Vie 11.09.2009
soy

Por ahí VA

› Por Pacha Brandolino

Habitualmente es complicado atender los reclamos de los programas y gacetillas que rondan los teatros: no agregan mucho más que confusión. Pero este caso parece ser una de las raras excepciones. Dice el programa: “Una danza particular y sin artificios, donde no es el espacio el que condiciona el movimiento, ni tampoco es el movimiento del cuerpo que se apropia del espacio, sino que lo habita, lo asume activamente y juntos se diseñan. El espacio percibido. El espacio del propio cuerpo. El espacio del otro. El otro”.

Curiosamente, esa pequeña diatriba un poco hermética coincide con lo que se ve. Dos intérpretes (Emiliano Formia y Ramiro Bailarini), con evidente formación en diversas disciplinas de las artes del movimiento, se buscan, persiguen, rechazan y demás escarceos de la acción escénica bien activa y a buena velocidad. En primera instancia, alguna combinación kinésica que recuerda a aquellos ejercicios del movimiento animal. Detalle: una mantis y una vaquita de San Antonio (mariquita, en otras latitudes...), con la consecuente situación de cazador y presa. Lindo, curioso, divertido. En algún momento, a poco del principio hay un cambio de vestuario: en las patas del escenario, pero a la vista, se truecan en oficinistas, sin saco. Muy cotidianos, muy entre lo que cualquier hombre del público puede reconocer. Y sobreviene el humano en movimiento, todo muy aéreo, muy Cunningham. Lindo y bien hecho. Súbitamente, luego de una persecución circular, un intento de beso, rechazado. Pero no con la carga de la repelencia sino con la del conflicto irresuelto, viejo. Sorpresa: al rato, nuevamente la misma secuencia, nuevamente inesperada. Y todo lo precedente habrá comenzado a cobrar otra vida, paralela, más sutil. Dos hombres intérpretes que se buscaban, que se perseguían, pero que en realidad parece que han estado dirimiendo una vieja nueva cuestión, entre ellos, entre dos hombres, como muchas veces ocurre en el fragmentario y accidentado amor entre hombres. La necesaria mención al tercero en el amor: un músico multipropósito de piano y teclado, de caja peruana, de otras percusiones y repercusiones, que en exacto compás soporta sónicamente al dúo. Tal como, muchas veces, sucede con el tercero de la discordia. Quien se atreva a negarlo, que se arroje al escenario.

Se diría que esta obra mantiene todo el tiempo en vilo al interés, que es lo suficientemente larga como para ser lo adecuadamente breve, lo cual da cuenta de una buena capacidad de síntesis de la directora Mariana Carli y una gran precisión en su búsqueda. ¿Qué más le podemos pedir a una pieza escénica?

VA: jueves a las 21.30. Espacio Cultural Pata de Ganso
Pasaje Zelaya 3122 (Abasto) Reservas: 4862-0209

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