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Viernes, 8 de mayo de 2009

LUX VA > A WEBEAR EN EL PRIDEBOOK

¿Dónde me pongo?

Agobiadx por el calentamiento global, Lux se queda en casa y se sumerge en el Pridebook –la red social en clave gay lésbica y nada queer– en busca de emociones que pronto naufragarán entre mascotas, prohibiciones y preguntas imposibles de contestar.

Este fin de semana renuncié a la habitual poligamia de las bebidas alcohólicas en pos del celibato de la sed, pero no porque se me antojara quedarme en mi casa. En realidad, tenía la garganta rojo shocking y el termómetro marcaba dos rayitas de fiebre, que cualquiera diría que las tengo alquiladas, víctima como soy del calentamiento global, al igual que los glaciares. Así, webear se convirtió para mí en el Verbo encarnado. Paliativo que esta pachucha Ciber Lux iba mezclando con té de boldo y Amoxidal 500, aferradx cual ratona en celo al ratón de la computadora. “Todx ente virtual para vos, hipertextual, cliqueame y llamame Lux”, iba poniendo en el chat, mientras instaba a mis amigxs del Caralibro (Facebook en su acepción en inglés) a que se hicieran fans de quien escribe estas líneas. ¿O acaso no hay allí quienes se hacen fans, con simétrico entusiasmo, de los caramelos media hora, la polenta con pajarito, Shakira y Mahatma Gandhi? ¡Si hasta fans de la Argentina hay! ¡Argentinxs que se dicen fans de su propio país! Opción que, por supuesto, cliqueé en una seguidilla en la que también me hice fan de Andy Warhol, la Mona Jiménez, Nelson Mandela, Karina Jelinek y —por afinidades en el buscador— la premio Nobel austríaca de apellido ídem. Fue entonces que en el margen derecho de la pantalla apareció un banner con la banderita del arco iris que decía con hipnóticas letras: “Unete a Pridebook”. Y yo —¿qué otra cosa iba a hacer?— no pude contener el dedo. Pero cuando me disponía a llenar los datos para registrarme, mis ojos comprobaron que en el casillero de género las dos únicas opciones eran mujer u hombre. “Y ahora qué hago con mi bienamada x?!”, me dije en medio del desconcierto. “¿No era ésta una red social inspirada en Facebook, hecha para gays, lesbianas, bisexuales y trans, y atenta a lo diverso?”. Así y todo, no me quedó otra que sortear el escollo (jamás les revelaré qué opción elegí), y cuando le llegó el turno a la pregunta de si entendía que en Pridebook no se permite DESNUDEZ ni PORNOGRAFIA (así, en mayúsculas, como quien dice DANGER), no tuve más remedio que poner “acepto”. Para otra ocasión quedarán, entonces, las fotos y el videíto que grabé con Bartolo, mi amante verdulero, siguiendo la doctrina de una eximia botinera. Después de todo, para qué iba a llevarle la contra al muchacho canadiense que creó esta página, harto de que todas las páginas de contactos gay terminaran llenas de chongos en bolas... Así se entiende, por ejemplo, el tono de mensajes como el que un usuario llamado “Marco Aurelio” le dejó en su muro a “Charanguito”, una mole norteña de casi 1,90 que en su foto de perfil aparece en cuero (“Wow! ¡Qué belleza que sale de entre los cañaverales! ¿Qué diría la lunita tucumana?”). O que se armen grupos sobre mascotas o juegos de mesa, y no de adeptxs a la lencería erótica. Algo que si se lo compara con Facebook no es del todo diferente: Pridebook deja ver lo que están haciendo otros miembros, compartir videos y fotos, ver lo último que subieron tus amigos, seguir una agenda de eventos... Con la salvedad de que todavía no tiene interfaz en español y muy pocos figuran con nombre y apellido. Lo que, a decir verdad, no me vino mal a mí que soy simplemente Lux, afiebradamente Lux, ¡Lux a secas!

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