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Viernes, 7 de octubre de 2011

LUX VA A UN RECITAL DE POESIA DE SUSY SHOCK

Entre tan tremendas travas

De vuelta de sus aventuras turcas, Lux sigue viajando adonde haya un alma caritativa que la lleve. Y quiso su propia voluntad hacerse un lugar entre bombos legüeros, cajas y boas de plumas; toda esa parafernalia que hace tan exquisitos los shows de la maestra de ceremonias de tan diversos eventos, la poeta Susy Shock, siempre seguida de cerca por su amiga Marlene, dos impactantes torres gemelas a las que ningún 11-S es capaz de derribar.

Cuando llegamos al Asentamiento Fernesh, en la ciudad natal del Potro Rodrigo, ya se sentía olor a chongo cuartetero a la legua. La Susy Shock había llegado en colectivo tempranísimo y estaba instalada en uno de los cuartos de esta casa devenida en Centro Cultural autogestivo. Noe y Emma, los culpables de esta toma artística, nos esperaban con mate al resto de la troupe que viajó en auto: Marlene Wayar, Sol Penelas, Sentime Dominga y yo, coladx, metida de prepo entre bombos legüeros, cajas chayeras y boas de plumas.

El Asentamiento Fernesh —bautizado así por la bebida que alegra las almas en esta provincia— pronto empezó a llenarse de gente. Las luces estaban listas y lxs chicxs todo oídos esperaban escuchar la prosa y el verso de Susy, que cantó coplas y abrió el debate sobre el aporte de lxs artistas a la causa y de cómo apoyarlxs; Sol Penelas revisitó algunas canciones de Violeta Parra y Sentime Dominga arengó a las masas con un bombo santiagueño, ese que rebota en los cerros. Malena Rivero, la trava dueña de El baúl de la Maluca, acompañó con su dulce acordeón los poemas trans pirados.

La cerveza helada y el ritmo calentón del cuarteto nos hicieron salir al patio, donde también ardían las brasas cannábicas. Mauro Cabral recibió felicitaciones adelantadas por su cumpleaños, el fotógrafo y escritor Gastón Malgieri registró toda la velada, el inquieto Juan hizo de las suyas, mientras Marlene se escapaba de incógnito en medio del jolgorio. Y qué sé yo, me quedé como heladx con tanto verso y tanto fernet. Unx que viene de tórridos Orientes y de pronto se encuentra con que la vida en el sur del sur sigue tan generosa como siempre. Y no fue heladx de frío, no, sino de ganas de hacerme como si estuviera muertitx, una técnica que ya me ha dado resultados en otras oportunidades en que no puedo decidir quién quiero que me toque y a quién quiero tocar. Laisse faire, laisse passer decía un economista y su mandato me rendí porque el tiempo corría y a la madrugada iba a tener que volver a viajar de vuelta a las pampas porteñas. Y con tanto viaje se imaginan la necesidad que tenía de que me dibujaran otra vez la raya que divide mis partes. De eso se ocuparon, lo juro y lo perjuro, sin conciencia de quién era el lápiz ni tampoco si era un lápiz u otra cosa, pero a cierta altura unx no se anda fijando en los instrumentos sino en cómo se comportan. Y puedo decir que bien. No sé en qué putísimo satélite se habrá quedado colgada la Marlene, sé que yo al satélite me lo tuve que sacar de la boca porque con todo eso dentro no me aceptaban en el auto en que me había colado de ida y necesitaba colarme de vuelta. Así que me tiré en el asiento de atrás, sin más remedio que un té de peperina y la promesa de volver, porque allá, en la Docta, se dan clases de cualquier cosa.

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