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Jueves, 13 de septiembre de 2012

METIéNDOSE EN LA HELADERA DE PETER PANK

“Soy como los vampiros, anhelo el pasado, pero tengo fascinación por lo joven”

Embajador del electropop teatral en la Argentina, Peter Pank se prepara para lanzar su tercer disco. Además de músico, es poeta, maestro de teatro en escuelas, documentalista y enseña Pilates. Dice profesar una religión privada en la que conviven santos, vampiros, hadas y superhéroes.

 Por José Totah

Peter Pank puede ser un montón de cosas –músico, superhéroe, documentalista, villano, poeta, hada, profesor de teatro y de Pilates–, pero no es un improvisado. Se preparó para esta entrevista con dedicación asombrosa. Maquillado con furia, lleva pantalón chupín de lentejuelas, muñequera con tachas, musculosa en red, chalequito de jean onda Bon Jovi y collar con eslabones de plata; posa para las fotos como si hubiera hecho esto toda la vida. Si el verdadero Peter Pan lo viera, se quedaría pensando que su personaje se le fue un poquito de las manos (Campanita, sin dudas, le pegaría un coscorrón). Estamos frente a un tipo que dice hacer “electropop teatral” y estar a un paso de lanzar su tercer disco. Pero, si se escarba un poco, el personaje tiene bastante más para contar: jura que quiere ser siempre un niño, que pasó por todas las religiones y que vivió como un vampiro para poder escribir su libro más reciente, Está en la sangre, las crónicas de Richard Trenton Chase, el vampiro de Sacramento.

La primera tentación que uno tiene al entrar a la casa de Peter Pank es... revisar la heladera. Si realmente este hombre se alimenta de la sangre de las personas, entonces debe guardar en el freezer un par de tuppers del preciado líquido rojo, como para ir descongelando cuando pinte el hambre. Por eso, cuando termina la sesión de fotos y Peter baja a abrirle a la fotógrafa, este cronista se apresura a abrir la heladera. Pero no hay rastros de sangre sino un limón viejo, botellas de agua y las cosas de siempre. No, no es un vampiro en serio, aunque tenga toda la facha.

Peter Pank y los Chicos Perdidos es el nombre de su banda, que creó en 2007 con el tecladista Fok Electrochongo, y a la que se sumaron Pablo Novella (programación y guitarra), los bailarines Hernán Martínez y Emiliano Figueredo; Arami Fassola (coros) y Leandro Olmos (segunda guitarra). El grupo prepara motores para presentar Neverland Bizarro, su tercer CD, con el hit No soy tu novio, cuyo videoclip, recién terminado, vendría a ser una versión subterránea del hit Thriller, de Michael Jackson.

¿Re copado con Bon Jovi?

Desde su monoambiente de la calle Pichincha que oficia de cuartel general, en donde no hay sangre pero sí decenas de muñecos de Batman, hadas, estampitas religiosas y una foto venerada de la Coca Sarli, Peter avisa que está copado con Bon Jovi y el hair metal. “Por eso me puse este chaleco”, justifica. Es difícil imaginar el recorrido que lo llevó del hervidero del Parakultural, a mediados de los ‘80, hasta el musculoso rockero de Nueva Jersey. La historia da mil vueltas: nació en Campana y, ya en el secundario, se escapaba en bondi a la noche porteña, donde se topó con Batato Barea, el gran “clown y travesti literario argentino” (así lo define). En esos años también se acercó a Mosquito Sancineto y pululó por El Dorado, Ave Porco, las Fiestas Mayas y todos esos puntos cardinales que dieron los ‘80.

A Batato se lo encontró en 1988 en Cemento y fue una luz en la vida de Peter, algo así como Campanita para el verdadero Peter Pan. Tanto que, al egresar de la carrera de documentalista en la Escuela de Cine de Avellaneda, filmó un corto que se llamó Batato/14 pavos reales. Cuando Barea falleció en 1991 (es sabido que seis meses antes de morir se puso un par de tetas gigantes), Peter se encontró con que tenía entre manos muchísimo material sobre su amado clown. Ese fue el germen del film La peli de Batato, que se estrenó en el Bafici del año pasado y se proyectó en el Malba. “Fui codirector, presentador e hice las entrevistas”, cuenta, y pasa factura: “Ganamos el premio Río Negro Proyecta, pero todavía no nos pagaron”.

Pank se reconoce fanático de la autora argentina Vera Valdor (de ella es la frase “Soy una neurona con curvas”), de Alejandra Pizarnik y, cuando habla, deja en claro que no es un dark melancólico de esos que deprimen a todo el mundo. “Soy como los vampiros porque tengo esa fascinación por el pasado, pero anhelo ser siempre joven y estar preparado para lo que es nuevo y divertido”, asume. De ese pasado reciente quiere rescatar una parte de la década del ‘90. “Estoy montando una obra de teatro sobre la noche noventosa, con sus lugares y sus vacíos”, explica.

El entrevistado se reconoce absolutamente punk (y no sólo Pank). “Mi primer disco lo grabamos con Fok Electrochongo y Novella, usando la compu de mi casa; más actitud punk que eso, imposible”, define Peter, quien además de tener una religión privada que aglutina superhéroes, hadas y santos, se toma en serio el asunto vampiresco. Para escribir su primer libro de poesía se encerró en una casa de Banfield y asegura que vivió “como un vampiro”; no se alimentaba de sangre caliente, pero nacía de noche, completamente aislado durante un mes y medio, viendo películas, escribiendo y tachando hasta caer exhausto al alba.

Antes de terminar la entrevista, Peter recibe el llamado de un periodista que está escribiendo un libro sobre la travesti Cris Miró, de quien fue muy amigo. Quizá sea cierto que, aunque lo disimula bastante bien, este tipo es una neurona con curvas. Y que, en algún rincón de la heladera que no revisamos, están guardados esos tuppers con sangre.

* Peter Pank y los Chicos Perdidos toca el sábado 29 de septiembre en La Casona Iluminada, Corrientes 1979, desde la medianoche.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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