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Jueves, 11 de junio de 2015

CIENTIFICOS DEL PALO EN EL MARAVILLOSO MUNDO ANIMAL

“El nuevo rock argentino está en deuda aún en canciones”

Pepo San Martín, voz cantante del trío fuerte marplatense, abre las puertas de su casa para ir a laburar, con seriedad, en esta banda de rock en franca expansión: la política, la paternidad y la profesionalización del oficio del músico, los instrumentos industria argentina y los bardeos del público.

 Por Lucas Kuperman

lEnvalentonada y con formación estable desde 2012 (José Pablo Federico “Pepo” San Martín en violas y voz, Carlos “Popete” Andere en bajo y Sebastián Quintanilla en batería), la banda marplatense Científicos del Palo sigue saboreando los laureles que supo conseguir con su espectacular producción anterior, La histeria argentina, que constaba de un cuaderno de historia con prólogos de Pigna y Brienza, donde se zambullían en el universo histórico nacional en 16 capítulos musicales. Fue un hito en la historia de la banda. Previamente, venían pensando “muy en chiquito”, casi no avanzaban y los pasos que daban eran micrométricos. Pero todo cambió y ahora la ciencia está más al palo que nunca.

Vieron que había público en capital y decidieron jugársela, a tal punto que están a días de afrontar su primer Teatro Vorterix solos, con las credenciales de su quinto disco de estudio, El maravilloso mundo animal (EMMA), una especie de enciclopedia universal en tono dark, que expresa un universo bastante trágico en el que participaron invitados como Ricardo Mollo, Catriel Ciavarella, Pepe Céspedes, Manu Quieto, Balde, Pablo Pino, Lisandro Aristimuño y Luciano Farelli de Parteplaneta entre otros músicos.

EMMA es el resultado de un año y medio de trabajo compositivo. Pepo piensa y dice: “No somos una banda que, al vivir en ciudades diferentes, tenga mucho tiempo de elaboración. Si bien hubo miles de horas de ensayo, no son las que desearía. Por eso los temas fueron compuestos pensando en no cometer el error del anterior, que fue querer llevarlo a un nivel de interpretación para el que no estábamos del todo lúcidos. Acá hay mucha menos cantidad de información. Los temas son más rústicos, pero más sólidos, para que los instrumentos cuajen mejor. Quedó un disco que suena grande, roto y saturado, como me gusta. Estamos realmente felices. Igual ya estoy pensando en el próximo, más que nada porque no hago otra cosa. Encontré una manera genial de vivir: tengo un programa de radio en Mar del Plata, donde increíblemente me pagan. Después, todo el tiempo es jugar con mi hija, y tocar la guitarra. Es todo felicidad”, sonríe el cantante.

EMMA no son sólo las siglas del disco, sino el nombre de la pequeña hija del violero. Así es que el disco sumerge en gran parte de la vida de los San Martín, tanto desde las letras, como por el diccionario ilustrado por Pepo de las palabras que usa su nena, y finalmente en su historia anterior, ya que dedica gran parte de la placa a su abuelo, que en el ‘97 le regalo Herencia pa’un hijo gaucho, de José Larralde, un disco que resignificó al volver a escucharlo y al que dedicó distintas citas “que aportan claridad y belleza en partes iguales” a cada uno de los capítulos de EMMA.

Prólogo da inicio: es una canción sencilla donde se escucha la voz de la pequeña curiosa grabada por Pepo. “Siempre fui de grabarla. Cuando se acercaba la hacía hablar y ponía el micrófono de queruza. Ese día se puso a cantar y me pidió que la grabara. Fue una de las pocas veces, y cuando la escuché me pareció que había algo. El tono es mágico y encastró perfecto. De hecho dice ‘nunca tutau aquí’, que quiere decir que no me vaya, porque los fines de semana me voy a tocar y se enoja, quiere que me quede.”

La incorporación del diccionario de tu hija le da un tono divertido.

