satira

Pagame y llamame buitre

Por Rudy

¿Cómo le va, lector, cómo está? ¡Qué semanita, eh! Por un lado, gracias a Messi con sus goles, a Romero con sus atajadas, y a todos los demás con su juego, sus pases, su aguante, ¡estamos en octavos! Y no sé si usted es futbolero/a o aprovecha este Mundial para irse a una isla desierta (o sea, cualquier lugar donde no se estén mirando los partidos). O quizá conseguir un/a nuevo/a novia/o, esposa/o o amante/e aprovechando los goles para abrazarse, besarse, acariciarse, mirarse profundamente, mimarse, franelearse y hacer de todo con gente que hasta entonces eran sólo amigos, vecinos o desconocidos, y descubrir que además del fútbol los une alguna otra cosa.

Porque así es el Mundial. Y estar en octavos no es poca cosa. No es el G-20, ni el G-77, pero sí es el G-16, o sea el grupo de los 16 poderosos en materia de fútbol, de los que producen goles y lideran el mundo del fútbol (que para mucha gente, más de la que uno cree, es el mundo real).

Y nosotros estamos allí, junto a Francia, Alemania, Brasil, Bélgica, Holanda... Y el martes jugamos contra Suiza, el país de los quesos, chocolates, los bancos y los relojes... Bueno, no creo que con quesos, chocolates bancos o relojes se puedan hacer muchos goles, así que, quién le dice, lector, la semana que viene estemos mejor aún.

Además, ya todos lo sabemos, los suizos son neutrales, y nosotros, en cambio, queremos ganar. Dicen que Suiza es un país donde todo funciona... y funciona bien, como un reloj... suizo. Mire, no sé si esto es cierto, pero dicen que, ¡en Suiza De la Rúa hubiera sido un presidente divertido!

Bueno, capaz que fue un presidente divertido... y que los divertía justamente porque no fue presidente de ellos, sino nuestro...

Y que los hacían morir de risa el Blindaje, el Megacanje, el corralito, y todos los sketches que nuestro standapista mayor de la economía, Mingo, inventó para sus grandes shows, en sus dos grandes temporadas, la primera dirigida por Carlos Saúl I, y la segunda, por Fernando el Soñador.

Eran dos shows pensados con criterio solidario y ecologista: “¡Salven a los bancos, salven a los bancos!”.

Y se ve que les fue muy bien, porque recaudaron mucha plata, mucha. Pero hay que entender que no les alcanza, quieren más. Más. Y más, pero mucho más. Porque nunca les alcanza. Jamás, Nevermore, como en ese final del famoso poema de Poe, “El buitre” ¡Uy, no, perdón! “El cuervo”.

La cuestión es que toda la plata que se llevaron gracias al show de stand up hecho por Mingo ya no les alcanza y necesitan más. Y dicen que nosotros les vendimos entradas a un dólar, pero como Mingo no está más, no pueden ver su show, así que debemos devolverles las entradas. No importa que esas entradas no se las vendimos nosotros, sino el mismo Mingo, ni tampoco que en verdad no se las vendimos a ellos, sino a otra gente, que les creyó a los revendedores truchos. Que son los mismos que las vendieron a un dólar. Las volvieron a comprar a 10 centavos cuando se suspendió el show y ahora quieren cobrar ¡un dólar, más los intereses, más un choripán, un tinto y un panqueque con dulce de leche!

Y ni siquiera nos dejan que les paguemos a los demás, a los que sí aceptaron que les demos una parte de lo que pagaron, porque sabían que estaban corriendo un gran riesgo cuando las compraron. ¡No, no, la quieren toda para ellos!

Y tampoco le reclaman a Mingo que se las pague él, ya que fue quien se las vendió. O que se vaya a hacer el show a ese país... ¿Por qué no? ¿Por qué no? ¡Mingo for president of the USA! Sí, sabemos que no nació en ese país, pero... bueno. cuando hay voluntad política, quizás esas cosas puedan arreglarse,

Los fondos buitre quieren todo. Y cuando decimos “todo” queremos decir “todo”. Ya publicamos la semana pasada un extracto de “La marcha de la deuda externa”, donde Leo Maslíah nos explicaba que Uruguay, al no tener guita, iba a pagar la deuda con su cultura, y que “el chivito, el ‘ta’, Telecataplúm, Los Olimareños, y tantas otras cosas y personas de las que están orgullosos, o al menos enriquecen el patrimonio y la identidad del país, pasarían a ser propiedad de “los acreedores”.

Otro ejemplo: En 1902 Alemania, Italia e Inglaterra atacan a Venezuela: es un intento de cobrar la deuda, conocido como “la suegra de todas las guerras”. EE.UU. ofrece ayuda militar, pero los alemanes, ingleses e italianos la rechazan cordialmente. Esto provocó malestar en EE.UU., ya que según la ley de “Little Hair for the old Lady” (que en francés se conoce como “Pelit pour la Vieille” y en Italia como el “Principio de Preppo”) EE.UU. es el único país con capacidad de cobrarles deudas a pueblos latinoamericanos, independientemente de quién sea el acreedor.

Estamos hablando de un tema compuesto hace 30 años, y de hechos que ocurrieron hace más de 100. Parece que nada ha cambiado, con todo lo que ha cambiado.1

El mundo puede estar en contra, pero ellos quieren todo. Quieren el default, el seguro contra default, el agua, el pan, el vino, la cerveza, los ñoquis de la mamma, los knishes de la bobe, la paella de Doña María, las empanadas de la tía Luisa, el petróleo, el gas, la soda, la Asignación Universal por Hijo y los sánguches de miga, hasta los de lechuga se quieren llevar.

Quieren nuestro dulce de leche, nuestros bondis, nuestras biromes, nuestros goles y ¡¡¡¡¡Nuestros chistes!!!!!

¡No, lector, no! ¡No les vamos a dar nuestros chistes a los fondos buitre! Nuestros chistes fueron, son y serán para usted. Y para usted. Y para vos. Como siempre.

Hasta la semana que viene, lector.

1 Tomado de Historias del Siglo XX, Rudy. Editorial Grijalbo, Buenos Aires, 1999.

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Sábado, 28 de junio de 2014
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