satira

¡Huevo, huevo, huevo!

Por Rudy

¿Cómo le va, lector, tanto tiempo? ¿En verdad tanto tiempo?, quizá se preguntará usted, dado que solamente pasó una semana desde la última vez que nos vimos en esta columna. Bueno, convengamos que si el tiempo en sí mismo es de algún modo subjetivo, la manera de medirlo ya se escapa de nuestras manos (incluso si tenemos un reloj cerca de alguna de ellas a nivel de la muñeca).

Porque para algunos será solamente “una” semana, para otros “siete” días, para otros “ciento sesenta y ocho” horas, y para algún obsesivo, o terriblemente enamorado/a, son ¡más de quinientos mil segundos sin vernos! Y eso para no hablar de aquellos para quienes “time is Money, el tiempo es dinero”, que podrían decir “hace como 10 pesos que no nos vemos”.

Pero si hablamos de tiempos, tengamos también en cuenta que ésta es una semana muy particular, ya que se recuerdan, celebran, conmemoran, hechos que en verdad pasaron hace ¿mucho? tiempo.

Se celebra, por ejemplo, la festividad judía de Pesaj (o Peisaj, según se la celebre en hebreo o en idish), en la que se recuerda y festeja el fin de la esclavitud en Egipto, y el inicio de los 40 años de travesía en el desierto, para llegar, finalmente, a una “Tierra de leche y miel” (según la promesa divina a Abraham), o a “el único lugar de Medio Oriente sin petróleo”, según una visión más economicista, o a “una tierra con flor de bolonqui” si la miramos desde la geopolítica... En medio de esa travesía Moisés les leyó a los judíos Los Diez Mandamientos”, una serie de leyes por las cuales no podían hacer un montón de cosas, y tenían que hacer otro montón de cosas. Y todo esto mientras seguían caminando por el desierto, a pleno sol, comiendo “maná”, y eso los días que conseguían. Pero la propia Biblia lo dice: “El primer paso de la libertad es un desierto” ¡Había que bancarse la que venga, o volver a ser esclavos!

Tres mil quinientos años después, se sigue, seguimos festejando la libertad, comiendo pan sin levadura, y pescado relleno (yo me pregunto, dado que se trata de una recordación, ¿donde conseguían el pescado en el desierto hace 3500 años?, pero ya lo sabemos, ¡los caminos de Dios son misteriosos!).

También se celebran las Pascuas, y la Semana Santa. Es una fecha sagrada en la que se recuerda la Pasión de Cristo. Muchos creyentes la conmemoran asistiendo a iglesias y manteniendo ciertas reglas alimentarias diferentes de las del resto del año. Comen también pescado (paradójicamente, igual que muchos judíos), y el domingo, roscas, huevos de chocolate, confites, etc.

También se celebra, aunque no sabemos por qué motivo ni a qué criterio religioso obedece, una particular época en la que “aumenta el precio del pescado”. ¿Están festejando algún tipo de libertad, o bien, recordando alguna clase de evento milenario? Lo cierto es que las pescaderías parecen templos, donde los clientes confiesan sus deseos y los vendedores les aplican “penitencias” mucho más severas que las que les hubieran impuesto, por lo mismo, un mes antes. Por supuesto que esto no es así en todos los casos, hay excepciones, pero se trata de milagros.

Tampoco sabemos ni creemos que esto obedezca a religión alguna (aunque no nos animamos a descartarlo), pero mucha gente le da a esta fecha un sentido muy especial. Quizá sea recordando el Exodo de los judíos, dice: “¡No nos podemos quedar en casa, tenemos que irnos a alguna parte, en este fin de semana largo!”. Como si quedarse fuera aceptar alguna pertenencia al politeísmo egipcio de entonces, como si el que se quedase en su casa sufriera las 10 plagas, quizá no son las de entonces, sino las de ahora. Una de las cuales se podría definir como “Fatalismo”: “¡Todos se van afuera, y yo/nosotros no!”.

Se trata de una “falsa plaga”, ya que, si uno se dedicara a constatar su veracidad, se daría cuenta de que en verdad hay muchísima gente que permanece en sus hogares. Pero claro, si mira la tele, solamente va a ver la cola de gente que “cual cristiana procesión” avanza lentamente en las rutas, rumbo a un destino paradisíaco, fantasía que se sostiene desde la pantalla, que parece ser más creíble que la propia Biblia, según la cual hace rato que Dios nos echó del paraíso, y no hay ningún indicio de que nos vaya a dejar volver, ni siquiera por 4 días, 3 noches, all inclusive.

Pero difícilmente algún canal de tevé se dedique a mostrar a aquellos que simplemente permanecen en sus casas haciendo lo que quieren o lo que pueden. No son noticia. Pero eso no quiere decir que sean/ seamos menos los pertenecientes a este grupo de viajeros (no nos animamos a llamarlos secta, o religión, no nos consta que lo sean) que también cambian en estos días su hábitos alimentarios. De hecho, el “sanguichito para el viaje” suele ser toda una institución.

Lo cierto es que, judíos, cristianos, y/o viajeros, todos volverán el lunes a sus tareas, dietas, proyectos, quejas, ilusiones habituales.

¿Y nosotros, lector? Nosotros nos quedamos con usted. O viajamos con usted. Festejamos la libertad con usted, cualquiera sea su creencia religiosa. También respetamos sus ritos, los compartamos o no. Y a la hora de comer, somos ecuménicos, y nos podemos comer una empanada de vigilia, un guefilte fish y un huevo de Pascuas.

Y a la hora de reír, acá estamos con usted: no desde hace 3500 años, ni desde hace más de 2000, pero sí desde hace más de 26, que tampoco es pa’ despreciar.

Hasta la semana que viene, lector.

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