Dom 23.07.2006
rosario

OPINIóN › PANORAMA POLITICO

Candidatos y estrategias

› Por Pablo Feldman

La semana pasó sin que Carlos Reutemann abriera la boca. La teatralización de su "renunciamiento histórico" (que sería el segundo, si se considera su negativa a ser candidato a Presidente en 2001) no provocó ninguna reacción; paso sin pena ni gloria.

No hubo ni clamor, ni parece que vaya a haberlo. En todo caso si a Nestor Kirchner le conviniera que Reutemann fuera candidato, habrá una orden, que si se llegara a producir permitiría ver hasta qué punto el ex piloto de Fórmula Uno sigue siendo dueño de sus actos.

Entre tanto, otros aspirantes a suceder a Jorge Obeid aceleran sus movimientos como aquéllos que se paran en la puerta del banco antes de que abra. Tal vez guiados por el refrán "al que madruga, Dios lo ayuda" apuran sus lanzamientos, convencidos que el que "pega primero pega dos veces". Este último concepto -extraído también del refranero popular- parece ser el que ha guiado a Rafael Bielsa y a sus mentores para intentar ocupar el centro de la escena. Pero muy a su pesar, desde la Casa Rosada no se ha dado ni una mínima señal de apoyo, ni siquiera de haber tomado nota de sus aspiraciones. De hecho, el ex canciller desde que dejó el cargo "no habla con el Presidente", dijo a este cronista un ministro de la Nación. "Eso sin contar los retos cuando dijo que quería ser embajador en Francia y después de ver la reacción de la gente, se arrepintió", concluyó el funcionario.

De todos modos -al igual que con la no candidatura del Lole- en Balcarce 50 van analizar lo que conviene, y si Bilesa conviene, el diputado por la Capital Federal será rehabilitado. Cerca del Presidente hay algunos dirigentes que ven con agrado la eventual la candidatura de Bielsa, más que nada porque eso lo saca definitivamente del distrito en el que no menos de dos o tres "funcionarios K" sueñan con ser candidatos a Jefe de Gobierno, y si bien en la última elección Bielsa quedó tercero y lejos, esos votos serían suficientes no para ganar pero si para complicar las chances del candidato oficialista, si el hermano del ex DT de la selección nacional va "por fuera" del Frente para la Victoria.

Agustín Rossi, en tanto, ha mandado a su tropa -más nutrida desde que es el jefe de bloque de diputados nacionales- a pintar las paredes expresando sus deseos: "Rossi Gobernador" reza la lacónica leyenda. Todavía no están acompañadas por las de "Bielsa Intendente", porque María Eugenia -que es tan buena hermana como vicegobernadora- no quiere apresurar un "conflicto familiar" porque sabe que "dos Bielsas son demasiado para una sola boleta", según dijo un íntimo colaborador del Presidente cuando fue consultado por este cronista.

Si se guiaran por los "números" de Rosario, no quedarían dudas acerca de cual de los hermanos es el mejor posicionado. Las que tienen en "las casas de gobierno" (en Capital Federal y Santa Fe), María Eugenia duplica en intención de voto a Rafael.

Pero a Rossi lo que más le preocupa son los "efectos no deseados" de su estrecho vínculo con el gobierno. En rigor esa es su carta principal, y el costo de ser quien defienda en el Parlamento los proyectos del Ejecutivo es ínfimo al lado del beneficio que ya le ha reportado para su carrera política el cargo que ostenta. Pero aun así, no siempre sera "ganancia". Sin ir más lejos la foto del "Chivo" con una sonrisa de oreja a oreja después de que se votara la reglamentación de los DNU (decretos de necesidad y urgencia), no parece que haya provocado en el electorado independiente la misma reacción que él y a sus compañeros. Y se sabe que esa porción del electorado es la que termina definiendo las elecciones. En ese sentido, Rossi tiene menos penetración que su colega de bancada Bielsa, que esgrimirá su mayor aceptación en los sectores medios -en los que prevalece claramente Hermes Binner- como factor desequilibrante, ya que "los sectores bajos siempre votan al peronismo", dicen cerca del candidato, con más anhelos que datos actualizados.

Si bien falta más de un año para el comicio, no parece que salga de este par de nombres el que finalmente represente al Frente para la Victoria y eso lejos de complicar la estrategia del Socialismo ayudaría a diseñarla, de tal modo de tener en frente algún "nombre y apellido" que le permita apuntar sus cañones en lugar del difícil --y no siempre posible-- equilibrio que ensaya ante el gobierno del presidente Néstor Kirchner.

LOLE, BIELSA, ROSSI O EL QUE SEA

Desde ya que los socialistas tiene sus diferencias, y si bien desde hace algún tiempo no se "cuidan" en ocultarlas, la derrota de las elecciones de 2001 y la victoria dos años más tarde, parecen haberles dejado enseñanzas de cara al decisivo comicio del año que viene.

