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Domingo, 13 de marzo de 2016

SALí

BARES DE ANTES

 Por Sebastián Laffaye

LA TORTILLA DE LOS DIOSES

Jorge bromea: “Yo nací acá, detrás del mostrador”. Parte de una familia de bolicheros, pasó su vida detrás de la barra: su padre fue uno de los tantos emigrados españoles que primero trabajaron y luego compraron buena parte de los bares y restaurantes en los alrededores de Avenida de Mayo.

La Embajada ocupa la planta baja de un señorial edificio de 1913, obra de los Ingenieros Fox y Damianovich. A la usanza de la época, los mismos dueños atendían la provisión en la esquina de Santiago del Estero. Si bien la despensa cerró hace años, el despacho de bebidas se mantiene firme frente a la aplanadora de los potus, espejos y dicroicas que llegaron para uniformar a la mayoría de bares tradicionales porteños. Madera en las paredes, las pizarras de siempre con los precios actualizados y la barra de mármol en forma de “L” le dan su impronta indeleble.

Por la mañana café, medialunas y algún tostado, aunque lo interesante aparece al mediodía, en el menú se anuncia en el pizarrón: un cuarto de pollo al ajillo ($75), pan de carne con puré ($65) o un bife de cuadril encebollado ($85), todo servido en porciones generosas y preparado con buena mano. Pero la estrella de La Embajada es la tortilla, de las mejores de la ciudad: de más de cinco centímetros de altura, con la proporción justa de huevo y papas, tropezones de chorizo colorado, cebolla y pimiento rojo, sale en un punto perfecto, tibia, con el huevo no del todo cuajado pero sin chorrear. La más que generosa porción, acompañada de jamón crudo bien cortado y de buena calidad, sale $75, en una relación precio calidad difícil de superar en la zona. Eso sí, se recomienda llegar temprano, es el plato estrella de la casa y se acaba.

Mientras que al mediodía la mayoría de los comensales escancia vino con soda –y muchos también agua o gaseosa–, cuando el sol cae arremete la hora del vermú (desde $30, los ingredientes $20 extras), entre ellos el eterno Cinzano cortado con fernet ($45).

Comida rica, porciones abundantes y buenos precios. Receta infalible que para que la mesas se llenen cada mediodía.

La Embajada queda en Santiago del Estero 88. Teléfono: 4381-1520. Horario de atención: lunes a viernes de 8.30 a 20.


NOSTALGIA COLOR AZUL

Entre Alicante y Valencia, sobre la costa española del Mediterráneo, Mar Azul es un diminuto balneario que da nombre a este bar notable, uno de esos que se resiste el paso del tiempo a fuerza de mantener el ambiente de antaño con una clientela fiel, sin sorpresas ni firuletes de (pos)modernidad.

En un edificio de la década del 40, con mesas en la vereda y su nombre grabado en azul en el frente de la construcción, este bar en esquina despacha a gente del barrio, abogados de tribunales y simpatizantes radicales del comité que se encuentra a metros sobre Tucumán. De las paredes cuelgan publicidades y portadas de revistas del como Rico Tipo, Labores o Revista Argentina, mientras que el menú es “auspiciado” por Fijador Glostora y Casa Testai.

Costumbre casi perdida, cada día tiene su plato ($89): martes, guiso de mondongo; miércoles, pastel de papas; jueves, lentejas. No importa la estación del año, todos son religiosamente engullidos por los habitués. Más allá de estas especialidades, la carta pasea por varios de los clásicos porteños: bifes, milanesas, tortillas, pechuga grillada. Hay una sandwichería correcta con fiambres generosos en pan francés, árabe o pebete. Destacan el simple de miga con atún y crema ($60) y las cada vez menos usuales traviatas con jamón y queso. Y, si se trata de ponerse nostálgicos, se puede merendar una Cindor ($49) con bay biscuit ($14), ese bizcocho dulce y crocante con sabor a infancia.

De beber, algunos vinos a precios un tanto elevados, licuados de naranja y banana ($70) o cerveza Quilmes de litro ($80). Y, por supuesto, aperitivos como Hesperidina, Legui o Mariposa, que reinan en una barra ajena al paso del tiempo.

A caballo entre Tribunales y las facultades de la zona, Mar Azul resulta una buena opción para apurar un plato de cuchara en estos primeros días de otoño o para recuperar fuerzas en la vuelta a casa, con vermú y triolet mediante.

Mar Azul queda en Tucumán 1660. Teléfono: 4374 0307. Horario de atención: lunes a viernes de 7 a 21 y sábados de 8 a 15.


UN REFUGIO SILENCIOSO

El cruce de las avenidas Pueyrredón y Santa Fe, siempre tan comercial y caótico, ha ido cambiando de apariencia a lo largo del último medio siglo. Pero poco y nada se modificó en Oviedo, bar que desde 1969 mantiene su impronta intacta, compuesta de una barra mostrador con banquetas, mozos de uniforme, medialunas bajo la campana de cristal, botellas en las paredes y un servicio amable aunque algo distante. La única concesión: la televisión, en silencio, exhibiendo desde su pantalla las carreras o el partido del día.

Lo primero que sorprende de Oviedo, apenas se traspasa la puerta, es el silencio que se impone, y que los oídos agradecen en una zona en permanente caos vehicular. Silencio que resulta ideal para el estudio y la lectura, sin siquiera música de fondo ni ruido de ambiente que moleste.

El horario es extenso y el público cambia a lo largo del día, si bien en general se trata de un mix variopinto e inclasificable. Desde parroquianos acodados sobre la barra apurando una ginebra hasta ejecutivos en búsqueda de un almuerzo, sin descontar, ya de noche, al público de los boliches gay de los alrededores.

Siempre hay un plato del día, que puede ser una colita de cuadril con papas ($85), algún guiso en invierno o una pasta, recetas simples y directas. Pero oculto en el extenso menú, se esconde la perla del lugar: el especial de lomo ($75). Un generoso bife de verdadero lomo vacuno, de un dedo de ancho, servido en el punto pedido, vuelta y vuelta (se recomienda pedir que el pan sea tostado aparte). Nada más, y nada menos, para completar este manjar, que –a pesar de su simplicidad–, no es fácil de conseguir en la ciudad sin caer en las suelas pasadas de punto, en general de lomitos apócrifos.

Con tantos años en sus espaldas, y aunque pase desapercibido para muchos de los transeúntes de esta esquina acelerada, Oviedo es un reducto donde vale la pena detenerse, para un almuerzo rápido, ojeando el diario del día.

Bar Oviedo queda en Av. Pueyrredón 1384. Teléfono: 4821-9789. Horario de atención: lunes a sábados de 6 a 1.


Fotos: Pablo Mehanna

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