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Domingo, 27 de septiembre de 2015

ARTE > FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS

EL HUEVO Y LA GALLINA

Pionero del arte conceptual argentino, dandi rebelde, Federico Manuel Peralta Ramos ganó en 1965 el premio Nacional Instituto Di Tella con Nosotros afuera, un huevo gigante que una cuadrilla de albañiles terminó de construir en la sala y fue destruido para sacarlo del lugar. Por estos días se puede ver en el Malba una reconstrucción de ese mítico huevo en la muestra La era metabólica, que incluye más obras de Peralta Ramos, además de trabajos de Eduardo Navarro, Petra Cortright, Marcelo Galindo, Takeshi Murata y William Wegman, entre otros. La curadora Chus Martínez habló con Radar sobre la relevancia de la obra del pionero argentino en este presente hipervinculado y por qué ese huevo y su osadía predijeron la aparición de Internet.

 Por Marina Oybin

Federico Manuel Peralta Ramos no sólo se adelantó al arte de su tiempo. Chus Martínez, actual directora de la Academia de Arte y Diseño de Basilea (Suiza), ex curadora del Museo del Barrio (Nueva York) y del MACBA (Barcelona) relaciona la obra Nosotros afuera, del artista argentino nacido en 1939, con las investigaciones de Douglas Engelbart, el padre del hipervínculo.

Pionero del arte conceptual en nuestras pampas, showman, bon vivant, conversador empedernido, FMPR unió arte y vida. Innovador dandi de infaltable traje azul, jamás abandonó la mirada lúdica, curiosa. Lo suyo fue el razonamiento a contrapelo. Es más: se metió con el sinsentido. Escribió los “Mandamientos Gánicos”, hizo performances, actuó en tevé, grabó un disco con sus “canciones no figurativas”: “Soy un pedazo de atmósfera” y “Tengo un algo adentro que se llama coso”. Para afirmar que el “objeto es el sujeto”, se expuso a sí mismo en el CAyC.

MARCELO GALINDO

Cuando le consultaron por qué usó el dinero que le otorgó la beca Guggenheim para dar una descomunal cena para sus amigos en el Hotel Alvear, espetó: “Leonardo Da Vinci pintó ‘La última cena’, yo la di”. Indignada, la Fundación Guggenheim solicitó la devolución de al menos 3 mil dólares: la respuesta enviada por Federico determinó que nunca jamás la fundación volviera a pedir rendición de cuentas por el uso del dinero.

Cuando en un remate en la Sociedad Rural compró un toro en más de un millón de pesos sin tener cómo pagarlo, su hermano lo ayudó a salir airoso del asunto. Pero, para no ir a juicio, tuvo que pasar una temporada en una clínica psiquiátrica. Inolvidable fue aquella vez en que llevó unas obras para su muestra en la galería Witcomb. Comprobó que no pasaban por la puerta: a serruchazos limpios las cortó en dos partes para que entraran.

En 1965, ganó el Premio Nacional Instituto Di Tella con “Nosotros afuera”, un huevo gigante mix de yeso y mampostería que una cuadrilla de albañiles terminó de construir a contrarreloj en la sala. El huevo se resquebrajó inesperadamente en medio de la exhibición. Finalmente, Federico lo destruyó para sacarlo del lugar.

Con curaduría de Chus Martínez, por estos días en el Malba se puede ver La Era metabólica, que incluye una reconstrucción de aquel huevo. Se exhiben también “Mi vida es mi mejor obra de arte” y “Mandarina cósmica” (dos pinturas de FMPR), una obra de Eduardo Navarro y una de serie de videos de Petra Cortright, Marcelo Galindo, Takeshi Murata, Wilfredo Prieto, Jon Rafman y William Wegman. “Two dogs and ball”, de Wegman, es un video poético, tierno y al tiempo crítico que pone el foco en el disciplinamiento y la sujeción.

Estático y monumental, el huevo se contrapone a la cascada de imágenes digitales. Para Chus, lo digital expresa la capacidad máxima de la metamorfosis presente en nuestra cultura: “Lo mas interesante es el híbrido: desde la mujer con la cabeza de medusa hasta la madre–padre de Kim Kardashian. Esa construcción metamórfica tiene un paralelo en el huevo”

PETRA CORTRIGHT

Chus Martínez integró la lista de la revista Art Review como una de las cien personas más influyentes del mundo del arte. Fue curadora de exposiciones de la Documenta 13 (2012). Para la Bienal de Venecia, curó los Pabellones de Cataluña (2015, junto a Albert Serra) y Chipre (2005). Fue asesora curatorial de la Bienal de Estambul. En su paso por Buenos Aires para presentar la exposición, Chus Martínez conversó con Radar.

¿Cuáles son las conexiones entre el hipervínculo y la obra del huevo de FMPR?

–Llegará un momento en que la gente relacionará textos e ideas de un modo no lineal. Es decir que la lógica moderna del antes y el después –o de la frase que empieza, tiene un verbo y un predicado– cambiará. Ya está cambiando. Hay algo adentro del huevo que todos sabemos qué es, pero que no vemos: la yema o el ADN o información totalizante: está oscura, está adentro. Pero esa información nunca circula en línea recta: esa información es como un hipervínculo. La información biológica, la forma en como actúa la naturaleza, es más parecida al algoritmo de Internet y menos parecida a un libro, a un papiro manuscrito o a una frase. No se desarrolla de un modo argumentativo lineal sino exponencial, simultáneo, incluso de forma randómica.

Hay otros gestos artísticos en el arte del siglo XX, anteriores a los de FMPR, que evidencian esa lógica heterodoxa, compleja, no lineal, ¿qué hay de diferente en el huevo?

