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Domingo, 25 de septiembre de 2011

PERSONAJES > EL POLIFACéTICO ENCANTO DE KRISTEN WIIG: DE SATURDAY NIGHT LIVE! A LA úLTIMA REVELACIóN DE LA COMEDIA AMERICANA

La reina del sábado

 Por Violeta Gorodischer

Uno podría decir que Damas en guerra, la nueva película escrita y protagonizada por Kristen Wiig, tiene todos los ingredientes para ser otro-estreno-de-chicas: grupo de amigas, casamiento en puerta, solteras deprimidas, competencia entre damas de honor... My gosh!, diría la propia Kristen, dueña del latiguillo que parece ser su sello. Porque alcanza con ver la primera secuencia, una escena de sexo aparatoso que des-erotiza ni más ni menos que a Jon Hamm (el exquisito Don Draper de Mad Men), para entender que acá vamos por otro camino. Nada más alejado de la frivolidad edulcorada al estilo Sex & the City que esta joyita de la Nueva Comedia Americana, producida por la “factoría Apatow” (por Judd Apatow, el director de Ligeramente embarazada y Virgen a los 40). Damas en guerra está mucho más cerca de la locura escatológico-border de ¿Qué pasó anoche?, pero protagonizada por féminas. La pimienta, siguiendo la metáfora culinaria, la aporta Wiig con su séquito. Los hallazgos van de una competencia psycho killer para robar protagonismo en la fiesta de compromiso, hasta un chongo despiadado que dice las cosas más humillantes, un vuelo a Las Vegas atravesado por pánico, alcohol y pastillas, y un grupo de mujeres descompuestas que, en una escena revulsiva (leáse bien: revulsiva, no repulsiva, aunque también hay de eso) cagan y vomitan sobre vestidos millonarios e incluso... sí, sí, sí, sobre ellas mismas. My gosh!

La troupe es potente: está la amiga casamentera (Maya Rudolph, de Saturday Night Live); está la yegua maliciosa (Rose Byrne); está la madre vapuleada por sus hijos de nueve (Wendi McLendon-Covey); está la mojigata reprimida (Ellie Kemper); y está la gorda freaky que dice incoherencias con una gracia fuera de serie (aplausos por favor para Melissa McCarthy, el alter ego femenino de Zach Galifianakis que ya se postula como personaje del año). La reina, por supuesto, es Kristen: una comediante con todas las letras que se carga al hombro la película.

Para los distraídos, va el repaso. Por un lado es conocida por sus participaciones en la serie Bored to Death y por algunas apariciones en el sitio de comedia Funny or Die. En cine tuvo una escalada de papeles secundarios (no por eso menores) en películas como Extract, Whip it, Adventureland, Ligeramente embarazada, Forgetting Sarah Marshall y la reciente Paul, sin contar que hizo voces en Cómo entrenar a tu dragón y Mi villano favorito. Pero por sobre todas las cosas Wiig es “la” chica Saturday Night Live desde hace seis años. Fruto del mismo semillero que vio nacer a Tina Fey (protagonista de 30 Rock), el suyo es un humor inteligente, sutil. Un humor deadpan: el de quien sabe generar risas ajenas con mínimos movimientos faciales. Y de alguna forma su belleza parecería pertenecer a ese orden. Es que Kristen se muestra frágil, siempre incómoda. Como si le diera vergüenza aparecer en cámara con su flacura desgarbada, con su piel tan blanca, con su pelito rubio y esos ojos cristalinos. No es impactante, no es pulposa, no llega a ser sexy. Pero nadie puede dejar de mirarla. Mejor aún: nadie puede dejar de sonreír cuando empieza a hablar. Quien quiera despejar dudas, que busque en YouTube cómo derrite a David Letterman durante una entrevista de su show. Wiig entra al set toda tímida, pero apenas se sienta en la silla hace ¡plop! y ya está encarnando a sus “personajes imaginarios”, con muecas y todo: un italiano acosador de mujeres y un detective al que bautizó “John”. La chica tiene calle y eso no es fácil de conseguir. “Tuvo treinta vidas antes de Saturday Night Live, tuvo trabajos bastante locos y vivió en muchas ciudades diferentes”, declaró Jason Sudeikis, su compañero en el programa desde hace años. “Siempre te sale con un ‘bueno, cuando yo era florista’, o ‘cuando vendía peras en la calle’, o ‘cuando fui a la escuela de masajes...’”

Si a ese recorrido se suma su paso como miembro principal de la compañía de comedia e improvisación The Groundlings, suena lógico que sea tan buena actriz, que logre cambiar de registro tan rápido y sin revelar el truco. Porque también puede reírse de nervios para no estallar en un llanto de frustración cuando su mejor amiga le muestra el anillo de compromiso. Volver cabizbaja a la casa materna. Puede ser la mujer más femenina, más cálida, cuando se encierra en la cocina a preparar muffins acolchonados. O hablarle a un contestador y admitir que se boicotea mientras se pregunta por qué, una vez que encuentra a un tipo que no la maltrata, se empeña en arruinarlo todo. El hechizo funciona y, claro, ahí es donde las mujeres se identifican, donde los hombres quieren abrazarla, donde Kristen vuelve a clavarla en el ángulo justo antes de lanzar otro chiste políticamente incorrecto.

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