Antes de las elecciones que llevaron a Jorge Obeid por segunda vez a la Casa Gris, el secretario general del PS, Rubén Giustiniani, había presenado un proyecto de despenalización del aborto en el Parlamento. Fue la excusa justa para que Elisa Carrió terminara de tomar distancia de los socialistas, pero en rigor ni la "orgánica" de PS ni el ARI --por entonces dividido en la provincia en su apyo a Binner-- querían llevar adelante la alianza. Casi la misma cantidad de votos que los que sacó el ARI fueron los que le faltaron a Binner --que fue largamente el candidato más votado-- para alzarse con la gobernación. Sobre todo si no se mide exclusivamente en términos matemáticos, y en cambio se hubiera proyectado el resultado de una campaña de Carrió y Binner juntos, en aquellos buenos momentos de ambos dirigentes. Esa noche de la privamera del 2001, Giustinani seguró su ingreso al Senado, Miguel Lifschitz se coronó intendente de Rosario, y una docena de dirigentes del PS resultaron electos para el parlamento provincial y el concejo municipal. El único que se fue a la casa fue Binner, con más de medio millón de votos en las alforjas.

Ese capital no solo no lo dilapidó sino que los multiplicó para ganar dos años más tardes la elección de diputdos frente a la "avalancha kirchneristas" que perdió solo en una sola provincia de las grandes: Santa Fe. Y esa elección la ganó Binner, ya no estaban ni cerca Giustiniani y compañía.

El régimen de internas abiertas cambió el destino de la construcción política. El gerenciamiento de las estructuras es importante pero no decisivo, hay que tener votos, y eso en el PS es sinónimo de Binner. Por esa razón, entre otras, es que ahora no es que se disimulen las diferencias, sino que ya no hay tantas. Y antes de hacer un acto, presentar un proyecto de ley, o formular una declaración en relación al gobierno, se conversa internamente. Nadie dentro del socialismo --al menos eso parece esta vez-- quiere otra cosa que no sea Binner gobernador. Hasta Miguel Lifschitz --al que hace un tiempo tentaron con acercarlo a K para que sea el candidato-- ha dejado de lado sus intenciones originales de no repetir en la intendencia para acoplarse al proyecto provincial traccionando los votos de la ciudad. El resto de los dirigentes se van a subordinar a la estrategia central que es obtener la gobernación. Sobre todo aquellos que aspiran renovar sus bancas o avanzar en su carrera política, incluido Giustiniani quien un par de años después del comicio provincial querrá seguir ocupando su poltrona en la Cámara alta; qué mejor que Binner esté en la Casa Gris y no disputando ese espacio --para el que no le faltan méritos ni votos--.

Así las cosas, lo que tiene por delante los socialistas aparece simplificado. No más disputas internas y si en cambio una dura batalla contra el candidato del gobierno. Y eso es lo que necesitan, un adversario que les permita salir de la necesaria apelación al gobierno nacional. No obstante, hacia ese terreno los llevarán Lole, Bielsa, Rossi o el que sea. Si bien cada uno de los tres mencionados tiene un perfil tan diferente como el vínculo con el Presidente, ninguno va a despreciar lo que significa tener "un ancho" como sin dudas es Néstor Kirchner. "Habrá que ver si es el de espadas o el de bastos" dijo a Rosario/12 un dirigente socialista, confiado en que la figura de Binner pesará más que la del jefe del Estado.

En ese sentido, el socialismo tendrá que definir su posicionamiento de cara al gobierno nacional. Puede volverse en contra --en un perído electoral sobre todo-- la navegación a dos aguas que se ha ensayado últimamente. Hay quienes creen que lo mejor sería cruzarse claramente de vereda, y ya hubo alguna señal en ese rumbo. Otros creen que sería peligroso --sobre todo para la gestión municipal-- enfrentar al poder K.

El anuncio sobre el fin de semana del pase de Luis Juez a las huestes kirchneristas, encendió las alarmas en las filas socialistas. El afable intendente cordobés era uno los intelocutores más frecuentes tanto de Binner como de Lifschitz para la constucción de "una alternativa progresista" como decían después de cada encuentro a los que tampoco faltaba Martín Sabatella, intendente de Morón.

"¿Querés o no querés ser Gobernador?", dicen que fue la manera en que Néstor Kirchner recibió a Juez, extendiéndole los brazos en su despacho de la Casa Rosada. Si bien el cordobés negó publicamente la especie, no negó sus aspiraciones. Una escena similar con Binner como protagonista es prácticamente imposible. Por si hicera falta, entonces, he ahí otra razón.

No la más importante pero si lo suficiente para pensa en serio en trasformase en alternativa de poder.

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