–Ese huevo marca para muchos el fin de una trayectoria artística, y a mí, en cambio, me interesa verlo como el comienzo de una trayectoria. Después de hacer ese huevo se dice que Peralta Ramos se dedica a sus amigos, a la televisión y a escribir frases más o menos banales: máximas en el sentido de Mountain. La máxima es aquella frase que destila al máximo el pensamiento de tal manera que cuando tú la lees te parece que ya lo sabías.

¿Qué fue lo que más te interesó de Federico?

–La osadía. El tipo estaba obsesionado con que era gordo y quería adelgazar, incluso hizo una dieta en la televisión. Hay algo muy trascendente en todo eso: pasa de experimentar con el arte y con los objetos a un cierto body vanguardism: hay una vanguardia del cuerpo en Peralta Ramos. ¿Lo sabía Peralta Ramos? No tengo ni idea. Parece verosímil que este señor tuviera una grandísima intuición con la transformación de su cuerpo como parte de la experimentación artística. Es importante pensar en el estudio histórico de la alimentación y en cómo la alimentación transforma el cuerpo. Si tres o cuatro generaciones se alimentaran muy bien, los hijos de esas personas serán genéticamente transformadas por esa alimentación. Esa transformación, que ocurre dentro de la barriga como el huevo, es lenta, metabólica. Las madres de esos estudios bioquímicos tienen mucho que ver con las vanguardias: muchas de esas mujeres eran rusas, emigraron de Rusia a Suiza y se juntaron con personas que estudiaban bioquímica. Tiene que ver también con una ruta de investigación que pasa por Inglaterra y luego por EE.UU., que está en la base del descubrimiento de las vitaminas. El descubrimiento de las vitaminas es crucial para el desarrollo del cuerpo y de la medicina. Es interesante que eso que está en la base de la transformación más grande del cuerpo y de la medicina tenga que ver con las dietas y que este gordo estuviera obsesionado por eso, por esa transformación. Y es raro encontrar un hombre obsesionado con este tema, y obsesionado públicamente: en Argentina, como en España, no hay nada de malo en que un hombre sea gordo, y mucho menos en los años en que Peralta Ramos era gordo. Así que esa obsesión por la gordura de Peralta Ramos es bastante femenina, no tiene nada de masculino, pero este hombre no tenía nada de femenino sino que era bastante masculino. Que tuviese preocupaciones, por así decirlo, hermafroditas, es gracioso.

TAKESHI MURATA

Terminó comiendo en exceso hasta matarse.

–Tiene gracia porque la gente habla de anorexia o de bulimia o vemos estas películas norteamericanas en las que cuando a la chica la deja el novio se va a la nevera y se pone hasta el culo de helado de chocolate. Ese tipo de imágenes que son de lo más estúpidas, en realidad tienen que ver con esa idea de que uno puede matarse bioquímicamente. No necesitas ingerir dos potes de pastillas: puedes irte matando lentamente hasta que realmente te mueres de hipertensión.

Lo que hizo Federico fue muy performático.

–Creo que la argentina, como la española, somos sociedades tan conservadoras, reguladas, tan normativas en general, que creamos personajes que intentan esquivar o eludir la norma a un nivel monumental: él pertenece a esa familia. De esa familia no es él único, hay muchos y Argentina ha dado múltiples ejemplos de estos que intentan revertirlo. Desde luego, no es un acto de rebeldía sino un acto de reescritura: como si uno tuviera la capacidad de reescribir la sociedad en la que vive. Como si esa que es no te interesa y la reescribes constantemente. Eso es interesante. El quería ser un pedazo de atmósfera, pero mirad a Apple: tienen un server que es el que controla todos los datos que se llama cloud (nube). También Apple quiere ser un pedazo de atmósfera. Ese tío tenía unas intuiciones brutales: ¿quién nos iba a decir que cincuenta años más tarde la metáfora tecnológica iba a ser precisamente atmosférica? Ser un pedazo de atmósfera significa intentar ser totalizante: la atmósfera está por todo el planeta pero a la vez es invisible e incontrolable. Es decir: llegó a la misma conclusión a la que ha llegado Google.

¿Qué rol considerás que tienen hoy los artistas en nuestra sociedad?

–Son la expresión máxima de la posibilidad de encontrar otras lógicas que se salgan de la racionalización, tanto si es económica como si es extremista. Vivir fuera de esa lógica es como la vacuna que siempre esta ahí, el antídoto. Es la sanidad. Los artistas son nuestra cabeza sana, no hay artistas extremistas ni artistas del califato ni de la producción sistémica. Excepto en muy contadas ocasiones, el arte es sostenibilidad, tiene siempre en sí un grandísimo equilibrio ecológico. Incluso en sus formas más activistas, en sus formas más políticas, siempre mantiene un respeto hacia la vida y hacia la libertad que en muy pocas otras disciplinas existe. Es más: muchas otras disciplinas estarían dispuestas a sacrificar la libertad o el espacio cultural para aumentar la rentabilidad o para conseguir fines políticos. Por eso, creo que no hay que poner nunca jamás en duda el arte. Pongan en duda ustedes cualquier otra cosa.

Nosotros afuera se puede ver en el Malba en Av. Figueroa Alcorta 3415, de jueves a lunes de 12 a 20; miércoles de 12 a 21; el martes está cerrado. Hasta el febrero del año que viene.

reconstrucción actual de nosotros afuera

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NOSOTROS AFUERA: FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS Y SU MITICO HUEVO EN 1965.
 
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