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Jueves, 22 de abril de 2004

LOS AUTENTICOS DECADENTES POR ELLOS MISMOS: 12 GRANDES EXITOS

Obras maestras

Según Jorge Serrano, uno de ellos, son “trabajadores de la alegría”. Pero, más importante, son los autores e intérpretes de varias de las grandes canciones pop argentinas de los últimos quince años. Con ustedes, Los Auténticos Decadentes repasando su propio bestiario: el de los personajes y situaciones que alimentaron sus canciones. El sábado en Obras, el resto.


(Loco) Tu forma de ser


El cantante conoce a una chica tan bardera que sus propios amigos le huyen, pero igualmente se vuelve loco por ella. Y termina de enamorarse cuando le rompe el pingüino y el sifón.
Jorge Serrano: La compuse en un momento en que estaba solo, sin pareja. No es por alguien en especial sino una mujer idealizada, que me imaginé que conocería en algún momento. Es como una expresión de deseos, una invocación a que pasara eso. Y al poco tiempo conocí a mi mujer, que encaja bastante en esa personalidad. Tiene que ver un poco con que uno valora la singularidad de la persona que querés: los amigos se van, pero vos ves algo especial en esa persona que aparentemente es un bardo. Y eso mismo es lo que te atrae.
Animal: Lo más grosso de la canción es cuando dice “me tiraste el pingüino”. Eso me hace acordar mucho de El Bar del Ñato, que quedaba al lado de la casa donde ensayábamos, donde te servían el vino en pingüinos.
La Mosca Lorenzo: Yo tengo tres pingüinos. Me los pasó una señora como de 80 años, que se enteró de que era de los Decadentes y me los mandó.
Guillermo Capanga Eijó: En Internet está el “Club del Pingüino”; los tipos son coleccionistas que se reúnen una vez cada tanto.
La Mosca: Sí, el presidente de las reuniones es Kirchner.

La bebida, el juego y las mujeres
Un “viejito calavera” se gasta la plata en un cabaret y comparte su filosofía de vida: la diversión. Si la trilogía del título te lleva al infierno, lo mejor es llegar contento.
Jorge: Estaba en un sauna y había un viejito con la toalla atada a la cintura, re contento, invitaba tragos a todo el mundo. Me imaginé que venía del hipódromo, que había ganado una guita. Pero eso fue hace mucho, era soltero, no tenía novia... (risas).
Nito: Me acuerdo de que en la barra que paraba en El Bar del Ñato había un par que iban de un bar a otro, de ahí al sauna y de ahí al cabaret. Nosotros teníamos 20 años y ellos andaban por los 50, pero eran de rotation permanente, no paraban nunca.
Animal: Eran de darle mucho al chupi. Se iban a pescar y llevaban 50 litros de vino para un fin de semana largo, pero el último día iban a comprar 10 más porque se habían quedado cortos. Hay que aguantar tantos años en la ruta... Debe haber un par que ya están en el cielo.
Jorge: Y un par que debe estar en el infierno... (risas).
Nito: Pero, los que quedan, deben seguir yendo al sauna... Y pensar que ésa fue nuestra escuela: ahí aprendimos de la vida.

La pizza con fainá
Un galán de barrio medio grasún ofrece su romanticismo y el intento de controlar su machismo. Y termina pidiéndole a la dueña de su amor que traiga a sus hermanas para poner un cabaret.
Jorge: Ese sería yo, está en primera persona. Es como me imaginaba que era yo: medio grasa y medio no.
Nito: Hay una figura de galán de barrio, el tipo más ganador. Nosotros somos más patos.
Diego: Somos de barrio, pero no somos galanes.
Capanga: Somos más perdedores.
Animal: Eramos reboteros, agarrábamos lo que dejaba el más lindo. Estaba bueno salir con alguno que tenía pinta, porque lo que desechaba ése, eso lo mordíamos nosotros. Pero el problema era que no teníamos muchos amigos lindos, tampoco.
Capanga: Siempre fuimos trabajadores.
Nito: El único que ahora es fachero es Cucho (risas).

Auténtica
Siga, siga, siga el barrio: ahora es el turno de una chica que toma mate en el cordón de la vereda, capaz de enamorarse de un grasa, de no traicionar y de perdonar las agachadas.

Jorge: Esa canción la hice el mismo día que La pizza con fainá. Estaba viviendo en Estados Unidos y la banda estaba acá. Me escribieron una carta y me empecé a acordar de la Argentina, e hice esos dos temas que tienen mucho de porteño. La chica de la canción es de barrio, común. La canción les gusta a las chicas, porque habla de la simpleza. Y fue escrita desde la nostalgia. Con Dani (Zimbello) estuvimos un año y medio allá, hasta que ellos nos escribieron diciendo que iban a grabar un disco.
La Mosca: Cuando volvieron, teníamos cuatro guitarras, porque Nito pasó del bajo a la guitarra y entraron Pablo (Armesto) y Diego. Pero después Dani dijo que quería tocar el trombón. Ayer me contaba que cuando fue por primera vez al profesor le dijo: “Explicame cómo se arma porque tengo que tocar mañana”.
Nito: Capanga hizo algo parecido, debutó como trompetista el día que se compró la trompeta.
Capanga: Fui a comprarla con Nito y con Gastón, y no pude hacerla sonar. El tipo vendía dos y me decía: “Fijate, probala”. Pero qué iba a probar...

