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Viernes, 7 de octubre de 2011

CINE

Abanico torbellino

Un documental que, además de rescatar la figura emblemática de Ocaña durante la transición democrática española, echa luz sobre su participación en una serie de películas y termina de delinearlo como la figura de la resistencia queer europea que fue.

 Por Diego Trerotola

Aunque el fenómeno de José Pérez Ocaña (1947-1983) fue esencialmente meteórico, es tal vez esa misma fugacidad biográfica la que permitió acercarlo al tipo de inmortalidad creada a partir del recuerdo perenne, de la evocación continua, según pasan los años, de su figura andariega, transformista y transformadora. Quizá tan sólo se la vuelva a rememorar continuamente porque se extraña esa forma de ser anarcomarica tan de Ocaña, mezcla milagrosa de sus propias raíces andaluzas con el desparpajo, la genialidad y una sabiduría estética que iba de lo naïf a lo camp, mezclando una dimensión política en cada gesto de su teatralidad pictórica o performática. Lo que viene a confirmar definitivamente el retrato documental de Ocaña, la memoria del sol es que la imagen de la rebeldía de Ocaña, desde sus cuadros hasta sus paseos nudistas por las ramblas, desde sus shows libertarios hasta las instalaciones excéntricas, sigue intacta como si todavía se la pudiera alucinar viajando entre el pueblo natal sevillano de Cantanilla y la Barcelona de la transición democrática, los dos polos espacio-temporales de su existencia excepcional, dos lugares que modificó al dejar su marca de fuego carnavalesco. Y como muestra el documental de Juan José Moreno, Ocaña volvió a su pueblo natal para restituir la fuerza celebratoria de los carnavales, y por eso mismo fue criticado porque su humor queer no se correspondía con un regionalismo reaccionario: la prensa se quejaba de que la parodia que hizo Ocaña del escudo sevillano, donde sustituía “a Hércules por un maricón rampante y a los dos leones mitológicos por dos perros sarnosos”. Acto seguido, el periodismo manifestaba sus temores homofóbicos: “Nos inquieta que esta intromisión ‘gay’ pueda dar al traste con una futura, seria y auténticamente popular resurrección del carnaval”. Esta suerte de reacción ante la presencia festiva de Ocaña está revelada a través de todo el documental, donde se muestra que la censura del franquismo había calado profundamente en la mentalidad de gran parte de la España democrática y que gran parte del país estaba lejos de bailar al ritmo del desenfado de la movida madrileña. Ocaña fue el que llevó ese espíritu del “destape” español de Barcelona a Sevilla, y hay una serie de videos en el documental donde muestra cómo convertía a una reunión de mujeres de pueblo en un sainete improvisado de sensibilidad ultracamp, viñetas testimoniales, con textura de VHS, que muestran tanto el poder transformador del pintor y performer como las imágenes secretas de toda una época bisagra.

Pero tal vez los hallazgos mayores de este documental es el recorrido por el impacto de Ocaña, retrato intermitente (1978), la película de Ventura Pons, que convirtieron al andaluz errante en una suerte de líder underground de la resistencia queer internacional. En los años sucesivos al estreno de la película de Pons en Cannes, Ocaña participará en distintas obras del cine under europeo como Le chien amoureux (1978), de Joseph Morder, y Ocaña, der Engel der in der Qual singt (1979), de Gérard Courant, esta última filmada en Alemania, donde Ocaña travesti canta y arroja flores a ambos lados del Muro de Berlín, como una mariconería que no conoce fronteras. Manderley (1981), de Jesús Garay, y Silencis (1983), de Xavier Daniel, son piezas fundamentales de la vanguardia queer catalana. En poco más de cinco años, Ocaña construiría una obra cinematográfica casi secreta que Moreno hace ahora visible para compartir ese viento inmortal que irradiaba su “pluma de abanico torbellino”, como cantaba Carlos Cano en “Romance a Ocaña”, canción de su disco de 1984, que cierra el documental. Y si hay algo para celebrar con un canto es que alguien como Ocaña haya producido un viento de cambio tan duradero, tan inmortal, agitando solamente su abanico sevillano con mohínes maricas.


Ocaña, la memoria del sol se proyectará en dos funciones en el Festival de Cine Inusual, el sábado 8 y martes 11 de octubre, a las 15, en el Gaumont (Rivadavia 1635).

Más información: festivaldecineinusual.blogspot.com

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Imagen: Diego Trerotola
 
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