–La maestra me caga a pedos porque le tengo que hablar bien, pero en mi casa hablo como ella. Tengo muchas de sus palabras y con mi mujer hablamos así. Quería que fuera parte y me gustó la idea de que se conociera un poco cómo habla. Básicamente, porque más allá de que lo disfrutara ella, tenía que pensar en que eso lo iban a ver otros marcianos y tenía que tener más o menos un contexto que explicara para qué mierda lo hice.

¿Qué ves de animal en este mundo actual?

–Quería explicarle a mi hija que el universo es bastante trágico. Hace bastante que soy padre, y si vivís y prendés la tele, a veces se hace muy difícil disfrutar. Quería dejarle en claro que, a pesar de ser una mierda, hay momentos épicos en la vida. Que aceptara algunos consejos torpes y que viera que a pesar de la tragedia constante, hay momentos buenos. Es un disco denso, y varios temas son los más oscuros que hicimos. No es casualidad: estamos hablando de la vida, de la sociedad. El miedo a la muerte es trágico, pero un niño todavía no está pensando en eso. El miedo a la vida es complejo. El primer tema dice “Cuidado con los planteos conservadores y con el vértigo de los emprendedores”, la idea es tampoco descontrolarse en la búsqueda frenética de novedades. ¡Al final parezco un padre de los conservadores, jajá!

En todos estos años, la banda dejó claras sus posturas políticas. Con más de una década de kirchnerismo en el gobierno, Pepo asegura seguir con esperanzas: “Se pierde distancia porque estamos siendo contemporáneos. Pero no sé si ha pasado en otra época de la historia de gente que haya estado tantos años ahí arriba y siga enamorando y dando ganas, que continúe, me parece increíble. Creo que los lineamientos se han mantenido, nunca vi agachadas violentas que me hayan dejado en offside. A mí, el kirchnerismo me sigue convenciendo. Tengo críticas, pero tampoco puedo pretender que se adapten a mí. Me parece que se viene una adaptación del modelo, a priori un poco más áspera, que me parece que no es lo que hubiera soñado. Lo que veo desde mi ignorancia es que voy a tener que votar cosas que por ahí no me hacen del todo feliz. Sí veo a futuro algo que le pasó al peronismo en su momento: un poco de rigor, y habrá que adaptarse”.

También son serios defensores de la producción nacional de instrumentos, y de hecho los usan.

–Realmente se hacen cosas muy buenas acá. Hubo un cambio. Pasamos de un estadío de un rock que los periodistas llamaban “barrial”, más basado en el aguante que preocupado por lo que pasaba sobre el escenario, y ahora hay otra movida. Me parece que Eruca Sativa hizo algo: marcó un estándar de trabajo que muchos pibes tomaron como bandera. Empezaron a pensar en retornos intra auriculares y baterías hechas acá que son muy profesionales, y en una forma de trabajar y fue como una reacción. Igualmente, siento que el nuevo rock argentino está en deuda aún en canciones. Sigo escuchando Los Piojos y por más que nunca los fui a ver, siento que hacían canciones muy de verdad. No veo que el nuevo rock hayamos hecho eso. Pero capaz es porque lo estoy viendo ahora, siendo parte. Por ahí, dentro de 15 años cambio de opinión. Pero sí veo ese rescate, al que nosotros llegamos tarde. Tuvimos muchos años de tocar mal, ensayando poco, con instrumentos cagados a palos.

¿Notás cierta profesionalización en los que respecta a las nuevas bandas?

–Sí, hay un absoluto respeto de un gran sector de bandas de tener una estructura con sonidista, manager, plomos, tocan con pistas y te rompen el ojete. Cuando conocimos a Gabi, de Eruca, nos dijo que teníamos que dejar de sonar como el orto. Para mí grabar un disco era ir, tocar, hacer copias para vender y listo. El nos dijo que había que poner guita. Cuando nos pasó el presupuesto, le dije: “Estás drogado”. Ahí nos dijo que es mejor deberle a todos y que te quede algo épico. Y tenía razón. La histeria argentina nos dejó una marca y aprendimos. Este fue el primer disco al que fuimos con un criterio de producción, de saber cómo queríamos que suenen los temas. Esas son cosas que las bandas nuevas ya saben. He estado de gira con Divididos, toqué en estadios con ellos y no me fijaba, por ejemplo, en que tenía que tener a alguien que me alcanzara las guitarras. Eso lo aprendí cuando lo vi en un terreno más under. Por ejemplo, en las salas MCL se produjo un roce con otras bandas que te hace mejorar. Ves como tocan y querés eso. Es un roce por comparación. A mí me ha influenciado, por ejemplo, Parteplaneta, que es una banda infinitamente más joven que nosotros.

