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Jueves, 1 de marzo de 2007

TENDENCIAS

El futuro llegó y se fue y volvió

No se trató nunca de la búsqueda de la “onda”, del “cáliz de la eterna juventud”. Para eso está esa publicidad que cada tanto renueva su mirada particular del caso (ayer miradas “transgresoras” made in Agulla y Baccetti, hoy “chicos comunes”). Mejor es dejarse invitar por el juego sin sentirse portavoces de nada. “Y los que se creen propietarios, no sólo de sus ancestrales cajas sino también de la opinión pública, seguirán quejándose como lo hicieron antes, como lo hacen ahora y como lo haré yo, un chico educado. Porque en mis tiempos, era otra cosa”. Así culminaba la radiografía televisiva que llevaba la firma de Mario Pergolini en el primer número del NO. Los tiempos —está claro— eran otra cosa.

El rock, por su parte, es uno de los abonados más fieles al movimiento de su interior. Si en los primeros ‘90, el “blues local” arremetía en las calles porteñas junto con las incontables visitas de B.B. King, la órbita rock más tarde osciló hacia la murga, la cumbia, la electrónica, el hip hop, el reggae (junto con la visita de unos cuantos Wailers), más un crisol de géneros copulantes. “Creo que toda nueva formación vale para canalizar la creatividad de los artistas, sobre todo ahora que el espectáculo rock en general agoniza por su peligroso parecido y repetición”, propinó Gustavo Cerati hacia 1994. Diez años más tarde, agonizar y rock eran más que una simple metáfora.

En aquella nota se hacía eco del ocaso de los solistas. Al tiempo, el imán fue para otro lado. En 2004, diez cantautores alumbraron desde la misma tapa el arribo de compositores que ponderaban la canción como cetro: “Un calidoscopio entre la precariedad de la criolla y la modernidad del ProTools”. En ese sentido, el ready made tecnológico fue otro de los focos a los que siempre se estuvo atento. Cuando la PC dejó de ser un “nuevo aparato raro” (además de la sigla del Partido Comunista), Internet y digitalización mediante, la premisa del “hacelo vos mismo” pareció abrirse con GNU/Linux y la posibilidad de contrarrestar el mundo de Microsoft con códigos abiertos. Para ese entonces, Napster —que fue tapa— ya no era la revolución tan anunciada, ni el fin de la historia, aunque la costumbre de intercambiar archivos significara un tremendo coletazo para una industria que aún hoy se resiste a los replanteos.

“Chau al long play”, “El futuro llegó”. Títulos de notas del ‘92, la segunda dedicada a los sellos independientes, que evidencian las velocidades enrarecidas que propone la realidad. Un agitación furiosa en la que la tecnología parece ir más rápido que el debate sobre su impacto sociocultural; y en el que la autogestión se transforma en un proyecto bravo para alterar el orden de las cosas. En 1996, el universo tecnológico de fin de siglo daba cuenta de los emprendimientos rockeros en el discontinuado mundo del CD-rom. (¿Se acuerdan del CD-rom de Los 7 Delfines?) Para recodar: en febrero del ‘96 se necesitaba para navegar (como mínimo) una PC AT 486, con 4 megas RAM, monitor VGA y modem ¡14400! En Buenos Aires había tres cybercafés que cobraban 15 pesos por hora. Así que, si ése era el futuro que recién llegaba, ahora, seguramente, estamos en el pasado de otra cosa que un día vendrá.

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