Jue 26.12.2013
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THE XX EN MANDARINE PARK

La banda del Siglo XXI

› Por Lola Sasturain

Se tiende a dividir las cosas entre importantes o no, trascendentes o nimias, dejando de lado que lo más poderoso, lo más elocuente, suele ser ese detalle cotidiano que cristaliza conceptos mucho más grandilocuentes y, por lo tanto, difíciles de abarcar. Por ejemplo, el primer show de The xx en Argentina, que dijo mucho acerca de la época en la que vivimos: la banda del momento en su mejor momento, un lugar a estrenar en Costa Salguero con nombre anglo, un vip donde vendían cerveza y las chicas y chicos más lindos y producidos que se haya visto en un show al aire libre. Bien entrado el siglo XXI, ya no se estila hacer caso de los conflictos del tipo “cheto vs. del palo”: en un recital de The xx, la mejor y más representativa banda del momento, a nadie le pareció fuera de lugar ir con altísimas plataformas que impedían bailar o pasarse el recital grabando con el celular en vez de agitar y proferir alaridos. Pero, ¿quién dice que así no se disfruta de un show? Tal vez la idea de asociar goce con saltar, vociferar y chivar junto a otros esté pasada de moda, sea muy siglo XX.

The xx –El Exceso, nombre irónico para una banda que juega con los silencios y no tiene un solo beat fuera de lugar– es una banda del aquí y ahora, con un público ídem. Así que todo bien, pero viendo las colas que se acumulaban sin poder acceder, más de una hora después de la cita, era claro que había algo imperfecto. Esas dificultades, la desorganización y el retraso de más de una hora eran moco de pavo para la juventud híper posmo que poblaba Mandarine Park: lo que nadie esperaba era que se les cortase el sonido en la mitad del primer tema, y que tardaran más de 20 minutos en volver a salir. Nadie rompió nada, nadie hizo quilombo, nadie perdió la paciencia: todos nos quedamos, con miedo, esperando.

Esos 20 minutos de incomodidad colectiva fueron el detalle que habló por el todo: “A LA banda del momento se le cortó el sonido en el primer tema”. En épocas de looks, plataformas, samples y escándalos, donde las cosas existen luego de fotografiadas y compartidas, ¿sigue siendo la música lo que importa? Una vez que se ven los hilos, ¿ya no nos queda nada? ¿O es que nos queda la foto y el “yo estuve ahí”, y entonces nos queda todo?

La banda fue indefensa víctima y único héroe de este lío: su parte fue cumplida con creces. Paradójicamente, en tiempos de estrellas descartables como excusa para el espectáculo, la banda más fashion del momento se cargó al hombro a un artificio que mostró la hilacha, a fuerza de calidad musical y una intimidad onda “te canto al oído” pocas veces vista. Tal vez ésa sea la noble tarea del músico independiente del siglo XXI.

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