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Viernes, 17 de octubre de 2008

ENTREVISTA > FERNANDA LAGUNA

Suelta de cuerpo

Fernanda Laguna, escritora y artista plástica, busca la nueva locación para Eloísa Cartonera, la librería de ediciones independientes que supo estar en Almagro. Mientras, sigue escribiendo el sucesor de Me encantaría que gustes de mí, editado por Mansalva, firmado como Dalia Rosetti y esperado por un ferviente grupo de lectoras y lectores que se enamoraron de ese universo un poco naïf en el que todas las chicas son lesbianas y ninguna tiene problemas en hacerse ver.

 Por Rosario Bléfari

¿Quiénes son los lectores de Dalia Rosetti?

—Por un lado es mucha gente que no dispone de mucha literatura destinada para sí. Lesbianas sí, también, pero muchas personas que viven su sexualidad desde un lugar más inestable o indefinido, oscilante, carente de certezas, como puede ser el caso de un adolescente o de una mujer de más de sesenta años. Es como Harry Potter o como la cumbia villera un poco, tiene sus seguidores, aquellas personas que sienten que se está hablando de lo que les pasa a ellas y que no tienen muchos lugares donde encontrarlo. Hay algo de lectura prohibida también, por ejemplo una vez recibí una llamada de una chica que quería hacer un pedido de todos los cuentos de D. Rosetti y que alguien iba a pasar a buscarlos, pero que debían estar empaquetados de tal manera que no se viera de ningún modo lo que venía adentro. Cuando le pregunté el nombre me dijo que no podía dar su nombre, que ella vivía en un country y que quien iba a pasar era su primo, que bajo ningún motivo tenía que conocer el contenido del paquete. Otra me contó que leía encerrada bajo llave en su habitación, y una mujer me dijo que era necesario que cambiara el final de una de las historias. También hay lectores que se entusiasman como un extranjero en otra tierra, que es la manera en la que también yo encaro las historias, así las escribo, como una experimentación, transitando por un terreno que conozco, pero como una curiosa que va viendo y contando, no como una lesbiana experta y definida que se las sabe todas. Esto lo hace accesible a muchas personas diferentes.

¿Cómo sería lo de transitar el terreno como extranjero?

—Es como un militante errático, que afirma una sexualidad pero desde la indecisión, desde el conflicto, desde el capricho o desde la calentura, no es muy profundo en un punto, pero a la vez sí lo es. Es como afirmarse desde la duda, desde algo impreciso, vaporoso, muy definido, pero arriba de una nube. Por ejemplo, muchas mujeres grandes, las madres de otras lectoras incluso, que se me acercaron para decirme que les encanta y no son lesbianas, pero entienden de lo que hablan estas historias. Es que las mujeres desde chiquititas son más franeleras, con la mamá, con las amigas. Está quien siempre y exclusivamente se supo lesbiana y quien fantasea con estar con una mujer pero tal vez nunca lo realice, o el / la adolescente en plena revolución hormonal que aún no termina de saber qué le gusta o está probando. También está buenísima la experiencia de leer y vivir algo a través de la lectura o la escritura solamente, como hacer el amor por chat, sin tocarse por ejemplo, pero que es hacerlo, porque de algún modo algo ocurre a través de las palabras, las sensaciones fueron reales.

¿Y los lectores varones?

—También los hay, por supuesto, varones a los que les gusta porque la voz que relata, aunque es femenina, tiene algo masculino también, una forma de referirse a las cosas. Bueno, en definitiva como cualquier libro en el que encontrás algo para identificarte.

¿Cómo creés que perciben esa indefinición las mujeres más militantes?

—Una de las cosas que más me han sorprendido en la respuesta de las lectoras es que les gusta a mujeres muy militantes que me lo han dicho. Pensé que podrían llegar a considerar que el tema estaba tratado a la ligera, sin embargo no fue así. Al menos de parte de las que me hicieron saber su opinión.

¿Fomenta las relaciones entre mujeres, tu libro?

