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Jueves, 4 de mayo de 2006

LOS EX SUMO SE REUNIERON EN MENDOZA

Divididos, las pelotas

Hacía casi dos décadas que no tocaban juntos, pero el clima cordillerano los inspiró: Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Germán Daffunchio y Alejandro Sokol tocaron cuatro temas de Luca Prodan, juntos, en un mismo escenario.

 Por LEONARDO OLIVA Desde Mendoza

La montaña mendocina tiene un no se qué para los músicos. Aquí, Charly García se bajó los pantalones en los violentos ‘80 y se tiró de un noveno piso en los –a su modo– violentos ‘90; cerca también se sucedieron en el mismo escenario, y durante un concierto gratuito, Cerati y Spinetta, y Fidel Nadal fue llevado preso por la derecha y humana policía de la provincia; los memoriosos recuerdan que fue en Mendoza también donde debutó Palito Ortega (?), mientras servía café en una radio; y el viernes último, otra vez la historia decidió escribirse a sí misma en la provincia cuyana: volvió Sumo, o lo que quedó del grupo, o algunos de los que quedaron, o sólo los que quisieron juntarse en el escenario. No importa, a las diez mil almas que presenciaron el momento (cuatro temas) nadie les desmiente ahora que vieron por un rato revivir al muerto, aunque el muerto no estaba. No importa, era su música, algo de su música, un puñado de canciones, pero la tocaron sus músicos. Es decir: Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Germán Daffunchio y Alejandro Sokol.

La agenda del festival Andes Vivo (edición de esta versión cuyana del Quilmes Rock) se oficializó hace un mes y, causalidad o no casualidad, prometía a Divididos y Las Pelotas en una misma jornada. Ahí nomás salieron los fans tardíos de Luca a pintar banderas, a comprar remeras, discos y entradas. Ahí nomás los periodistas empezaron a imaginar las notas que escribirían sobre “la vuelta de Sumo” y a preparar la pregunta para la conferencia de prensa previa al festival: “¿Van a tocar juntos?”. Y sí, parecían pensar acodados uno al lado del otro (para la foto) Mollo, Arnedo, Daffunchio y Sokol, aunque ninguno estaba cómodo en la posición de voz oficial de lo que quedó de la banda. Y por eso no hubo anuncios, sólo caras molestas ante tanta insistencia.

Una insistencia que duró casi 20 años desde la muerte de Prodan y casi 10 desde la fallida reunión en Montevideo. Pero que con el telón de fondo de la Cordillera de los Andes y el Andes Rock finalmente encontró eco: si aceptaron tocar el mismo día, era casi obvio que se iban a encontrar. Al menos, ninguno mostró falta de ganas.

El día del concierto (primera jornada del festival) las señales empezaron pronto: al tercer tema de Divididos (una versión de Lo quiero ya), Mollo aceptó y desplegó una bandera homenaje a la trilogía: Divididos, Las Pelotas y al centro y adentro, Sumo. Está bien, si eso es lo que quieren, eso tendrán. Así, antes de despedirse, Aladelta sumó la voz de Sokol y ya todos advirtieron que había buenas vibraciones entre ellos (¿alguna vez hubo malas?). El set de Las Pelotas contó con su propia lista de temas, con la sonrisa de Daffunchio y con la guitarra de Mollo y el bajo de Arnedo como testigos mudos ahí atrás, fuera de sus estuches esperando también ellos la juntada. Los bises de Capitán América y Sin hilo dieron el pie a la devolución de gentilezas y ya nada más faltaba.

Nadie pidió por Pettinato ni por Superman Troglio, todos sabían que Luca no iba a pasar por allí, así que esto es lo que había, festejemos: con Sokol en la batería, revivieron El ojo blindado y Debedé, los pifies le dejaron los palillos a Gustavo Jove para una caótica Fuck you y, con los inconfundibles acordes de bajo de Mejor no hablar de ciertas cosas capitaneados por Arnedo (con el resto de los “sobrevivientes” tratando de seguirlo. Claro, no hubo ensayo previo), empezó el final. Cortito pero intenso, e histórico. Más allá de las estadísticas (sólo estuvieron cuatro de los seis miembros de Sumo), el fantasma de la banda y del Pelado Mayor pasó por Mendoza. Antes de la postergada reunión de Soda Stereo (por supuesto, Cerati fue el menos querido de la noche) y sin millonarias negociaciones mediante, volvió Sumo. Ahora sí, las banderas pueden guardarse bien planchaditas.

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Imagen: GENTILEZA ANDES ROCK
 
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