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Jueves, 31 de mayo de 2007

MODERATTO SE RIE DE LOS CODIGOS DEL HEAVY-GLAM

La dura ironía de ser metalero

Pelos largos batidos, camperas de cuero, plumas, calzas, torrencial maquillaje y una increíble capacidad de explotar los estereotipos del género. “Es la banda que queríamos hacer cuando teníamos 13 años”, dicen estos mexicanos divertidamente bizarros.

 Por Mario Yanoulas

“Agarramos los placeres culpables de los últimos veinte años: el glam metal y toda esa parte de fresa pop que te hace bailar en una boda con tres cervezas encima.” La patente definición del bajista Xavi da una punta para intentar descifrar a Moderatto, esta banda mexicana que pasó el último fin de semana por la Argentina, para irrumpir en el Roxy el sábado a la madrugada desplegando paredes de Marshall, un desfile de Gibson’s bien lookeadas –desde una Les Paul dorada como la de Slash hasta una Stratocaster rosa con el logo de “Hello, Kitty”–, un bajo con forma de metralleta, una batería de doble bombo repleta de cuerpos y, sobre todo, cinco chamacos extravagantes que todavía cubren con bandanas sus pelos largos batidos, usan botas y camperas de cuero, plumas, calzas de leopardo, abusan del maquillaje y coordinan el meneo cuando un buen riff se los propone. ¡Eureka! Estamos ante una burlona reencarnación latina del glam metal más recalcitrante de los ‘80.

¿Podría Tommy Lee vivir en el subdesarrollo y seguir siendo Tommy Lee? ¿Alguien puede imaginar a los muchachos de Mötley Crüe cantando Girls, Girls, Girls a bordo de sus motos, pero surcando la General Paz en vez de avenidas californianas? La estética y el concepto que acapararon gran parte del mercado rockero durante los ‘80 había surgido, entre otras cosas, a partir de la propuesta andrógina de Bowie en Ziggy Stardust, el desparpajo de los New York Dolls y T. Rex entre fines de los ‘60 y principios de los ‘70, junto con el crecimiento de la figura de Alice Cooper y el impacto de Kiss como referentes del hard rock. Este combo parió una red conceptual fácil de asimilar: rockeros bonitos montados en motos rugientes destilando cierta ambigüedad sexual y chicas amables deseosas de su adrenalina, todo en un marco de desenfreno primermundista. Así, durante los ‘80, Mötley Crüe, Twisted Sister, Poison, W.A.S.P., Ratt, Cinderella y Skid Row coparon Estados Unidos. Si este auge no generó producción local en América latina más que en cuentagotas, fue probablemente porque se hacía difícil evocar tamaños intereses desde un rincón tan austero como éste.

Rendido a los pies de Guns’n’Roses y la oleada del grunge a principios de los ‘90, el género fue puesto cada vez más en ridículo con el paso del tiempo. Algo más que veinte años después, Moderatto lo trajo de nuevo al ruedo como una burla hacia al propio género del que todos sus músicos se consideran fanáticos. “Hace seis años, cuando empezamos con esto, sentíamos que en México el rock se había vuelto muy solemne, muy preocupado de lo que opinaran los demás músicos y la prensa especializada, tanto en ropa como en estilo. Aunque mantenemos otros proyectos, quisimos armar un grupo exactamente como lo habíamos soñado a los doce o trece años, cuando nos empezó a gustar el rock, con todas sus fantasías, y hacer como una representación real de eso”, explica el guitarrista Roy.

“Necesitábamos volver a todo este tipo de cosas que no estaban bien vistas porque este género pasó a ser tan despreciado que hasta a nosotros nos daba gracia, todo empezó como una especie de burla hacia nosotros mismos y los grupos que nos gustaban, o hasta películas, como Spinal Tap, pero terminamos dándonos cuenta de que era lo que queríamos hacer desde niños, incluida la puesta en escena. Nadie se había atrevido a hacer una cosa así”, interviene el cantante y compositor Bryan. “El grupo trae eso que tenían las bandas que escuchábamos: desmadre, diversión; vamos a echarles madres, rockear y cogernos viejas. De hecho, creo que las chamacas también entran bastante en personaje”, dispara Xavi entre risas.

