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Jueves, 26 de junio de 2008

ASTOR BOY, BATERISTA DE MISTERIO

“A mí me gusta el punk”

Es el hijo de Flavio Cianciarulo, tiene diez años, comparte una banda con su padre y dice –contra la fiebre que se viene– que no le gustan tanto los Cadillacs. “Es la primera vez que me dejo mandar”, dice Flavio.

 Por Roque Casciero

Los rockeros ya no son lo que eran. Ojo, no es una de esas frases típicas de aquellos a los que se les pasó la hora de meterse en el pogo sino una evidente realidad. Y si no, miren al baterista de Misterio: antes de ponerse a tocar su instrumento, está obligado a... ¡hacer la tarea para la escuela! Astor Boy, o Astor Cianciarulo, es una especie de prodigio de los parches: a los diez años comparte banda con su padre, Señor Flavio, y un contrabajista con larga trayectoria, Nico Valle (ex Historia del Crimen), pero sin descuidar las clases de Lengua, la materia que más le cuesta. En el Antonio Berni de General Pacheco, sus compañeros de 5º grado se copan con tener a un batero en el curso, pero ninguno fue a verlo en vivo. Es que Misterio hace shows bien del circuito nocturno, como el de este sábado en el Salón Pueyrredón junto a la otra banda de papá Cianciarulo, Mandinga (la otra-otra... ¡vos sabés!).

Bien podría pensarse que el bajista de Los Fabulosos Cadillacs marcó el futuro de su hijo (“serás músico o si no, no serás nada”) cuando le puso como nombre Astor, pero el otro varoncito de la familia se llama Jaco y no le da demasiada bola al bajo que tiene en casa. En cambio, el primogénito traía el ritmo en los genes. ¿Cómo se explica, si no, que antes de cumplir dos años ya se pusiera a tocar un redoblante detrás de la batería de Fernando Ricciardi durante los conciertos de los Cadillacs? “Fui muchísimas veces de gira con ellos, pero era muy chico, no me acuerdo nada”, dice Astor. “Toco un poquito la guitarra y poquísimo el bajo, pero la batería me encantó desde siempre y es lo que me resultó más fácil.”

Paradojas de la vida: aunque en casa de los Cianciarulo siempre se apilaron montones de instrumentos, nunca hubo baterías. “Astor demandó que compráramos una”, dice Flavio. “Eso me conmueve y me llama la atención, aunque estoy muy adentro de la historia. La primera batería, de juguete pero de las buenas, se la regaló Toto (Rotblat), su padrino. El lo estimuló mucho para que tocara, con muchísimo cariño.” En Los ojos del mal, Astor Boy le dedica toda su interpretación al percusionista Cadillac, fallecido hace poco. “Al principio yo tocaba cualquier cosa, pero después empecé a seguir los ritmos sin que nadie me enseñara”, recuerda Astor.

El niño no se quedó mucho tiempo con la batería de juguete: dos años más tarde ya estaba tras una de dimensiones standard. El mini moon drum destroyer, como se lo describe en el disco de Misterio, toma clases una vez por semana y ensaya otro tanto con el trío. En casa toca todo lo que puede apenas termina la tarea, hasta que la Playstation, la tele o el iPod lo llaman. “Admiro la facilidad con la que absorbe cosas, tanto en la escuela como con la música”, suelta Flavio con orgullo. “Obviamente, vio a papá tocando tanto en casa que tiene una relación como de trabajo diario: toca todos los días. Es más un laburador que adquirió conocimientos que un virtuoso, y eso es lo que más me gusta.”

Astor dice que “está buenísimo” compartir una banda con su padre, aunque le encantaría tocar con chicos de su edad: “No conozco a ninguno que toque. Es difícil conseguir músicos, porque además estoy acostumbrado a tocar con dos que son bárbaros. Si hiciera otra banda, tendría que ser de punk rock, que es lo que más me gusta. Me lo paso escuchando a Rancid, Social Distortion y The Clash”. Aunque también encuentra placer en el dibujo, Astor Boy cree que será músico por el resto de sus días. “Cuando iba de gira con los Cadillacs, el escenario no me llamaba la atención; pero ahora sí”, confiesa. “Estar ahí arriba es especial, me hace feliz pensar que alguien le presta atención a lo que toco.”

Misterio surgió “de una aventura totalmente lúdica y hogareña, que es una hermosa manera de armar una banda”, asegura Flavio. La llegada de Nico Valle, con toda su historia de rockabilly (es uno de los organizadores del B.A. Stomp!), terminó de cerrar la idea de Misterio, cristalizada en Los ojos del mal. “No sé si hubiera hecho una banda así, fue Astor el que me estimuló a hacerla”, afirma Flavio. “Los Cadillacs me encantan y son parte de mi musculatura, pero hoy mi pasión es Misterio. Tocar con Astor es... No tengo palabras, caería en lugares muy cursis. La conexión cuando tocás con tu hijo es increíble, yo ya la había visto en el Trío Fattoruso. Y yo puedo darme ese lujo, insólitamente a los 10 años de Astor.”

La carrera de Misterio seguirá “sin apresuramientos”, según Flavio. Para él está clarísimo que Misterio es un trío muy democrático, pero que el líder de la banda es Astor. “Se me conoce como un tipo con un egotrip muy grande, cosa que trato de manejar, pero es la primera vez en mi vida que me dejo mandar por alguien”, se ríe. Claro que ahora se viene el Fabuloso regreso y Astor se embarcará en la gira, aunque asegura que esta vez no tocará detrás de Ricciardi. Igual, la vuelta de la banda no emociona demasiado al niño: “No me gustan tanto los Cadillacs, a mí me gusta el punk”.

* Misterio toca este sábado 28 en el Salón Pueyrredón.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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