sido válidas se armó el escándalo: el periódico británico Nature llamó al incidente “uno de los más bizarros acontecimientos en la historia de la investigación sobre drogas”. La representante del área de investigación médica de Gran Bretaña, Colin Blakemore, pidió abiertamente una revisión independiente y los estudios comenzaron a revisarse, mientras el diario New York Times acusaba a Ricaurte de ser el padre de una investigación alarmista.
La droga que estalló a fines del ‘84 como elixir mágico y barrió a los Estados Unidos prometiendo aliviar dolencias emocionales, fue censurada rápidamente por los organismos de control. Y Ricaurte fue uno de los principales críticos del uso del éxtasis. En 2001 le había dicho al semanario gratuito Village Voice: “Todos en el campo científico aceptan que la MDMA –así se la conoce científicamente– es neurotóxica”. Su convicción lo hizo conocido. Pero los críticos dicen que la ciencia es algo más que convencer a la prensa. En su momento, el informe de Ricaurte en Science fue revelador. Después de probar dosis de éxtasis en monos, se veía cómo se destruía un 80 por ciento de las neuronas de sus cerebros. La divulgación fue exitosa, los diarios del mundo informaron el hallazgo. Pero Blakemore, del área de investigaciones británica, estaba segura que “la prensa desinformó deliberadamente. No había evidencia del daño. Además, la investigación decía que el 20 por ciento de los monos había muerto, mientras que otro 20 por ciento se enfermó. Pero no hay miles de personas muriendo por éxtasis cada fin de semana”, razona Blakemore.
Blakemore está convencida de que fue una campaña. La investigadora le envió una carta al editor de Science Donald Kennedy, diciendo que la mentira era demasiado radical. La publicación respondió que había pasado los rigurosos sistemas de testeo editorial. Oh casualidad, semanas después, un testigo invocó el estudio en el debate por una nueva ley que terminó permitiendo el procesamiento a los dueños de los locales y los promotores del uso de las drogas. Esa ley fue usada por los agentes federales para endurecer las penalidades hacia otras drogas y detener el debate en torno de los proyectos de ley relacionados con la legalización de la marihuana. Unas semanas atrás, la ley fue usada para cerrar el club nocturno Sound Factory en Manhattan, Nueva York. Sin embargo, en Suiza, la Corte Suprema de Justicia decidió considerar al éxtasis como una droga liviana. En Suiza, siempre las cosas parecen verse distinto.

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