satira

Plan de ayer

Por Rudy

¿Cómo está, lector? ¿Cómo pasó el Día del Niño? ¿Y el
feriado del lunes? ¿Y toda esta semana? Espero que
la haya pasado muy bien, lector, más aún, que la siga pasando
muy bien, que disfrute usted de su trabajo, de su casa, de
su vida “de casa al trabajo y del trabajo a casa”, de un fin de
semana pletórico de sol, aire y mar, de su familia, de sus levantes
si está usted en eso, de sus juguetes, de las artes, las
ciencias, el sexo, la comida, la fiaca, las polémicas, los encuentros,
los deportes... ¡a la hora de desearle que la pase usted
bien, los de SátiraI12 no tenemos límites, lector, siempre
pensando en usted, su bienestar y su beneplácito! No, lector,
no estamos haciendo campaña. Usted sabe que no somos
candidatos a nada, más que a hacerle compañía todos los
sábados, como lo hacemos desde hace ya casi 26 años.
Simplemente queremos que usted esté bien, lector, porque
lo queremos. Sí, a usted, y también a usted. Y a vos. Y además
se vienen tiempos en los que hay que estar relajado,
tener la mente clara y las ideas bien puestas, sean las que
sean, para poder elegir lo mejor, A su leal saber y entender.
Porque en octubre, se vienen las elecciones “de verdad”. O
sea, los argentinos vamos a volver a elegir, como lo hacemos
desde hace ya 30 años, a quienes tengan las mejores
medidas para sentarse en las bancas senatoriales y diputadas,
y desde esas poltronas legislar para todos y todas durante
4 o 6 años consecutivos, según corresponda.
¿Y cómo hacer para saber quiénes son los más dignos de
apoltronarse en las troneras legislativas? No podemos ir
con un centímetro en la mano tomándoles las medidas a
todos los candidatos. Por otra parte, sería poco digno, sería
una falta de respeto a sus respectivas intimidades y,
además, no serviría para nada.
Usted lo sabe lector, lectora... a la hora de legislar, el tamaño
no importa, Importan las medidas, las propuestas, la capacidad
de negociar, si usted quiere la oratoria, la imagen,
el carisma, los antecedentes, pero no el tamaño de ninguna
parte del cuerpo en particular.
Entonces, hablemos de ideas, de propuestas, de supuestos,
de proyectos. Pero para poder hablar de cualquiera de
estos ítem, vas a tener que, sí, lector, sí, lectora, hablar de
economía.
Lo sentimos mucho. Sabemos que para usted, y para usted,
y para usted, la economía es aburridísima (nuestros
lectores economistas sabrán perdonarnos por esta afirmación),
pero piense usted que, si vamos a pensar a quién votamos,
y qué nos proponen, tenemos que saber cómo
piensan hacerlo.
Veamos un ejemplo: Supongamos que usted es una bella
joven, a la que un atractivo caballero se le acerca y luego de
un tiempo de mutuo conocimiento (de entre 5 minutos y 5
años), le propone a usted un viaje juntos al Caribe, 15 días
14 noches llenas a amor, sexo, sol, mar, champagne, caviar,
miradas, ricas comidas, protector solar, playas maravillosas,
snorkling, peces de colores y un poco más de sexo.
Suena tentador, ¿verdad? Si el caballero le resulta lo suficientemente
atractivo, y usted no tiene compromisos que se lo
impidan, parecería ser “una propuesta digna de ser votada”.
Ahora bien, ¿y si el caballero le dice “eso sí, con los gastos
vamos mitad y mitad”? Bueno, allí ya lo tiene que pensar,
porque usted quizá se sienta tentada pero no cuente con
los recursos como para afrontar semejante trayecto.
¿Y si el caballero le dice “vayamos mitad y mitad, y te pido
que por favor me prestes la plata de mi mitad, porque en
este momento estoy sin efectivo, pero no bien fallezca el
tío abuelo Hortensio, te prometo que hago la sucesión y
con lo que me toca te pago mi parte”? Ya suena menos
tentadora la cosa, ¿verdad?
Y si el caballero le dice: “Vayamos, y no te preocupes por
la plata, porque pido un crédito por 30.000 dolares, así de
paso con lo que sobre arreglo mi casa y yo salgo de titular
y vos de garante” ya suena feo, ¿verdad?
Y si el caballero le dice “te invito a un viaje, vos ponés la
plata ahora, y no bien vuelvan los ’90 y la convertibilidad yo
te la devuelvo, a un peso por dólar”. Difícilmente ya no sólo
el viaje, sino el mismísimo caballero sigan pareciéndole
atractivos, ¿no?
Y ahora le pregunto a usted, lector. Si quien lo invita no le
dice de qué manera piensa hacerse cargo del viaje en
cuestión, usted ¿no se lo preguntaría? ¿Verdad que sí?
¿Verdad que sí? ¿Verdad que sí?
Y quizás el caballero sea solvente y sepa cómo. O quizás
ante su requisitoria le confiese que en verdad a lo máximo
que puede llegar es hasta Mar de Ajó, y en tal caso usted
decidirá si tal envite es o no el adecuado a sus expectativas,
si es mejor que el de los restantes caballeros, si es el
único que le ofreció algo. Usted sabrá.
De esto se trata, lector, de ver qué nos proponen económicamente
hablando, y de ver si es cierto, si es solvente, lo
que las diferentes opciones nos ofrecen. En caso de que
nos ofrezcan algo.
Y si se trata de endeudarse, recuerde averiguar quién paga
la cuenta.
Nos vemos la semana que viene.

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