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Jueves, 7 de abril de 2016

EL HEREDERO DE MARíA FERNANDA ALDANA

BAM BOOM

Su hijo con Ezequiel Araujo se reveló como precoz artista y diseñador y terminaron exponiendo juntos.

 Por Santiago Rial Ungaro

“En uno de mis primeros origamis quería hacer un hombre lobo, pero como lo doblé de otra forma, intenté hacer una nave espacial. Y no me quedó muy bien, así que lo terminé convirtiendo en un pato”, dice Bam Araujo, hijo del músico y productor Ezequiel Araujo y de la multifacética María Fernanda Aldana, con quien compartió la muestra Azules infinitos, que incluyó origamis, pinturas y proyecciones súper 8 a cargo de Marisa Aller (estuvo la semana pasada en la Galería Cristal del Patio del Liceo).

Aunque es más conocida como bajista y cantante de El Otro Yo, María Fernanda –que el año pasado publicó tres hermosos discos solistas, de mantras, de música electrónica y de canciones en francés de Gainsbourg, AIR, Nico y Edith Piaf– siempre se hizo tiempo para cultivar sus visiones plásticas: “Todos los años hago al menos una muestra. Pinto desde chiquita y tuve la suerte de poder ir a la Escuela de Bellas Artes y recibirme, así que adonde me inviten o en algún recital siempre muestro mis obras”.

Por su lado, el joven Bambú (que cumplió 17 hace unos días) expuso en 2008 algunos inventos hechos con materiales reciclables, se da maña con la metalurgia y hace espadas y cuchillos, y sorprende con su admiración por Nikola Tesla, célebre por sus invenciones en el campo del electromagnetismo: “Los métodos con los que se produce la electricidad son muy costosos a propósito, para poder cobrarla más: es mucho más fácil mantener un panel solar que un generador gigante, y la tecnología para hacerlo existe. Se puede usar energía mareomotriz o geotérmica”, explica didáctico y revolucionario este alumno de la Escuela Cooperativa Técnica de Los Andes, Bariloche, a donde se fueron a vivir hace unos años.

Allí descubrió hace cuatro años el origami, práctica de origen japonés que consiste en el plegado de papel sin usar tijeras ni pegamento para obtener figuras de papel: “Me puse a investigar en internet y fui aprendiendo un montón: en general los modelos más complejos se consiguen sólo en libros muy caros, pero a alguien se le ocurrió sacarles fotos y subirlas y ahí encontré un montón de modelos complejos”, advierte y señala al origamista Robert J. Lang como inspiración.

Bam se anima a diseñar sus propios modelos: “En general se hace con modelos matemáticos, pero a veces cuando hacía uno siguiendo las instrucciones me preguntaba cómo podía quedar si doblaba de otra forma”. De sus manos salieron godzillas, aliens, perros, gatos, dinosaurios, dragones, pájaros y arbolitos de Navidad. Ahora, fantasea con hacer origamis de metal: “El hierro está carísimo, así que uso el que encuentro en la calle”.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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