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Jueves, 26 de diciembre de 2013

CAMILA SPEZIALE

Ecotrip

 Por Javier Aguirre

Hace frío, está lejos de casa: lleva dos meses y pico sin poder salir de Rusia. Camila Speziale tiene 21 años, disfruta de sacar fotos y de tuitear videos de Seru Giran, Nito Mestre y Juan Carlos Baglietto. Es la típica chica trepadora... de torres petroleras: junto a otros activistas de la transnacional ecologista Greenpeace, en septiembre intentó abordar una plataforma de explotación de la compañía GazpromShell en el Océano Artico, como acción contra los derrames de petróleo. Pero fue detenida y se comió dos meses de cárcel en San Petersburgo –salió bajo fianza por 61.300 ecodólares–, acusada de piratería y vandalismo, y con un riesgo de 15 años de prisión. Ahora, beneficiada por una amnistía, espera volver de una vez al barrio de Caballito. Sin bajar las banderas, claro.

Además de la vida carcelaria, que incluyó soportar inspecciones permanentes del personal penitenciario y pegar onda con inmigrantes ilegales kazajas, a Camila Speziale la aventura la llevó a aparecer en gigantografías callejeras en Buenos Aires, a protagonizar institucionales televisivos y campañas (el canal YouTube de Greenpeace Argentina la sigue de cerca, cual estrella; aporta videos después de apelar, tras las rejas o en la calle tras su liberación) y hasta a recibir apoyos de celebridades como Paul McCartney o Natalia Oreiro. En esos dos meses de mala cárcel y buena comunicación, Camila se convirtió en la cara más importante, más reconocida –y más joven– del ambientalismo argentino (a pesar de que hubo otro compatriota detenido en la misma acción, Hernán Pérez Orsi; no obstante el impacto innegable de haber visto a Mario Pergolini disfrazado de oso polar para la misma campaña, y más allá de tantos respaldos de Ricardo Darín al yaguareté, objetivo evidentemente más nuestro que narvales, morsas, bueyes almizcleros y demás seres del Artico).

Ejem: pareciera evidente que una causa ecológica que propone que una chica detenga con sus manitos una plataforma petrolera de ultramar apunta más a lograr repercusión internacional que a obturar de canciones de Seru Giran los oleoductos de la Shell. Es probable que, así planteado, el incidente haya sido un éxito para Greenpeace. Aunque lo de la cárcel, seguramente, no habrá resultado copado para Camila, en cuya historia de ecovoluntaria resuena mucho de soñadora, idealista, solidaria y algo de Lisa Simpson. Sería lindo creer que no ha sido ni un poquito usada por grandes, poderosas instituciones (Rusia, el lobby petrolero, Greenpeace). ¿Princesa pirata? ¿Golazo del marketing ambientalista? ¿Poner el cuerpo por una causa noble? ¿Show de Los Rusos Hijos de Puta? Ojalá sirva.

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