El payaso maldito

Una de terror: te dejan un paquete en la puerta de tu casa, lo abrís y es un muñeco que cobra vida y... ¡mejor salí corriendo!
Nito: Está inspirada en Chucky, pero es sobre los muñecos de terror en general. Es un miedo infantil recurrente.
Pablo Armesto: Yo tenía un velador del payaso Firulete y cada vez que mi vieja lo prendía, me cagaba en las patas.
Animal: A Cucho le gustaba mucho Chucky en esa época. Y también a nuestro saxofonista anterior, que era el compañero de pieza de Cucho en las giras. A él le gustaban las películas viejísimas, malas y de terror.
La Mosca: Se juntaba con Cucho y comían latas de palmitos mientras miraban las películas de terror. “Palmo y vudú”, decían.
Animal: Para ellos dos, Chucky era todo.
Capanga: Chucky y paja (risas).
Animal: Se alquilaban dos porno y dos de terror. Veían una porno, se hacían un par, veían una de terror y se hacían otro par. Y se comían los palmitos para recuperar.

La guitarra
La fantasía adolescente de no hacer nada salvo tocar la guitarra y que te vaya bien con eso. Un himno del rebelde argentino medio.
Jorge: Lo hice cuando mi mujer estaba embarazada, así que está escrito desde el punto de vista de un padre. Me imaginaba cuando crecieran mis hijos, pensaba que iban a ser vagos y a querer ser músicos, y que yo me iba a agarrar la cabeza. Pero también habla de mí en la adolescencia. O sea, la canción es sobre pensar que me voy a encontrar con lo mismo que fui yo y que me lo voy a tener que aguantar como padre. No tiene una cosa de rebelión, porque comprende el papel del padre, que tiene sus razones. No es el padre malo.
La Mosca: Por eso también agarra a la gente grande, no sólo a los adolescentes.
Nito: En una conversación salió la idea de que estuviera Nimo en el video y creo que fue Gastón el que lo consiguió. Y cerró perfecto con la idea del tema.

El murguero
La celebración del carnaval en un momento en que no había murgas en todos los barrios. Acaso nostálgica, seguro festiva, cumplió con su cometido: que se cante en los corsos y en las canchas de fútbol.
Animal: Está inspirada en un pibe al que veía en el corso de Mataderos, y en un negro que tocaba las congas frente a mi casa, donde ensayaban unos grupos de uruguayos. Cuando era chico, curtí mucho carnaval. Fui al de Corrientes y a los de la Avenida de Mayo. Me gustaba que me llevaran sobre los hombros y con esos martillos de plástico les rompía la cabeza a todos, porque les pegaba con el mango. Una vez a mi viejo casi lo meten en cana por eso, porque vi a uno que tenía gorra y le pegué. Y era un rati... Me quedó la imagen de los corsos y se me ocurrió hacer la canción. Justo habían suspendido los carnavales de Corrientes por falta de presupuesto y acá no había corsos. Entonces dije: “La puta que lo parió, se nos mueren los carnavales”.
Jorge: Por más que él haya hecho El murguero pensando en otra gente, es una canción que nos representa mucho, porque somos un grupo de barrio en el que cada uno toca lo que puede.
Animal: Había muchos medios que nos querían defenestrar diciendo que éramos una murga, como en el fútbol.
Jorge: Pero para nosotros era muy positivo que nos dijeran así. La murga tiene eso como de rejunte, con los vecinos del barrio.

Los piratas
El perfecto retrato del profesional de la trampa, que sale del cabaret y se mete en el sauna, y que vive haciendo malabares para que “la bruja” no se avive de su doble (o triple, o cuádruple) vida.
Pablo: En realidad, fue una idea de mi viejo, que vio a un tipo con una señorita que seguramente no era su mujer. El tipo estaba re triste, se ve que volvía a la casa, se le terminaba todo. Mi viejo me dijo: “Hacé un tema sobre la trampa”. La canción tiene muchos iconos: Olmedo, Isidoro Cañones... Pero la inspiración puntual... ¡es secreto de sumario! Hay una particularidad: la coautora de la letra fue mi novia de ese momento.
Animal: Lo bueno del video es que en el final, cuando el tipo va a entrar al telo, sale la mujer. Eso no está en la letra, pero le dio el final justo porque no lo hace machista.
Pablo: Yo quería meterlo en la letra, pero quedaba culposo, tipo Arjona. Y mi hermana me dijo: “Guardátelo para el video”.
Jorge: El video hizo mucho por esa canción, porque al principio había gente que no generaba tanta reacción.
Nito: Pero parece que todo el mundo quiere ser pirata...
Animal: Es que, como dijo un sabio chino, de la muerte y de los cuernos no se salva nadie... (risas).

