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Jueves, 7 de febrero de 2008

0800-COCA-COLA: EL CENTRO DE ATENCION AL CONSUMIDOR QUE NO SABE QUE CONSUME

Siempre, Poca Bola

Según informan en su número de atención al consumidor telefónico, la bebida más conocida del planeta no tiene ninguna de las dos cosas que dice su nombre que tiene: ni “coca”, ni “cola”. ¿Y qué tiene?

 Por Facundo Di Genova

¿Por qué se llama Coca-Cola? La respuesta podría estar a la vista, en el nombre mismo de la marca, aunque si uno llama al número gratuito de atención al consumidor que figura en la contraetiqueta de la botella (0800-888-888), seguro que no será fácil averiguarlo.

Si bien su fórmula es un misterio que se remonta hasta mediados de 1880, el número de atención al consumidor nos puede brindar algunas pistas sobre su contenido, o al menos podría informar, como mínimo, si en verdad este refresco planetario contiene extracto de hoja de coca y semillas de nuez de cola, como dice la leyenda histórica, que señala al boticario estadounidense John Pemberton como creador de la marca cuyo origen se encuentra en el Pemberton’s French Wine of Coca (vino francés de coca).

Esta receta, dicen las malas lenguas, era un plagio casi exacto de la ingeniada por el alquimista franco-italiano Angelo Mariani, creador del Vin Mariani, un brebaje hecho a base de vino de Burdeos y hojas de coca peruanas. Se sabe que Pemberton publicitaba el French Wine of Coca para tratar una adicción que se había hecho fuerte en las décadas posteriores a la Guerra Civil estadounidense (1861-1865): la adicción a la morfina, y que el mismo boticario bebía el cocavino, pues, se anda diciendo por ahí, era morfinómano. Sin embargo, se cree que Pemberton tuvo un destello de originalidad, y para 1887 había lanzado otro producto espumante que no contenía vino sino algo de alcohol puro mezclado con extractos de hoja de coca y semillas de nuez de cola, y que ante la inminente legislación antialcohólica, le quitó el alcohol al brebaje, y que así nació la Coca–Cola tal como la conocemos.

Pues bien, antes que confiar en leyendas, mejor confirmarlas o rebatirlas, y para eso nada mejor que llamar al número gratuito de atención al consumidor, que para eso figura en las contraetiquetas.

–Muchas gracias por comunicarse con el Centro de Información al Consumidor de Coca-Cola de Argentina. Aguarde un momento y será atendido.

Música.

–Coca-Cola buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?

–Sí, ¿cómo le va? Compré una botellita de medio litro y quería preguntarle unas cuestiones sobre la bebida.

–Sí, ¿qué necesita saber?

–Saber a base de qué extractos vegetales está hecha...

–Eso no le puedo decir porque no lo manejamos. Sí le puedo decir lo que lleva la gaseosa, pero no los extractos vegetales.

–¿Por ejemplo, qué me puede decir?

–Los conservantes, la cafeína... lo que dice en la etiqueta.

–Acá en la etiqueta veo que dice COL...

–Tiene principios saborizantes de vegetales –interrumpe–, pero es parte de una fórmula secreta.

–Comprendo perfectamente.

–Pero si no, depende el tipo de Coca-Cola, tiene distintos componentes que son los que figuran en la etiqueta.

–Puntualmente, en la etiqueta dice “COL 150d”; ¿qué es?

–A ver, espéreme un momento.

–Sí, cómo no.

La conversación queda en suspenso durante 40 segundos.

–Hola, sí –vuelve la operadora–, le digo: tiene jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar 11,2 gramos por cada 100 centímetros cúbicos, calorías 42 por cada 100 cm3, acidulzante, tiene ácido fosfórico...

–¡Ah, fosfórico...! –interrumpe el consumidor, y encuentra en la etiqueta el ácido en cuestión como “ARO, ACI 338”.

