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Viernes, 28 de agosto de 2015

MI MUNDO

El buen disgusto

Se acaba de subastar en Nueva York Santa Octopusy, una de las más polémicas piezas de Paul McCarthy, el artista que desenmascara la violencia familiar, la alegría de la infancia y la fiebre del consumo en piezas llenas de sangre, ketchup y genitales.

 Por Cristina Civale

Un juguete con tres bolas, seis tentáculos (tres caras de Santa Claus y tres penes) producidos como piezas escultóricas únicas (la serie tiene 12 pulpos que se venden por separado en rojo, verde, blanco y amarillo) colocado sobre una mesa para sentarse justo sobre la escultura y clavarse un tentáculo. La pieza se puede observar o se puede interactuar con ella, cual vibrador estático.

Se trata de Santa Octopussy, escultura del provocador artista estadounidense Paul McCarthy (1945) que este jueves se subastó a través de la agencia Auctionata, una casa de subastas online que armó todo un paquete de obras eróticas, entre las que además de esta de McCarthy incluía fotografías de Robert Mapplethorpe y Andy Warhol, con dibujos poco conocidos de muchachos esculturales en camisetas de trabajo. La subasta funcionó bajo el nombre unificador de Erótica.

Con una base de 30 mil dólares, la estrella de esta subasta con base en Nueva York fue sin duda la obra de McCarthy;ede los 12 pulpos éste es el único que estuvo recientemente en el mercado para su adquisición. McCarthy es muy apreciado y reconocido por su arte provocativo, siempre en el borde de un quiebre con lo políticamente correcto. Así define un crítico su obra: “El arte de McCarthy es duro y difícil de tomar. Es amargo, monótono, histriónico y juvenil. Sus historias no tienen moral, sus actuaciones aparecen casi en cualquier formato. Hay poca variedad o matices en su trabajo y en sus balbuceos con caracteres psicópatas. De muchas maneras, todas sus actuaciones son una performance. La obra de McCarthy tiene mucho que dar. Aunque su expresionismo se siente anticuado en estos tiempos con lenguajes más limpios y cosmopolitas, es prueba de que hay un lado oscuro en el modernismo. Su producción no es nada si no está llena de mierda”. Y es la misma voz de McCarthy la que contesta esta descripción de su arte en tono de acusación moral: “Muchas de mis obras tratan sobre la violencia familiar, el abuso, la opresión y la dominación. La más frecuente es la relacionada con los niños. Sin embargo, no ilustro literalmente estos temas en mi trabajo, sino que, más bien, son asuntos que se evocan de un modo indirecto. Comprendí que la necesidad de generar violencia, la necesidad de la violencia física, no correspondía a una realización específica. Me fui interesando cada vez más en representarla. Esa es la razón de que use ketchup. Lo utilizo como si fuese sangre y como símbolo de nuestra sociedad de consumo. También empleo sangre de verdad. Lo más interesante fue darme cuenta de que la sangre podía ser real o artificial de manera simultánea y el efecto era el mismo”.

Santa Octopussy (2004)

Fluidos corporales

Podría decirse que casi no existe un artista más polémico y controversial que Paul McCarthy. El arte, para bien o para mal, es otro a partir de sus aproximaciones desde la década del setenta. Nacido en 1945 en Salt Lake City, Utah, el estado mormón por excelencia, con su serie de represiones sociales y religiosas tan discutidas en la actualidad, surge este creador que es todo lo contrario de lo que enseña el Libro Mormón.

Al terminar sus estudios en la Universidad de Utah, en 1969, se muda a Los Angeles, ciudad en la que vive hoy, ciudad cómplice en el arte que produce. Un lugar que propicia una doble lectura: por un lado el glamour del american dream, y por el otro, la violencia, las pandillas, los problemas sociales y raciales que forman un cruce tan inquietante como denso de asimilar. En este borde nace y crece la obra de McCarthy como una trompada al glamour y a la llamada “corrección”.

Hizo estudios en la Universidad del Sur de California y el Instituto de Arte de San Francisco en una época en la que todo estaba permitido y la gente se mostraba dispuesta a apreciarlo. No es coincidencia que circularan en el medio artístico, por las mismas épocas, su colaborador número uno Mike Kelley y Chris Burden, entre otros que también trabajaban en una línea de ruptura.

A principios de su carrera, como la mayoría de los artistas de la época, se sintió atraído por las vanguardias americanas: el expresionismo abstracto, el minimalismo y el arte conceptual. No le duró mucho. Al poco tiempo da un giro interesante en su obra cuando se dedica a parodiar y a burlarse, literalmente, de los grandes como Pollock o Klein. Su plan era socavar la idea del mito de la grandeza artística atacando la percepción del artista masculino heroico. Valiéndose de sustancias como la mermelada, el ketchup, la mayonesa o pintura se dedicó a realizar acciones de arte en las que se burlaba, por ejemplo, del action painting de Pollock. En esta etapa de trabajo su obra evolucionó al romper los límites del arte, cuando su cuerpo es utilizado como lienzo y como pincel, y los fluidos corporales y alimentos como pigmentos. Un ejemplo claro de esta línea de trabajo es su pieza de 1976 Fool Class, en la que McCarthy lanza salsa de tomate y salpica un salón hasta terminar aturdido y después vomitar varias veces. Posteriormente se inserta una muñeca Barbie en el recto. La obra termina cuando el público ya no puede soportar ver su actuación.

Así, McCarthy ganó fama por sus intensas performances y videos. La temática recurrente es el cuerpo humano, el desnudo y la sexualidad. También explora la temática de la niñez, la violencia y disfunción familiar, las que son mezcladas en dantescas escenas intervenidas con fluidos corporales, pintura y comida, para hacer una severa crítica de los íconos culturales dominantes y el estilo de vida norteamericano.

Paul McCarthy

El pulpo negro

A partir de los ochenta McCarthy amplió su lenguaje expresivo al introducir esculturas equipadas con motor que permiten movimientos permanentes y controlados. Al igual que las esculturas predecesoras, sigue dominando el contexto espacial en el que se inserta la pieza y controla la mirada del observador como un auténtico voyeurista. Esta serie de movimientos que ahora tienen sus máquinas vivientes acentúan la temática sexual: penetraciones, sodomía, masturbaciones, todo con la peculiar estética grotesca que lo caracteriza.

En los años noventa, una de las temáticas recurrentes de sus esculturas era la estética del mundo feliz: simulacros que recuerdan a Disneylandia, películas de serie B, las series de televisión y los comics aparecen como una parodia a los juegos y actividades infantiles y destacan personajes del imaginario infantil, como Papá Noel, Pinocho, piratas y vaqueros.

En Santa Octupussy, nacida como un juguete pero devenida en escultura de culto, McCarthy sigue esta línea de trabajo como una continuación de su Santa Claus con un tapón en el trasero instalado por prepotencia en la céntrica y glamorosa Place Vendôme de París, de donde fue expulsado por la fuerza pública. Santa Octupussy nace como un objeto similar para conservar en el ámbito privado, donde las fuerzas del orden no pueden invadir ni juzgar los gustos y los hábitos.

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Human Object (1981)
 
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