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Jueves, 6 de octubre de 2011

LA HISTORIA DEL HOMBRE QUE NO PUEDE DESPEGARSE DE SU PASADO

Joe Lally y sus amigos

De un encuentro entre Ian Mac Kaye y Lally (a los que hay que sumarles al baterista Brendan Canty y al guitarrista y cantante Guy Picciotto) salió una de las bandas creíbles y emblemáticas del rock de los ’90: Fugazi.

 Por Santiago Rial Ungaro

”¿Por qué me tengo que acostumbrar a esto?” Eso pasaba por la cabeza de Joe Lally a mediados de los ‘80, época en la que trabajaba en un negocio de computación: “La verdad es que antes de empezar a tocar estaba bastante perdido; tenía un trabajo en el que me pagaban bastante bien en un lugar de computación. Estaba en la parte de las impresoras. Y era en una época bastante destructiva, me acuerdo de que me drogaba demasiado hasta que me di cuenta alrededor de 1985 de que esa vida no me estaba haciendo feliz. Y de algún modo convencí a Beefeater (una banda de Dischord que siempre iba a ver) para que me llevaran de gira como plomo. Así que en 1986 me fui de gira y a las dos semanas Ian Mac Kaye (luego cantante y guitarrista de Fugazi) me dijo de empezar a tocar. Podría haberle dicho a cualquier persona, pero el entendió que esa es la clase de persona que uno quiere para una banda: yo no tenía miedo de dormir en una van o en los pisos de alguna gente que nos hospedara. Y tampoco lo tendría ahora si estuviera con la banda correcta y no tuviera las responsabilidades de mi familia. Estar en una banda o ser un plomo para mí es lo mismo”.

Lo que en otro músico quizá podría sonar a falsa modestia, en el caso de Lally suena creíble: de ese encuentro entre Mac Kaye y él (a los que hay que sumarles al baterista Brendan Canty y al guitarrista y cantante Guy Picciotto) salió una de las bandas creíbles y emblemáticas del rock de los ‘90: Fugazi. Lally cuenta que empezó a tocar el bajo hacia 1983, después de ver un show de Minor Threat, en el que su futuro compañero de banda Ian Mac Kaye “había perdido la voz y la mayoría de la audiencia estaba en el escenario cantado por él: fue uno de esos momentos inolvidables. Me acuerdo de que estaba con un amigo y habíamos estado hablando de música y de armar una banda, así que fui y me compré un amplificador y un bajo. Sólo tenía cierta habilidad para mantener el tiempo y un sentimiento básico de qué es lo que tenía que tocar en el bajo que creo que aprendí de años de estar escuchando música muy intensamente”. A fines de los ‘80, desde antes de editar su primer disco (Repeater es de 1990), Fugazi ya se había convertido en un grupo convocante, apoyado en un par de EPs y en la difusión boca a boca que generaban sus incendiarios shows en vivo.

Fugazi usó el hardcore como plataforma para experimentar con bases funk o reggae, atreviéndose a usar estructuras irregulares y a darle la vuelta a riffs metaleros (una auténtica herejía para los fundamentalistas hardcore). Con esto se volvió una banda esencial, indispensable para todo niña sensible con ganas de interpretar el rock como contracultura o como un movimiento independiente con posibilidades de mutar y renovarse tanto estética como éticamente. Y si a principios de los ‘80 un grupo como Minor Threat se plantaba a contrapelo de la autodestrucción y el nihilismo punkie e imponía la actitud “straight-edge”, a principios de los ‘90 los Fugazi (que no dudaron en poner precios ridículamente baratos a sus shows, al principio a sólo $ 5 luego a $ 10 o $ 15) se convirtieron en una banda que hizo de lo alternativo algo real, ya sea por los lugares en los que tocaban (buscando escapar al circuito convencional), ya sea por su música altamente intelectual pero siempre vital (los 6 álbumes de estudio que editaron no tienen desperdicio), o por haber mantenido una actitud poco condescendiente que los llevó a distanciarse claramente de la violencia que caracterizó a los primeros tiempos de la escena hardcore, el fenómeno Fugazi fue creciendo año a año en popularidad, demostrando que se puede hacer algo distinto, inspirador y popular.

El de Lally y sus amigos (que entró en un paréntesis desde 2002) fue un grupo distinto: tan distinto que llegó incluso a rehusar una millonaria oferta del legendario (y magnate) productor Ahmet Ertegun, quien en 1993 les ofreció 10 millones de dólares para que firmaran para el sello Atlantic. Lally recuerda que “fue un encuentro bastante breve y casi cómico después de un show en Roseland en NYC, y nosotros acabábamos de tocar; lo único que queríamos era sacarnos la ropa que teníamos porque estábamos todos chivados y de repente apareció Ahmet Ertegun (que la verdad es yo no me di cuenta de quién era); creo que Ian se hizo cargo de hablar con él y nosotros, directamente, nos terminamos de sacar la ropa delante de él y su novia. Y sí... después me di cuenta de que él tuvo mucho que ver con muchos discos que amo, pero en ese momento nosotros no teníamos que pensar en eso, porque ya sabíamos que era un error para nosotros firmar con un sello”.

Descendiente de italianos (de hecho, él mismo y la banda que trae a Buenos Aires es una banda romana), Lally cuenta que es imposible para él tocar los temas de Fugazi y que, aunque ama a los Wu Tang Clan, los mush up que hicieron este año la gente del colectivo de Minneapolis Doomtree de temas de Fugazi y del colectivo hip-hopero más famoso no le copó demasiado: “Al principio me pareció cool que alguien se dedicara tanto tiempo a mezclar las dos bandas, pero después me dio la impresión de que era más bien alguien que estaba jugando sus cartas para tener más trabajo... Ya está haciendo remeras y todo. La verdad es que creo que podrían haber elegido mejores sampleos de Fugazi”, admite Lally a la vez que confiesa que no sabe nada sobre la escena local, ni de bandas como Fun People o Pez, proyectos que hicieron, cada uno a su modo, sus relecturas del ejemplo de Fugazi y que le encantaría recibir material de bandas locales.

Lally, que ahora se encuentra presentando Why Should I Get Used to it (editado, como no podía ser de otra forma, por el sello Dischord), aprovechó el retiro de Fugazi para animarse a tocar solo con su bajo y su laptop (“quédense tranquilos que voy a ir con una banda, no sé si soy tan bueno solo”), para atender otros experimentos como su propio sello: Tolottw Records (donde edita a bandas como Dead Meadows, Spirit Carav, Strinking Lizaveta y Orthrelm), disfrutar de su familia y que también se las ingenió para darle vida al grupo Ataxia, junto a John Frusciante y Josh Klinghoffer: “Sí, eso fue en la época que viví en L.A. Pero hacer esas sesiones, componerlas, grabarlas y tocarlas en vivo creo que tomó en total 12 días. La verdad es que no hice mucho en estos 15 años fuera de Fugazi”.

* Joe Lally se presenta el 9 de Octubre junto a NormA y Círculo Polar Anárquico en la fiesta Music is My Girlfriend a las 20 en el Salón Pueyrredón, Santa Fe 4560. Entradas anticipadas a $ 80 en La Lupita (Av. Santa Fe 1670, local 5, subsuelo Galería Bond Street) o a $ 100 en la puerta.

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