Jue 26.12.2013
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MOVIDA TROPICAL, ¿DE MODA?

Cumbia coolombiana

› Por José Totah

Cuando a fines de 2011 se publicaron en el NO algunas notas a orquestas de cumbia colombiana, que en ese momento empezaban a trastrocar la escena del under fiestero en Capital, se armaron un par de polémicas. Los grupos se enojaban si se escribía que la cumbia estaba de moda o que pintaba como el chiche nuevo de la clase media porteña para jugar y desechar, como todo lo que pasa por esa trituradora. Quizá las bandas tenían alguna razón al enojarse: no era sólo una moda, al menos no una tan fugaz.

Es cierto que la cumbia está entre nosotros desde mediados del siglo pasado y es, de lejos, el género que más se escucha y vende en la Argentina. No hay novedad en eso, sino en el hecho de que recién ahora un público que venía de la cultura rock empezó a reconocerla como propia (a consumir y producir cumbia). Se nota en la cantidad de orquestas y bandas de ese palo que florecieron en los últimos dos o tres años. Las que tocan cumbia colombiana de la pura: Sonora Marta La Reina, La Delio Valdez, Cumbia Club La Maribel, La Cresta de la Olga. Las que le imprimen un toque de autor: Los Labios, Fantasma, Cumbia Hasta el Lunes y Tita Print. O las que le dan una pincelada latinoamericana, como Chocho Chango, Orkesta Popular San Bomba y Todopoderoso Popular Marcial, una fanfarria tropi-punkosa que toca tinkus peruanos, caporales bolivianos y cumbia mexicana con actitud poguera.

También se dio un regreso de los héroes de la cumbia villera post 2001. Y es así que las canciones de Damas Gratis, Flor de Piedra, Guachín, Supermerk2, Mala Fama y Los Gedes coparon fiestas en las que antes se escuchaban otras cosas. Casi al mismo tiempo, para confirmar ese rescate emotivo, a principios de año arrancó la filmación de la primera película dedicada a la cumbia villera, Alta cumbia, dirigida por Cristian Jure y protagonizada por Martín Roisi, del grupo Fantasma.

Quienes se animan a analizar estas cuestiones dicen que la revalorización de la cumbia tiene que ver con el fortalecimiento de una identidad latinoamericana, que se dio desde los gobiernos de la región durante la última década. Otros, más crueles, piensan que se trata de una nueva lavada de culpas de la clase media, que siempre esconde –y luego redime– los cadáveres musicales de su placard.

De uno u otro modo, la cumbia está entre nosotros. Suena en los ciclos “curados” del Konex, en Tecnópolis y en festicholas del género como La Mágica y La D-Lirante, en donde conviven Riki Maravilla, Pablito Lescano, Meta Guacha y las nuevas orquestas. No, al final no era una moda.

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