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Jueves, 2 de febrero de 2012

FELA ANIKULAPO KUTI

Circo afrobeat

 Por Yumber Vera Rojas

”La venganza será terrible –espetó, a manera de maldición, Fela Anikulapo Kuti moribundo en su lecho–. El poder se arrodillará frente la música, los blancos querrán ser negros y mi legado perdurará por siempre.” Aunque no hay registros de la sentencia del único nigeriano que supera en imponencia al Chappal Waddi, hoy nadie podría desestimar su autenticidad. Antes de su fallecimiento, en 1997, el creador del afrobeat fue testigo de la trascendencia del estilo que concibió, y por el que pagó un alto precio político y carnal, al despertar el interés de una nueva generación de artistas que a partir de las reediciones discográficas y de los compilados que florecieron a lo largo de la década del noventa comenzaron a hurgar en el más atrevido heraldo sonoro del continente africano. Además, el fundador de la República de Kalakuta tuvo tiempo para dejar a un joven sucesor, su hijo mayor, Femi, quien un año luego de la muerte de su progenitor lanzó Shoki Shoki, disco lleno de vitalidad que insinuaba la renovación del género al flirtear con el dance, disparándolo hacia el Olimpo sonoro.

Dos décadas atrás, después de que los DJ introdujeron el afrobeat en las pistas de baile alrededor del mundo, se asomaron las primeras agrupaciones no africanas dedicadas al género. Casi en la debacle de la etiqueta world music, que hasta entonces englobaba a este tipo de expresiones provenientes de los países del Tercer Mundo, en Norteamérica y Europa empezaron a brotar agrupaciones encabezadas por músicos blancos, aunque integradas asimismo por intérpretes de otras razas y nacionalidades, que se subieron al caballo del género. Si bien no era la primera vez que Occidente se acercaba al menjunje de ritmos yorubas, jazz, highlife y funk, y acá vale la pena destacar los piropos de Ginger Baker, Motown y hasta de Paul McCartney (al que Fela ignoró alegando que le quería chorear su sonido) para con la manifestación musical, los flamantes exponentes confeccionaron sus propuestas con tanto respeto y solemnidad, incluso al cantar de una forma similar al pidgin (el inglés que se habla en las calles de Lagos), que perdieron de vista las posibilidades que ofrece el estilo para innovar.

Cuando The Daktaris se fracturó para dar origen a Antibalas Afrobeat Orchestra, en 1998, el riesgo conceptual se tornó en una aventura excitante, pues el afro funk que practicaba entró en un trance tribal del que todavía no pudo salir. Martín Perna, integrante de ambas bandas, explicaba en una entrevista que no bastaba con estudiar los álbumes de Fela: había que buscar un vocabulario propio. A esta consigna también se aferraron los estadounidenses Kokolo y Chicago Afrobeat Project, al igual que canadienses The Souljazz Orchestra, Mr. Something Something y Afrodizz. Mientras que en Europa el afrobeat designó como embajadores a los ingleses Ariya Astrobeat Arkestra, los franceses Afro Latin Vintage Orchestra, los suecos Ramses Revolution y el homenaje filarmónico italiano Classica Orchestra Afrobeat. Aparte de las agrupaciones argentinas mencionadas en esta nota, son igualmente fundamentales las experiencias de Santiago Vázquez (el creador de La Bomba de Tiempo) en su disco Ra-Amón (2004), de El Sexteto Irreal y Tam Tam Afrobeat.

En tiempos recientes, el indie acudió a la cita con Fela y su música a través de figuras de vanguardia como Brian Eno, que demostró su afición por el cantautor nigeriano en el álbum My Life in the Bush of Ghosts (1981), o yendo directamente a la fuente, camino por el que anduvieron los grupos Vampire Weekend, Foals, The Ruby Suns o Foold’s Gold. Al mismo tiempo, la actividad ininterrumpida de Tony Allen, y la redención de su obra por parte de las nuevas generaciones de exponentes, fue indispensable para la larga vida del género. Acerca del baterista, integrante de Africa 70 entre 1968 y 1979, el propio Anikulapo expresó: “Sin él, no existiría el afrobeat”. Ahora, tras la experiencia en The Good, The Bad and The Queen (2006) y de los elogios de su disco solista Secret Agent (2009), el legendario músico prepara el proyecto Rocket Juice and The Moon, al lado de Damon Albarn y Flea. Mención aparte merece el nuevo baluarte de los Kuti, Seun, que, luego de la aparición de su último trabajo, From Africa With Fury: Rise (2011), confirmó la regla: de tal palo, tal astilla.

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