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Viernes, 28 de agosto de 2015

CAMILA DOBLE > POESIA

A corazón abierto

 Por Daniel Gigena

“Cantar más, tal vez ya sólo cantar en vez de hablar.” Una de las tareas pendientes del plan de ataque y resistencia del primer libro de poemas de Camila Sosa Villada (La Falda, 1982) alude a la performance de la voz. Actriz y guionista, directora teatral y cantante, ella infunde a su trabajo artístico en el escenario o delante de las cámaras un impulso poético; al mismo tiempo se puede decir que sus poemas se revisten de una gestualidad teatral, una dicción escénica, un repertorio de personajes (su madre, su ex pareja, su amiga Erica, sus hermanos, entre otros) y unos escenarios que pocas veces trasponen el umbral del ámbito doméstico: el balcón con las plantas, la cama, la mesa de la cocina. “Conozco a los hombres, yo también fui uno.” Ese verso final de un poema de amor y de odio por los hombres, los machos, resume la mirada singular que los poemas de La novia de Sandro invitan a compartir. La experiencia trans, al menos hasta ahora, ha sido objeto exclusivo de una selección normativa –incluidos los homosexuales que, como se lee en otro poema vindicatorio, se creen superiores a las travestis y a los putos pobres–, de un vacío de figuraciones atractivas, de una desfavorable distribución del trabajo que parece obligar a las personas trans a buscar refugio en la prostitución, la marginalidad e incluso en el cine o la televisión, como en el caso de Camila, a los papeles de trans. “Los medios de comunicación insisten en ser una copia falsa de lo falso que es el mundo”, reflexiona.

“Mis poemas fueron escritos después de la separación del hombre al que le dedico el libro. Muestran lo difícil que es deshacerse del afecto en una pareja en la que se muere el amor. Los publicaba en Facebook y el editor de Caballo Negro, Alejo Carbonell, me dijo que quería editar un libro con ellos, que de hecho ese libro ya estaba armado. Le envié sesenta y nueve poemas, y entre los dos elegimos los veinte que conforman La novia de Sandro”, comenta. La presentación en la ciudad de Córdoba fue un acontecimiento tan grande como inesperado para la protagonista de Mía y El bello indiferente.

El título del libro proviene de un blog que Camila Sosa Villada administró durante un tiempo, en el que publicaba textos vinculados con su vida cotidiana, sus desamores y sus años como prostituta. “Mis amigas me dicen que soy como la novia de Sandro, desaforada, a veces no correspondida en el amor, intensa.” Los temas son universales: la infancia, la nostalgia, la falta de amor, el deseo sexual que se confunde con afecto o se intercambia por dinero. Todos se sostienen en una lírica melodramática estilizada tanto por un aire de familia con el blues como por otros registros levemente dislocados: el enamorado que guarda sus emociones en una bolsa de consorcio, la Virgen travesti que cuida el sueño de sus hijas, las vecinas solitarias que intercambian facturas y elogios se asemejan a encarnaciones de motivos recurrentes en las formas de la poesía popular. Como una crooner “fastidiada con las mujeres y el paradigma imposible”, Sosa Villada convierte las minucias cotidianas (desde maquillarse o regar una planta hasta fumarse un porro o salir a caminar por la plaza) en gérmenes de elegías y sutiles correcciones del fulgor orillero: “Cuando llego a un lugar todos se retiran y, como buena negra que soy, me arrimo al fuego y relumbro”.

“Escribo cuando estoy traspasada por una situación personal”, dice Camila sentada a la mesa de su casa, mientras ceba unos mates y fuma. “Cuando leo a mis poetas favoritos, a Roberto Juarroz, a María Negroni, a Fernando Noy, a Wislawa Szymborska o a Federico García Lorca, me doy cuenta de que me falta todo, de que no tengo técnica... Soy una caradura.” Sin embargo, la emoción desbordante de los poemas de La novia de Sandro, su mística recuperada del “hueco sin fondo donde desaparecen la esperanza y la poesía”, la pasión en lucha contra la sordidez, no sólo conmueven por su desamparo sino también por la expresión vital de cantos de victoria en medio de una comunidad en la que –insiste Camila– la ternura no debe fracasar.

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La novia de Sandro
(Caballo Negro)
 
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