No puedo
“Calma, calma”, termina pidiendo esta oda a los que viven de joda, acelerados, y a los que la voluntad les flaquea en cuanto se les cruza la primera tentación. Es que tanta alegría seguida puede hacer mal...
Jorge: Primero había hecho el tema Yo puedo, que habla de la voluntad y que es medio de autoayuda, de decirse a uno mismo que todo lo puede. Y entonces, como para nivelar, hice No puedo, sobre quienes son víctimas de sus debilidades. Eso de “tanta alegría seguida te va a hacer mal” tiene que ver con nosotros, porque somos trabajadores de la alegría. Y eso te desgasta.
Pablo: Para mí está buenísimo ser trabajadores de la alegría, por más que algunos nos critiquen por eso. Siempre parece como si lo entretenido fuera menos importante: les dan el Oscar a las películas tristes. Pero es un orgullo entretener a la gente.
Nito: Nuestra manera de ser es así, incluso fuera del escenario. Jorge: Claro, no es que nos ponemos la nariz de payaso para salir a tocar.

El rozador
El que sube a los colectivos para apoyarse sobre las chicas, descripto en una especie de conversación de vestuario. Ahí donde cada anécdota supera a la anterior. La canción termina con un consejo médico para que el rozador busque ayuda profesional.
Pablo: Está basada en un amigo de Cucho y es toda verdad. Hasta está dosificada y más liviana. Cuando le conté que había hecho el tema y vino a escucharlo, le agarró dolor en el estómago y se fue. Pensé que se iba a reír, pero dijo que lo sufría. Lo sufre, pero también hacía lo suyo. Lo de los pantalones de bambula es cierto: los tenía guardados en el baúl del auto; cuando veía un colectivo lleno, tiraba el auto y se subía.
Animal: En una época laburaba de cadete y siempre acomodaba los horarios para subirse a los bondis cuando salían las colegialas, para rozárselas. El tenía coche, pero lo dejaba estacionado y se iba en colectivo.
Nito: Contaba Cucho que este pibe una vez estaba repartiendo pizza con una moto, vio un colectivo lleno de colegialas, dejó la moto tirada con las pizzas y se subió. A nuestros shows empezó a ir cuando hubo más chicas, porque al principio eran todos chabones. Es muy fácil de ver desde lejos, entonces lo buscábamos y siempre lo veíamos atrás de una mina.

Pendeviejo
Cuando se llega a los 40 (“Tacuarentown”, diría Calamaro) no hay por qué cambiar de hábitos ni resignarse a dejar de sentir que todo es nuevo. “Que no se apague nunca lo que yo llevo adentro” es el mensaje.
Pablo: La mujer de Cucho le dijo que era un pendejo y a él se le ocurrió la frase principal; después hicimos juntos la canción. Trata sobre quien cambia los pañales pero todavía tiene el culo sucio, que sabe que está bueno madurar, pero con alegría. Igual, también tiene un guiño para el que no quiere hacerse viejo, porque uno se matiza las canas, disimula la pelada...
Nito: La canción tiene que ver con no achancharse, no bajar los brazos. A veces te sentís viejo y pensás: “No quiero más”.
Jorge: También es una visión de nosotros mismos.
Capanga: Claro, porque antes decíamos: “Treinta y en la pavada”. Ahora ya vamos por los cuarenta y seguimos en la pavada. Y seguimos contando.

Perro celestial
Una canción sobre Diógenes, el filósofo griego al que Alejandro Magno le preguntó qué podía hacer por él. “Correte que me tapás el sol”, fue la respuesta.
Jorge: Me impactó mucho cómo vivían los cínicos como Diógenes y Antígenes. Leí un libro de Cioran donde hacía una especie de apología de Diógenes y el capítulo se llama “Perro celestial”, porque así le decían a Diógenes. Cínico quiere decir perro. Se los decían como insulto porque vivían como perros, hacían todo lo contrario a lo que estaba bien: entraban por la salida, comían alimentos podridos. La frase “me tiro un pedo y me hago cargo” es porque cuando a un orador griego se le escapó un pedo durante un discurso estaba muy deprimido, pensando en suicidarse. Uno de los cínicos, llamado Crates, le dijo que no era para tanto y se tiró un pedo. Entonces el otro se hizo cínico. De todos modos, aunque fuera demasiado extremo, el pensamiento de los cínicos me parece admirable y educador, porque servía para destartalar la hipocresía de las cosas. Diógenes era, como decían, un Sócrates enloquecido.

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