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Jueves, 6 de octubre de 2016

WRITING ON THE CITY, EL GRAFITI EN IRAN

Demostración de caracteres

El festival de Cine Migrante tendrá películas como ésta sobre el uso político de la escritura en paredes que le valió prisión y latigazos a su director.

 Por Luis Paz

Parkour, grafiti, chapes contra la pared del boliche, redes sociales digitales, ahí va la juventud, enamorada siempre del muro, oráculo para tapas de discos de punk ramonero, cumbia villera o rocanrol barrial. De la medianera berlinesa a la muralla china y de la idea discográfica de Roger Waters a la solución final contra la inmigración de Donald Trump, pasando por los rosarios en el muro del rock argentino ochentista y los L1+X del Winning Eleven, la pared es nuestra, ahora y siempre, y por intermedio suyo decimos: el ser humano se inventó un corral que a la vez es lienzo.

En pocos sitios esto resulta tan definitivo como en Teherán, centro empalizado de una de las sociedades más oprimidas y encorsetadas religiosa, política, administrativa, cultural y sexualmente, y donde cualquier paredón vale para tirarse un pedo conceptual en los pulmones de ese sistema. El cineasta kurdo-iraní Keywan Karimi se propuso registrar y contar, mediante los muros, la historia sociopolítica, caligráfica y cromática de esta ciudad, ese país y aquella región en los últimos 40 años. Por ese trabajo, que pasó por el último Bafici y estará en el festival de Cine Migrante, se ganó una condena a prisión y 223 latigazos, debido a “hacer propaganda contra la República Islámica”.

De la revolución contra el Shá de 1979 a la Verde de 2008, Writing on the City registra contraluces de una solución cultural (el grafiti) demasiado evasiva de conclusiones. El uso particular se pierde en la infiltración del gobierno y sus pandillas con aerosoles: ¿cuánto de lo escrito en las paredes iraníes es carta abierta por los derechos humanos, cuánto propaganda, cuán mentira es la mentira y cuán verdad la verdad cuando hasta rating y fútbol se dirimen por centímetros cuadrados pintados? ¿Y cuánto sirven los ladrillos cuando las redes sociales son filtradas, suspendidas, manipuladas?

En una hora, Karimi expone calles, voces, miradas desviadas, pero sobre todo caracteres. Gorditos, salvajes, políticos hasta lo indescifrable, un código secreto de una giga-sociedad (Medio Oriente) a la que los medios de Occidente le habilitaron debates, movimientos institucionales y revoluciones, pero de las que desconfían. El grafiti sale de la mente o del pecho o de los cojones, toma las manos e impregna en la pared. Pero la película de Karimi es sobre la libertad de expresión, no sobre el arte urbano ni el mesianismo, un testimonio sobre los métodos de la comunicación joven y citadina, un registro casi insospechablemente contemporáneo sobre cuánto cambia ofrecer las ideas a amigos, conocidos y favoritos u ofrecerlas al desconocido. Algo así como el plan de que el grafiti sea el otro.

* El séptimo Festival Internacional de Cine Migrante irá del 11 al 17/10. Agenda en cinemigrante.org.

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