–Claro, 54,4 por cada 100. Después contiene cafeína, 11 miligramos por cada 100. El colorante es caramelo líquido (N. de la R: en realidad en la etiqueta el “caramelo” no figura como tal sino como “COL 150d”, o sea, según el Código Alimentario, Caramelo IV, obtenido mediante el proceso sulfito-amonio). Gas carbónico, 7,5 gramos por litro, y saborizantes vegetales...

–Todo lo que es la fórmula secre...

–... de Coca-Cola –interrumpe de nuevo.

–¿Y la cafeína tiene algún origen especial?

–Eso ya no le puedo decir. Está autorizado, pero no le sé decir en detalle.

–Dígame, ¿el ácido fosfórico es el ácido que se usa en las gaseosas? (N. de la R.: el mismo que se utiliza, en otras proporciones, para extraer metales de las minas o producir metales inoxidables, de ahí la leyenda de la gaseosa cola que limpia un clavo oxidado).

–Claro –dice la operadora–. Es decir, lo que dice la etiqueta es lo mismo que nosotros le podemos decir. Para que pueda venderse la gaseosa tiene que estar autorizada.

–Y, dígame, de coca y de cola, ¿qué tiene? Porque leí que tenía nuez de cola... eso está autorizado en un...

–No entiendo lo que me está preguntando –corta la voz de la compañía.

–Si la bebida se llama Coca-Cola, ¿qué tiene de coca y qué tiene de cola?

–No, pero eso... no sé a qué se debe su pregunta, no la entiendo en detalle, la marca es así.

–Claro (vamos de nuevo). La marca se llama Coca porque la fórmula era a base de hoja de coca y nuez de cola...

–Coca-Cola es la marca, no es coca sola –corrige.

–Bueno, Coca-Cola –acepta el consumidor–. ¿Y qué tiene de co...

–Le digo –interrumpe eternamente–: lo que tiene la bebida es lo que le dice en la etiqueta, que es lo que le acabo de decir. No sé a qué se debe su pregunta en particular.

–En saber si la marca se llama Coca-Cola por...

–Coca-Cola es la marca –dice, se ofusca, sin dar chance de formular la pregunta completa.

–Exactamente, ¿y...

–Fíjese que detrás de la etiqueta le dice en detalle.

–Si la marca se llama Coca-Cola, tiene que tener algo de hoja de coca y algo de nuez de cola...

–Le digo, señor (lo de “señor” suena como que se está hinchando las pelotas). La marca se puede llamar así o de otra manera. Lo que tiene la gaseosa está detallado detrás de la etiqueta. Lo que tengo yo aquí es lo mismo que le figura allí (en la etiqueta). No le puedo detallar lo que me está preguntando porque no tiene eso la gaseosa.

–Ajá. No tiene hoja de coca, ni nuez de cola, eso es lo que... (le quería preguntar y saber, pero... ¡interrumpe de nuevo!).

–Pero no entiendo lo que me está diciendo usted... es lo que le dice la etiqueta. Para que un producto esté autorizado tiene que tener los ingredientes que dice la etiqueta.

–Comprendo...

–Eso es lo que le puedo decir.

–Le hago la última pregunta: mi mujer toma esta gaseosa con aspirinas, y quería saber si la interacción de la Coca-Cola con la aspirina y el alcohol...

–Eso tendría que hablarlo con un médico, ya no lo manejamos nosotros. Como contiene cafeína, a lo mejor trae algún inconveniente, pero lo tiene que hablar con algún médico en particular. Eso nosotros ya no le podemos informar.

–No es por caprichoso, pero quería saber si me dice si la bebida tiene coca y cola...

–No es la información que usted tiene en la etiqueta.

–Bueno, le agradezco mucho (ahora el que se hinchó las pelotas es el consumidor).

–No al contrario.

–Adiós.

–Hasta luego.

Antes que confiar en leyendas, es mejor confirmarlas o rebatirlas. Para el caso del Centro de Información al Consumidor y su número gratuito, ni lo uno ni lo otro.

Ni chicha, ni limoná.

Ni coca, ni cola.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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