Dom 30.01.2011
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PLáSTICA > SOFíA BOTHLINGK Y TIZIANA PIERRI EN NORA FISCH

La posibilidad de un cuadro

Apenas siete cuadros: seis de una y uno solo, más grande, de la otra. En una galería de Palermo, dos promisorias pintoras jóvenes con mucho en común, en plena Beca Kuitca, muestran sus derroteros y ensayos alrededor de la pintura y, en sólo siete obras, entablan un diálogo sincero e íntimo sobre las posibilidades de un cuadro.

› Por Lucrecia Palacios

El porqué de la exhibición es simplísimo: Sofía Bothlingk y Tiziana Pierri decidieron mostrar juntas al descubrir que estaban en un momento muy similar, de investigaciones emparentadas. Y entonces organizaron una pequeña muestra de sus pinturas en la única sala de la galería Nora Fisch. Son sólo siete imágenes en las tres paredes que constituyen la galería. Las de Tiziana Pierri por un lado, seis telitas tamaño revista, la de Sofía Bothlingk por el otro, una obra de 2 metros que en el contexto de la sala parece gigante.

El currículum de las dos es encomiable. Ya han realizado por lo menos una exhibición individual, y mostraron también su obra por el circuito de espacios que exhiben arte joven: Galería Sendrós, Mite, Appetite, los premios Currículum Cero y Proyecto A, etc.

No es casual tampoco que hayan coincidido en varias instancias de formación. Actuales becarias Kuitca, asistieron al taller de Sergio Bazán (ex becario Kuitca él también) y al programa de artista de la Universidad Di Tella en 2009, donde cursaron clínica de obra con Jorge Macchi.

La obra de Tiziana es de un expresionismo frágil y cerebral. En Planet, una forma negra flota en el centro de la tela. Unas pinceladas doradas le dibujan una especie de anillo, y tres brochazos forman algo así como un halo celeste. El fondo blanco, sin pintar, le da a la imagen un aire inacabado e informal, de una simpleza austera. En otra de las obras, las pinceladas dibujan una red irregular. Las líneas pueden ser finísimas o más gruesas y en los casilleros hexagonales de la red, Pierri repite líneas con pinceladas, que arman un color como persianas. A esta obra la agrupa bajo la serie Esculturas, y de verdad la forma coloreada parece la silueta o la sombra de una escultura constructivista.

Hipólita, de Bothlingk, contrasta por su tamaño y barroquismo con las telitas de Pierri. En el centro de la obra sobrevuela lo que podría ser un círculo cromático. Con esfuerzo e imaginación, se reconoce un fondo nuboso y la circunferencia de la Tierra abajo. Como si se tratase de un paisaje visto desde la ventanilla de una nave espacial. Pero entonces aparecen unas formas oscuras e indescriptibles a la izquierda, y un telón rojo a la derecha que vuelve la imagen irreconocible. El espacio se complejiza, se vuelve ambiguo y confuso. Poco queda del dibujo preciso que Bothlingk usaba en otras de sus obras, en donde la imagen se asociaba más fácilmente a escenografías de ciencia ficción.

Quizás la desproporción de tamaño entre las obritas de Pierri y la pintura de Bothlingk haga que la última parezca más solemne y grave. El diseño y la planificación son más acusados en Hipólita que en las imágenes pequeñas, que a veces recuerdan la espontaneidad de las formas y entrecruzamientos que aparecen cuando uno dibuja mientras habla por teléfono.

Tiziana Pierri, Sin título (Planet), acrílico sobre tela, 25 x 22 cm, 2010

Pero más allá de las evidentes diferencias, realmente se comprende el sentimiento de hermandad que une a las artistas. Las dos trabajan una imagen incierta, ni abstracta ni figurativa, que se debate entre las pinceladas del expresionismo y la prolijidad geométrica. En Bothlingk, esas dos tendencias se diferencian y separan, hasta parecer que se trata de dos artistas compartiendo tela. En Pierri, la relación cambia en cada telita. Se armonizan y se hacen irreconocibles, o un exceso pictórico cubre toda la superficie y Pierri termina dibujando sobre la pintura con la cola del pincel, dejando cruces, circulitos y líneas a lo primitivo.

Se podría pensar que hay algo de nostalgia, una actitud retro que referencia al expresionismo de los ’80, poco historizado a pesar de que en su listado figuran grandes nombres (entre ellos el mismo Kuitca) y que sin duda las ha formado visualmente. Después de todo, Pierri es hija de uno de los artistas clave del movimiento y reconoce como influencia la obra de Marcia Schvartz. Y a Bothlingk, el cielo nuboso, la teatralidad y la referencia mitológica y difusa de Hipólita la emparientan también con ese expresionismo.

Pero poco hay de las chorreaduras y la pincelada enérgica de un joven Cambre o de los empastes generosos de un Prior en las obras de Bothlingk y Pierri. En ellas, el gesto está siempre controlado y corregido. Claro, tampoco expresa la convulsión interior del pintor. En todo caso, sirve para mostrar fragilidad y duda. Como si fuese un fantasma o una mímica de aquel gesto de los ’80, ya tipificado.

Tampoco es una burla. Bien usado, el expresionismo puede ser un escape al excesivo control y pulcritud en el que puede caer el arte geométrico, la otra tradición que aparece en el círculo cromático que flota en Hipólita y en las redes que organiza Pierri en la serie Esculturas. Ensucia un poco el decorativismo y repetición en el que puede haber caído la pintura que retomó la tradición geométrica en los ’90, sensibiliza las formas que enfriaron las superficies y que también, a esta altura, pueden pensarse como un cliché de la pintura contemporánea.

La actitud nada tiene del cinismo e iconoclasia de Lichtenstein cuando se reía de Pollock y serializaba los brush strokes. Tampoco las guía una intención de síntesis y superación. La muestra es un tanteo, una investigación sobre el problema de cómo hacer una pintura que no sea un diario íntimo ni el cuaderno de un matemático, una pintura que no sermonee y que tampoco banalice, una obra poética que no recurra solo a la belleza. A las imágenes que lograron las recorre un fresquísimo aire de inestabilidad, como si las líneas y colores se desmoronasen al cerrar los ojos.


Pinturas
Tiziana Pierri y Sofía Bothlingk.
Hasta el 4 de febrero.
En Nora Fisch Arte Contemporáneo.
Güemes 2967 pb.
El horario de verano es de miércoles a viernes
de 15 a 20 hs y también fuera de este horario
llamando al 4824-5743 para acordar una cita.

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