satira

Con la pala, con la grúa y la palabra

Por Rudy

Lector, lector, ¡éste es nuestro suplemento aniversario! Hace 23 años que nos estamos comunicando con usted, sábado a sábado, tratando de reírnos juntos de este mundo tan propicio para el humor (creemos que usted ya lo sabe, pero el humor se sostiene sobre las cosas que andan mal, o al menos que no andan como debieran, o al menos que no andan como a uno le gustaría que anduvieran, o al menos que andan pero no parece, o que uno piensa que podrían andar mejor, o peor, o “mal pero acostumbrados”, como decía Fontanarrosa).

Estamos entonces en un mundo extraño, donde hay gente que dice “¡este país!” como si en este país, nuestro país, la Argentina, pasaran cosas diferentes a las del resto del mundo, como si hubiera una extraña “muralla láser” que nos aislara del mundo, entonces “acá hay corrupción, acá hay inseguridad, acá hay robos, tango, fútbol, hermosas mujeres y terribles galanes y asado”, y en el resto del mundo no hubiera nada de todo eso.

Y la verdad, lector, es que en el resto del mundo pasan cosas hermosas y cosas horribles, igual que acá: hay inseguridad (que es lo único seguro, por otra parte, así como lo único realmente estable es la inestabilidad), y hay medios sensacionalistas en los que la gente es asaltada, o herida, por lo menos diez veces (entonces uno dice: salir a la calle puede ser peligroso, pero ver la tele es mucho más peligroso aún).

Hay países que invaden a otros “en nombre de la libertad e independencia” (¿libertad del invasor, o del invadido, o “libertad de petróleo”?). Hay genocidios, como el cometido hace casi cien años contra los armenios, e increíblemente hay gente, incluso países, que niegan que eso haya ocurrido. Hay quienes niegan el pasado y no se dan cuenta que de esa manera quizás están negando el futuro. Hay quienes viven en el país virtual, en el mundo virtual, donde lo que pasa y lo que no pasa es lo mismo, donde los amigos son contactos, el amor es zapping y la risa un emoticón.

Hay quienes viven historias de amor virtuales, con personas reales a quien jamás llegan a conocer, simplemente proyectan en el otro/a, le “cargan el programa” e imaginan que el otro es así. Luego, ante el inevitable fracaso, simplemente porque el otro es como es, y no como uno quiere que sea, buscan “un server a quien echarle la culpa”. Y las personas no somos tan fáciles de resetear, no alcanza que no tecleen “finalizar sesión” ni pueden (salvo excepciones), manejarnos con un Mouse o con un teclado. Hay quienes están “solas y solos” estando en pareja, hay quienes están muy acompañados sin estar en pareja.

Hay quien cree que está muy bien de salud porque tiene la cuota de la prepaga al día, hay quien vota a Uno para que no gane Otro, sin pensar que si Uno llegara a ganar, va a gobernar y es probable que sea mucho peor que Otro.

Y en medio de este mundo extraño, donde dicen que “lo que pasa no es lo que pasa” sino lo que uno cree que pasa, hay ciudades. Y una, en la que vivimos algunos de los lectores de Sátira, vive una extraña situación educativa. Los estudiantes ya no están en el Mayo Francés, sino en el “Agosto Porteño”. El lema no es “seamos realistas, pidamos lo imposible”, es “seamos realistas, pidamos un poco de calefacción y que arreglen las goteras y las paredes que se vienen abajo”.

Y nosotros, como siempre, como todos los sábados, seguimos con usted, con nosotros, buscando la risa. Feliz cumple, lector, y nos venos la semana que viene.

Satira12 actualiza todos los Sábados a las 18 hs.

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Sábado, 4 de septiembre de 2010
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