—Bueno, justamente un montón de chicas que no querían ser lesbianas porque lo consideraban algo más estricto, definitivo, una militancia ideológica, de género, que implica ciertas reglas u orden que hay que acatar, después de leer el libro empezaron a considerarlo de otra forma, algo más libre en definitiva y tal vez se han permitido entablar relaciones con otras mujeres sin hacerse tantas preguntas. Una vecina de acá del barrio el otro día hablaba con otra y escucho que dice: “Yo por ahí me hago lesbiana y capaz que me va mejor en la vida”. Además hay tantos estados previos o paralelos al ser gay, puede ser una amante, puede ser tu mejor amiga.

¿Creés que algunas definiciones, como las denominaciones, pueden resultar inmovilizantes?

—Sí, a veces algunas categorías se vuelven asfixiantes, hacen más difícil aún la libertad, la libertad entendida como el conocimiento de posibilidades latentes que existen y están disponibles. Los caminos pueden desviarse en cualquier momento, se pueden tomar rumbos diferentes y no necesariamente definitivos.

En relación con la libertad, ciertas veces te desnudaste en público; algunos lo ven como un acto de provocación, pero, ¿de dónde viene el impulso en realidad?

—Para mí es como cualquier otro acto, como comer una empanada en la calle. Una vez estaba bailando en una discoteca y se me cayó cerveza sobre la remera, se mojó toda y me la saqué, porque era lo más natural: que me la sacara y no que me quedara con la remera mojada y el olor a cerveza. Muchos chicos estaban además en cueros. Se me acercó alguien del lugar a decirme que no estaba permitido y le dije que viera que otros estaban con el torso desnudo. Me tuvieron que dejar. La posibilidad de estar desnuda es una posibilidad más que tenemos todos y que nos olvidamos de que está ahí, al alcance de la mano, no como un gesto de rebelión o provocación, ni tampoco necesariamente cargado de erotismo intencional, sino que es el desnudo del cuerpo o de partes del cuerpo como si nada, por el hecho de que se puede hacer, si querés. A la marcha del orgullo gay pasada fui con una capa que me hizo Mariela Scafatti (artista plástica) y en tetas. Pensé en cómo las travestis andan semidesnudas y las chicas están replegadas, reprimiendo mostrar su cuerpo o que ni tienen en cuenta la alternativa de mostrarlo. No es ni siquiera la intención de un acto político, la idea de conquistar el cuerpo, sino más bien tratar de ser feliz y de no dejar de hacer algo por miedo.

¿Y la vergüenza?

—Yo soy muy vergonzosa en realidad, y no hacer algo por vergüenza todavía me parece entendible, aceptable, pero no hacerlo por miedo es algo que no puedo permitirme. Además, un desnudo es muchas cosas, no tiene un significado único, según dónde y las intenciones significará algo distinto, incluso para cada persona que lo ve. Creo en las intenciones, ése es mi código de valores. Estar desnuda bañándome con mi hijo, desnuda en el baño, en la calle, para cambiarse la ropa, por calor, por ganas de sentir el aire en la piel, para invitar a otros a hacerlo, para sacarse una foto o actuar, no se parecen en nada. Los niños andan desnudos y es aceptado, pero cuando crecemos se acabó. ¿Por qué? ¿Por qué el adulto debe ser condenado a ocultar su cuerpo y no puede exhibirlo con naturalidad, sin que se vuelva un acto desafiante?

¿Cómo es lo nuevo que estás escribiendo?

—El libro nuevo va a tener, como Me encantaría..., tres novelitas: Tatuada para siempre, Una chica menstrúa cada 26 o 32 días y es normal, y una que tengo que definir. La más larga es sobre fútbol femenino. Un equipo al que le viene la menstruación el día de la final. Se juegan el seguir en el campeonato o irse al descenso. Es todo de fútbol, con algo de brujería, tiros y amor. Dalia Rosetti encarna uno de los personajes, arquera de Independiente, y se enamora de la goleadora del equipo contrario (Boca) y se va a vivir con ella a la villa adonde hay una pandilla de chicas muy muy malas (malísimas), malas con las chicas, con todos. Dalia está completamente inestable, se confunde, miente, juega a dos puntas, está también con una de las chicas malas y no sabe si está con ella por propia voluntad o porque de alguna manera es sometida. Como esas situaciones en que no sabés si te las buscaste o la culpa es exclusivamente del otro y no sos más que una víctima. Eso es una parte... sumado a barras bravas, pactos de magia, más chicas, misterio, celos, moda, y no sé que más decir...

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