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Jueves, 12 de mayo de 2005

ALIKA & NUEVA ALIANZA, EN LA CRESTA DE LA OLA

Música en negro y negro

Tiene una mezcla de rastafarismo, hip hop, reggae y una presencia escénica envidiable. Alicia Dalmonte (ex Actitud María Marta) cree que “la verdadera manifestación del hip hop local es la cumbia”. Este fin de semana estará en el Festival de Nuevo Rock Argentino, en Córdoba. Como hace nueve años.

 Por Santiago Rial Ungaro

El profeta rastafari Marcus Garvey dijo: “Si no pueden encontrar un trabajo, inventen uno”. Alicia Dalmonte, cantante, productora y compositora de Alika & Nueva Alianza, le hizo caso y se lo inventó: es una rastawoman (algo excepcional) y se lo toma en serio. “Esto no es como un club. No se puede decir: ‘Nos dejamos los dreadlocks, armamos y uno y ya somos todos rastas’. En Alika & Nueva Alianza hay un llamado a hacer algo. Soy embajadora rasta en el mundo. Así lo vivo, y en eso estoy.” En eso está desde que empezó el siglo, con la aparición de No dejes que te paren, firmado como Nueva Alianza. Allí, Alika (que grabó las bases del disco) se le unían Boomer, Kayo Dread, Pensativo y Sista Angela en unas sesiones donde la actitud comunitaria (propia del hip hop) era puesta al servicio de un discurso rastafari: si la primera estrofa del disco empezaba con “Esta es la Nueva Alianza, que nos mantiene lejos de la venganza”, la segunda cuestionaba ¡a la Biblia!

El debate histórico religioso no hace mella en la gracia y la emoción de La Nueva Alianza presenta a: Alika, disco titulado como Sin intermediarios. Aunque en realidad su propuesta es el matrimonio entre el reggae y el hip hop. Su capacidad de abordar distintos ritmos los llevó a explorar el reggaetón.

“En Alika están bien mezclados el hip hop y el reggae. A mí no me gustaron otros tipos de música antes de escuchar hip hop: cualquier cosa que haga va a estar influenciada por eso.” Alicia nació en Uruguay y en el ‘83 se vino a la Argentina, a El Jagüel. En el barrio se escuchaba cumbia, pero pronto estaba descubriendo a Public Enemy y a su Fear of a Black Planet. Más adelante, durante el apogeo del gangsta rap, empezó a encontrar algo raro en el hip hop: “Escuchaba Snoop Doggy Dog y pensaba: ¿qué onda con las mujeres? ¿Por qué son todas unas perras? La música me gusta, pero eso de andar diciéndoles a las mujeres que son todas unas perras...”. La espiritualidad de los fundadores de la reggae music, influencia esencial para el hip hop, la estaba esperando.

Aunque Alika venga de tocar en México y haya compartido escenarios en festivales con Mad Professor (que les produjo un tema para el nuevo álbum, Razón, meditación, acción), Zakiya, Lee “Scratch” Perry y Sister Audrey (entre otros); aunque haya girado por todo el país, aunque esté por aparecer una de las noches del III Nuevo Rock Argentino, este fin de semana en Córdoba, el pasado hip-hopero de Alicia lleva inevitablemente a Actitud María Marta, aquel dúo que sorprendió durante los ‘90 por su actitud radical. “Había muchas cosas que no me gustaban. Una evoluciona y si no hay cambio, no puede haber evolución. Ya no digo malas palabras en mis canciones. Lo peor era esa cosa que trae estar en una multinacional, con esa gente de las compañías alrededor. Por eso, cuando quise empezar de nuevo, lo mejor era ser independiente. Si cantás lo que cantás y después te gastás 40 mil dólares en un video y vas a un hotel 5 estrellas, es incoherente. Me parece indecente gastar tanta plata en un video cuando hay gente que no come.”

Alicia piensa que parte del fenómeno tuvo que ver con que eran mujeres: “Si hubiéramos sido dos pibes no nos habrían dado tanta bola. Eramos dos personalidades fuertes y cada una quería hacer sus cosas: a ella no le copaba el reggae y a mí sí. Sé que tuvimos influencia en los chicos que iban a la escuela, que quizá no sabían nada de Historia argentina. No es que sea una gran erudita, pero ni siquiera sabían que los derechos humanos no fueron respetados”. Los comienzos de Alika (el nombre más antiguo de Alicia, de origen etíope) datan del ‘99. Por entonces le llegó un casete con el Sindicato de la Danza y se fue a Chile a buscarlos: “Si acá me sentía como una alienígena, allá me sentía en familia”.

Esa experiencia del rastafarismo les dio a las filosas palabras que Alicia disparaba en AMM una dimensión espiritual. Ahora sus líricas tienen otra perspectiva. Alika quiere recuperar la sabiduría de los antiguos reinos. “Me gusta que la música sea para todo el mundo, sea o no rasta. El mensaje es de respeto y de dignidad. Canto para todas las personas que quieren justicia en el mundo, las otras se quedaron afuera.” Nueva Alianza se abrió su propio camino, por la destreza (propia de hip hop) para apropiarse de cadencias afrocaribeñas o centroamericanas; claro que el reggaetón también está vinculado con las similitudes al raggamuffin. “En vivo tocamos un par de reggaetones, es un género que nos gusta. Me acuerdo de haberme copado con discos de Ivy Queen y DJ Nelson que llegaban de Puerto Rico. Acá en Lugano se matan escuchando Tego Calderón. ¿Sabés como va a explotar acá el reggaetón?”

En Alika & Nueva Alianza se percibe la intención de esbozar una estética latinoamericana en clave rasta de la mano de una crítica a Occidente. Pero que no se agota en eso sino que tiene su origen en la necesidad de encontrar una identidad propia. “Tiene que ver con que el idioma es el mismo. Acá la gente no sabe ni de dónde viene. Siempre dicen que en América latina no hay cultura, que los peruanos no tienen cultura. ¿Y los incas? ¿Y los mayas y los aztecas? Se dice siempre que la Argentina es el país con más cultura de Latinoamérica y que nos envidian por eso, pero pienso que eso es totalmente falso. Es al revés: la Argentina es un re-buen ejemplo de cómo se le puede lavar el cerebro a la gente, cómo se puede extraer toda la cultura autóctona. Eso es algo que ves claramente cuando viajás por otros países latinoamericanos.”

Cuando se la escucha a Alika cantar “Cómo le gustan los menores al obispo, como le gusta la cocaína al ministro”, mencionar a la tribu de Juda e inflamarse con su devoción rastafari, la figura de Fidel Nadal aparece como una referencia ineludible: “A mí, Lumumba me re-gustaba. Fue la primera banda de ‘reggae consciente’ de acá. Pero la verdadera manifestación del hip hop local es la cumbia. En el ‘94 dije que acá el original gangsta era Sopapita. La mayoría de la gente escucha cumbia y eso es cultura popular. Y ahora la cumbia se está mezclando cada vez más con el reggae. Los grupos de cumbia de ahora son medio raggamuffin. Y la cumbia va absorber el reggaetón. Eso está pasando.”

Más allá de la gracia de Alicia y de su talento para rapear, su discurso no es fácil de asimilar, aunque es simple y directo. “La Iglesia, la política y el comercio son tres fuerzas que tratan de mantener al mundo en la esclavitud física, mental y espiritual. Lo que nosotros cantamos no es algo místico, es algo muy real.”

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