¿Y qué cosas que no te convenzan ves en las bandas nuevas?

–Las bandas nuevas a veces van a tal peluquería o usan cual buzo o les ofrecen zapatillas, pero el que nos va a ver a nosotros se acostumbró a esto, ¡nos cagan a puteadas si aparecemos agradeciendo las zapatillas! Hay ciertas cosas que tomamos y deformamos. Este es el primer disco que edita un sello (S-Music), si bien es nuestro, lo fabrican y tienen una estructura. Ahora tenés que seguir remando solito, pero sabes que vas a una oficina donde hay alguien que sabe que existís y está haciendo cosas por vos.

¿Es más difícil desarrollarse al vivir en distintas ciudades?

–Vivir en Capital te da cierto roce, ese lobby del rock que no tenemos. Las bandas que vienen a vivir acá, a los dos años tienen mil amigos músicos, productores y técnicos. Esa telaraña no está y la vas ganando más lentamente. Lo que está bueno de vivir afuera es que sabés que las chances son muy pocas, y cuando tocás tenés que hacerlo bien.

Padre de familia

Un gran apellido conlleva una gran responsabilidad, y Pepo lo sabe: “No hubo mucha mística en mi familia por el apellido, pero a mí me pegó. Parece una pelotudez, pero cuando veo escrito mi nombre, me emociono. Es un peso violento. Poder hacer más San Martines es un honor. Con mi hija, el apellido se perderá, pero ya hice un varón para continuarlo. Es muy conmovedor poder portar ese apellido, ¡habiendo nacido un 17 de agosto! Es deforme. Mi viejo por ahí me hace algún comentario acerca de si merezco el apellido o no, pero en joda. Es un tipo que le tiene fobia a la gente, por suerte no iría a mis shows a putearme”, asume con orgullo.

¿Nunca los vio en vivo?

–Sí, alguna vez cuando éramos adolescentes. Pero en esta etapa nueva con público, nunca. Le hice un tema, lo sabe y me respeta. El piensa que somos más grossos, pero aunque trato de decirle que no, supone que todo es más grande. Mi familia siempre me apoyó. Hace muchos años estaba medio perdido y le dije a mi vieja que iba a empezar a trabajar. Me respondió: “¿Te parece? Seguí con lo tuyo, no seas pelotudo”. Siempre me tocó la versión inversa. Mi viejo es escritor y de él aprendí a no trabajar. Siempre me inculcó eso. Mi vieja es periodista, tenía una empresa en Mar del Plata, vendió todo y se fue a vivir a Merlo, a empezar de nuevo. Cuando pienso que me va mal, veo ahí un ejemplo. Me acuerdo de estos dos hijos de puta, en cómo mi padre se las arregló para no trabajar o cómo mi vieja, a los 60, vendió todo y se fue a probar a otro lado. Me emociona. Es una gran enseñanza.


La cosa pública

Su público tiene una forma muy particular de expresarse hacia ustedes, a través de un bardeo constante, ¿ya no se respeta a los ídolos?

–Totalmente, jajá. Esto arranca en Mar del Plata, en los primeros shows. Fue una forma de reaccionar ante esa postura rocker, que me da vergüenza. Igual se fue de mambo, porque ahora lo único que hacen es destacar si estamos gordos o pelados, jajá. Es la forma que tienen de participar. Igual si están muy densos, trato de meter unos correctivos y encaminar la cosa. Hicimos la presentación de La histeria argentina, donde se abría el telón y teníamos unos trajes épicos, y se escuchaba: “¡Putos! ¡Sáquense eso, caretas, si son horribles”. Cuanta más producción tenemos, más se ofenden. Es bizarro, pero me causa gracia.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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