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Jueves, 25 de septiembre de 2014

ANTIBALAS AFROBEAT ORCHESTRA Y EL AFROBEAT EN EL SIGLO XXI

“En Estados Unidos se vive la dictadura de las multinacionales”

Ajustado tanto al espíritu crítico como a la naturaleza psicodélica y bailable del afrobeat, el comando musical de Brooklyn mantuvo el fuego ilimitado del afrobeat con sus cinco álbumes y sus constantes giras.

 Por Yumber Vera Rojas

Desde Barcelona

En 1998, mientras Femi Kuti sacudía los cimientos del afrobeat al entrar a la pista de baile con su álbum Shoki Shoki a pocos meses de la muerte de su padre, The Daktaris presentó Soul Explosion, un “disco de culto” no sólo porque fue el único que grabó el combo de Brooklyn, sino debido a que su repertorio sazonaba al ritmo africano con condimentos de deep funk y soul desde una perspectiva moderna y cosmopolita, fórmula que fue remedada en los 2000 por la nueva generación de artistas occidentales. Si bien el proyecto surgió como un antojo de los músicos y colaboradores del ensamble neoyorquino The Soul Providers, al punto de que se hicieron pasar por nigerianos durante la promoción del material, esa primavera algunos de los componentes de ese laboratorio sonoro, comandados por Martín Perna, fundaron Antibalas Afrobeat Orchestra: el grupo que introdujo el género al siglo XXI.

Un lustro después de la aparición de Security, en 2007, el combo estadounidense registró su quinto álbum, Antibalas, que aún los tiene de gira y en el que se reencontró con su ex guitarrista y productor, amén de creador de The Daktaris, Gabriel Roth, también conocido como Bosco Mann. “Ese disco sirvió de pretexto para volver a trabajar con Gabriel. Los Dap-Kings, la formación que acompaña a Sharon Jones, y que él lidera, al igual que TV On The Radio y Antibalas, nacieron bajo el mismo techo en Brooklyn. Aunque somos hermanos, es difícil hacer algo juntos porque siempre está ocupado”, explicó Perna al NO momentos antes de actuar con su banda en el festival catalán Primavera Sound 2014. “Debido a que muchos de los músicos del grupo tienen otros proyectos, lo que dificulta que estemos todos juntos en el estudio, publicamos nuestros discos tan espaciadamente. Y eso es muy frustrante. Así que grabamos algunas canciones nuevas que verán la luz a principios del año que viene en un disco o como sencillos. Todavía no lo sabemos.”

Además de su categoría de pionera del afrobeat moderno, otro de los rasgos que distingue a Antibalas es su identikit latino: aparte del origen de sus integrantes (Perna es de ascendencia mexicana, aunque nació en Filadelfia), hay canciones del temple de Che che colé, clásico de la salsa de Willie Colón y Héctor Lavoe del que la agrupación hizo un cover en clave de makossa camerunés. “Todo depende de quién escribe el tema y de cómo lo sentimos”, señala el saxofonista, ingeniero y director del combinado. “Antibalas es muy parecido a la Fania All-Stars porque cada uno de nosotros tiene grupos paralelos y provenimos de diferentes lugares. Si bien pude darle otro nombre a lo que hacemos, somos proficientes del afrobeat clásico debido a que no tenemos problema en sonar igual que Fela porque conocemos su catálogo como si fueran estándares de Duke Ellington o de John Coltrane. Pero en Security, que produjo John McEntire, de Tortoise, demostramos nuestro deseo de experimentar y de no quedarnos con un sólo punto de vista.”

A pesar de que propone una perspectiva contemporánea del afrobeat, Antibalas se aferró al metrallazo político que el creador del género impregnó en su discurso, interpretado además, como lo estableció Fela, en un respetuoso pidgin nigeriano (inglés coloquial). “En Estados Unidos vivimos otra dictadura, la de las grandes multinacionales. Ese poder está oculto y hay que captarlo y acercarlo de manera diferente”, expedita el líder de la agrupación que participó en 2010 en Fela!, musical de Broadway producido por Jay Z y Will Smith. “Nos estamos pareciendo cada vez más a Nigeria a causa de la corrupción, del abuso de poder y de la aniquilación de los recursos naturales. Nuestras canciones hablan de paz, y eso no es popular porque siempre estamos en guerra contra otro país, contra el terrorismo organizado o contra la droga. Por eso elegí ese nombre para el grupo, por su doble sentido, pues nuestra música trata acerca de la resistencia, al tiempo que es un chaleco, un vidrio antibalas que repulsa la violencia imperial.”

Luego de que Fela advirtiera que el estilo que acuñó sería el arma del mañana, Miles Davies catalogó al afrobeat como la música del futuro. “Este sonido no tiene límites”, afirma Perna, que al tiempo que encabeza Antibalas construye casas de superadobe y lleva adelante el proyecto Artists in Hospitals. “Se trata de una música muy sofisticada que va a tener una vida larga porque ofrece muchas posibilidades instrumentales.” Aunque el desembarco en la escena de Seun Kuti, el menor de los vástagos del autor de Expensive Shit (1975), se tornó en una garantía para la supervivencia del hipnotizante y sedicioso ritmo africano. “Me alegra mucho la aparición de Seun porque era necesaria. Cuando nos conocimos hacía rap y electrónica en Inglaterra y había dejado el saxo. Pero un amigo de su padre le pidió que lo llevara para que lo tocara en un show nuestro, en 2003, y lo hizo súper bien. Unos meses después se fue a Nigeria, reformuló Egypt 80, y comenzó a girar.”

Si bien la popularidad del afrobeat en Estados Unidos creció en la última década, Perna, quien estuvo en Buenos Aires en 2006 como músico invitado de TV On The Radio, está convencido de que el género nació en Los Angeles. “Hablé con trompetistas de Fela que me contaron que en 1969 tuvieron una residencia de casi seis meses en esa ciudad que fue muy influyente. Fue un período en el que aprendieron de James Brown, y él de ellos, y en el que pasaron de llamarse Koola Lobitos a Africa 70, comenzaron a fumar marihuana y su sonido se hizo más psicodélico.”

Lo que no cambió desde esa época hasta ahora es lo complejo que resulta para una banda del palo tocar en vivo. “Somos doce músicos en escena, por lo que es difícil salir de gira y ganar dinero. Esto lo hacemos por amor”, apunta el también creador del proyecto Ocote Soul Sound, que en su rol de sesionista colaboró con The Roots, Public Enemy, Scarlett Johansson y en el disco Love This Giant, de David Byrne y St. Vincent. “Un buen concierto de Antibalas dura tres horas, pero en los festivales tocamos una. Y eso es como tener sexo sin previa.”

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