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Domingo, 20 de noviembre de 2005

VALE DECIR › ATENTADOS

Tiro al presidente

Cuando en mayo de este año le tiraron una granada en la plaza de la Libertad en Tbilisi, en Georgia, George W. Bush se transformó en el presidente norteamericano número quince que fue blanco de un intento de asesinato. En la plaza en la que les hablaba a miles de georgianos, Bush tuvo suerte, porque la granada no explotó. Sus antecesores Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy no tuvieron tanta suerte. Los otros diez afortunados en zafar fueron:

Andrew Jackson, 30 de enero de 1835 En esos tiempos sencillos, el presidente Jackson iba caminando bajo la nieve desde la Casa Blanca hasta el Congreso, cuando un pintor desocupado le gatilló dos veces con su revólver a corta distancia. El revólver de Richard Lawrence no andaba bien y ambos disparos fallaron. El pintor de brocha gorda fue reducido por algunos transeúntes y fue la primera persona en Estados Unidos en ir a juicio por intento de magnicidio.

Franklin D. Roosevelt, 15 de febrero de 1933 Recién electo por primera vez y a días de asumir el cargo, Roosevelt recorría Miami en un convertible cuando el albañil Giuseppe Zangara abrió fuego con un revólver calibre 32. Zangara erró los dos tiros que alcanzó a hacer, pero se los pegó al intendente de Chicago, Anton Cermak, que acompañaba al presidente electo. Cermak agonizó tres semanas.

Theodore Roosevelt, 14 de octubre de 1912 Inspirado por un sueño, el barman John Schrank le pegó un tiro en el pecho al presidente durante un acto de campaña en Milwaukee. Roosevelt sobrevivió en parte porque llevaba en el bolsillo interno del saco su discurso de 50 páginas, lo que frenó un poco la bala. Como era un duro de aquellos, Roosevelt leyó el discurso agujereado y manchado de sangre y sólo cuando terminó se fue, ovacionado, al hospital.

Harry Truman, 1º de noviembre de 1950 Este es el único atentado con alguna intención remotamente política de esta lista. Dos nacionalistas portorriqueños, Oscar Collazo y Griselio Torresola, se metieron en Blair House, el edificio presidencial vecino a la Casa Blanca, donde Truman dormía la siesta. La custodia de la policía y del Servicio Secreto repelió el ataque y todo derivó en un formidable tiroteo en el que hubo un policía muerto y dos heridos. Torresola también murió y Collazo fue capturado.

Richard Nixon, 22 de febrero de 1974 Samuel Byck ya venía siendo investigado desde 1972 por amenazar públicamente al presidente cuando se subió a los tiros a un avión de línea en Baltimore y ordenó que despegara para estrellarlo en la Casa Blanca. La policía se rehusó a remover los bloques de las ruedas y Byck mató a los pilotos y se pegó un balazo. El desquiciado Byck inauguró una década abundante en atentados.

Ronald Reagan, 30 de marzo de 1981 Pensando que Jodie Foster le daría bola, John Hinckley Jr. abrió fuego contra el presidente cuando salía del Hilton de Washington. Alcanzó a disparar seis veces, le pegó una vez en el pecho a Reagan (que se recuperó) y dejó paralítico a su secretario de Prensa, James Brady.

Gerald Ford, 5 y 22 de septiembre de 1975 En un mes, el heredero de Nixon escapó dos veces de la muerte. La primera, en un parque en Sacramento, donde una discípula de Charles Manson, Lynnette Fromme, logró acercarse al presidente y sacó una 45. El servicio secreto la redujo antes de que pudiera hacer fuego. Apenas 17 días después, la estudiante de enfermería y militante radicalizada Sara Jane Moore alcanzó a disparó una vez contra Ford con su revólver .38 cuando el presidente salía de su hotel en San Francisco. El tiro falló porque un transeúnte le pegó en el brazo.

George Bush (padre), 14 de abril de 1994 El mismo día en que el ya ex presidente iba a hablar ante una clase en la universidad de Kuwait, la policía encontró un coche bomba armado y listo a detonar. En las horas siguientes hubo 16 arrestos y se reconstruyó un complot para matar a Bush.

Jimmy Carter, 5 de mayo de 1979 Diez minutos antes de que el presidente llegara a un estadio donde iba a hablar en Los Angeles, la policía arrestó a Raymond Lee Harvey, un desocupado que llevaba una pistola calibre 22. Harvey enseguida admitió que había sido contratado junto a otro tirador que ya estaba entre el público para crear una “diversión” que permitiera que dos asesinos profesionales mexicanos mataran al presidente con rifles de alto poder.

Bill Clinton, 29 de octubre de 1994 Francisco Martín Durán, un tapicero desocupado, abrió fuego con una ametralladora contra “hombres de traje oscuro” en el jardín de la Casa Blanca. Durán pensaba que uno era el presidente, que en realidad estaba viendo un partido en la televisión de su dormitorio. Durán fue tackleado y reducido por unos turistas que sacaban fotos.

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