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Jueves, 2 de febrero de 2006

AGUAS (RE) FUERTES

Febrero

 Por F.D.G.

Cuando el campeonato al mejor culo es historia, cuando la belleza del verano y el joven musculoso en musculosa están de vuelta en la Ciudad, cuando el amontonamiento playero y la gira de drogas sintéticas dejan paso a quienes quieren descansar de un año a fondo, cuando terminan esas vacaciones a fondo, esas vacaciones que te vende la publicidad de cerveza, esas que más que vacaciones son una carrera por quién gasta más, por quién hace más, por quién se muestra más, cuando todo eso termina, cuando la ficción de los desfiles y la congestión en las rutas ya fue, entonces, y sólo entonces, empieza febrero. Y empieza otro verano. Y las cuatro por cuatro dejan de copar la costanera y empiezan a aparecer las chicas en bicis playeras. Y las marcas y sus promotoras se van porque los superconsumidores de enero se fueron, porque ahora en febrero los consumidores más que gasoleros son a gas. Sanguchitos al mediodía, unos dados y un mazo de cartas, mate y bizcochitos, una pizza a la noche, un alfajor de postre. Enero es distinto. Su lógica en la costa atlántica sigue la vorágine de diciembre en la ciudad. Fiesta, exceso y resaca, fiesta y resaca hasta que es más resaca que fiesta y entonces ya estás de vuelta. Pero ahora es febrero y el mar está mejor que nunca. Y el clima también. Y los que viven en la costa también, porque saben que el porteñito arrogante volvió al lugar de donde vino, aunque ahora, en febrero, también hay porteños, también pibes y pibas y de todas las edades, pero son distintos. Más parejitas, más libros, diario y generala que Gente, Caras, Paparazzi. Más que mirar al otro, en febrero lo único que se impone es mirar el mar. Y meterse. Marrón, verde, turquesa, nunca se sabe. Tranquilo, dudoso, peligroso, los bordes del Atlántico te atrapan. Picado, a veces con canaletas traicioneras y chupones del demonio, es bueno de vez en cuando sentir la fuerza del mar. Y barrenar olas. Porque el barrenado es un auténtico deporte popular, que no reconoce clase, religión ni bandera. Sólo el cuerpo y el mar. Ahí viene una buena. Cuidado. Un poco más al fondo que si no me rompe en la cabeza. Guarda. Dale. Panza abajo, bracear un poco, manitas al costado y cabeza afuera, si es posible con los ojos abiertos. Tipo foquita, hasta el final. Qué buena ola. La mejor del verano.

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