“Lo padre del género, de esa versión ‘80 de Los Angeles de la hair band, es que era así –recuerda Roy–, muy melódico, letras muy superficiales sobre chicas, amor, desamor y fiesta. Nosotros buscamos darles una segunda vida a las canciones melosas y de las que hablan de rock de una manera bizarra como Quiero rock, de Menudo, cuyo cover hicimos inmediatamente.” Entre otras, algunas de las versiones más destacadas de Moderatto van desde Thalía y Arjona hasta El Tri y The White Stripes, pasando por Aerosmith y Lenny Kravitz. En el medio del camino, Bryan empezó a componer canciones que cuadraban con el género –incluso eran cosas que realmente les pasaban en las giras–, y se dieron cuenta de que ya no tenían que hacer tantos covers para ser divertidos.

Así llegó Grrr!, el cuarto disco de estudio completamente compuesto por el grupo, y que cuenta con temas como Sentimettal, Dame, dame y Verano gris. Estos dos últimos fueron creados a dúo con Ale Sergi, de Miranda! (de hecho, a veces los temas de Moderatto parecen producto de alguna reunión compositiva entre Sergi y Nikki Sixx). Los chicos de Miranda! habían visto un show en México, se entusiasmaron, incluso Lolo Fuentes trajo discos para sus amigos –¿es Miranda! una parodia de sí mismos?– y en su posterior regreso al país de los tacos invitaron a Bryan a cantar Don, quien después le propuso a Ale juntarse a componer para el disco nuevo, y así surgieron estas dos piezas. “Me encanta Miranda!, creo que tenemos muchas cosas en común con ellos, esa manera divertida de ver la música, y el lugar under desde donde salen y pueden crecer, como nosotros”, elogia. La unión fue tan efectiva que el canal Sony armó un reality show de tres días en el que las dos bandas debieron componer un tema y presentarlo en vivo, junto con las versiones de Sentimettal hecha alla Miranda! y Don al estilo Moderatto.

La banda suena a glam metal, habla en código glam metal (Si mi delito es rockear, me declaro culpable es el nombre de un tema) y tiene la formación clásica de una banda del género: dos guitarras –en una Roy y en la otra Michael, algo así como si el Tanque de La Renga usara gorro de cowboy, pantalones achupinados y se colgara una viola rosada–, una tercera guitarra cuando Bryan toma una, bajo, y batería, a cargo de Elohim, un hábil malabarista y showman tipo Tommy Lee. La puesta en escena en México, dicen, es impresionante: bateristas y cantantes que aparecen volando, enormes motos, bonitas chicas desfilando por el escenario y llamaradas de ocho metros (que nadie espere verlas en la Argentina, porque está prohibido).

Al que le gustó la banda en vivo fue a Dee Snider, cantante de Twisted Sister, quien vio un DVD e inmediatamente decidió tomar un avión a México para cantar con ellos I Wanna Rock y Highway to Hell, de AC/DC. “Le habían pedido los derechos del tema We’re not Gonna Take it para una campaña de comunicación que da mensajes como ‘No tires basura’ o ‘Sé honesto contigo mismo’ en la que participamos este año. Cuando vio nuestro material, dijo: ‘Quiero cantar con ellos’”, cuenta Xavi.

Así como Snider los aceptó enseguida, en algún punto los muchachos decidieron jugar con fuego. Entre los fanáticos del heavy hay quienes suelen no admitir desviaciones. ¿Hasta qué punto el rock pesado puede reírse de sí mismo, o al menos de una de sus vertientes? “Siempre pasaba que alguno con la remera de Metallica se la pasaba todo el show haciéndonos ‘fuck you’ y mentando madres, pero tocábamos Isabel, de Luis Miguel, y el buey sabía la letra, y al tema siguiente ya era parte del show. De ahí viene lo del ‘placer culpable’”, explica Michael. “Lo interesante del rock, y lo que lo ha mantenido vivo durante tantos años, es que ha tenido muchas caras y muchas reencarnaciones, porque abarca desde Agnostic Front hasta Yes, desde Moderatto hasta Soda Stereo. Además, somos el grupo más transgresor de México en cuanto a los dogmas del rock & roll, llegamos al doble platino (allá son 200 mil copias) y aún así mantenemos la esencia”, cierra Xavi.

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