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Viernes, 21 de octubre de 2011

Dar testimonio

Adelanto

Los últimos homosexuales

Gran Aldea Editores

Con Luis (55 años) realicé tres entrevistas. Su disposición para colaborar con este libro fue emocionante, tanto como su reiteradamente confesada necesidad de testimoniar.

“Si querés, podés poner mi nombre y apellido. ¿Qué me va a pasar? Yo soy un hombre grande, no tengo a mis viejos, me queda mi hermana. La verdad es que no me llevo bien con ella, no hablamos mucho. Por eso está todo bien con tu libro; si lo ve, no va a decir nada.” (...)

Luis me transmitió con una precisión muy fina una especie de oscilación permanente que, a partir del nuevo milenio, se daría entre la liberación y la opresión, o entre viejas y nuevas formas de discriminación. Con mucha sensibilidad, él destaca la existencia de nuevas formas de opresión en un medio que –paradójicamente– ha cambiado para bien. De gran importancia, la otra cara de la moneda del proceso emancipatorio no afecta a todos por igual, al contrario: su blanco parecen ser los integrantes de su generación, es decir, los últimos homosexuales, la unidad de análisis de este libro.

Si existe algo que forjó la era de la homosexualidad clandestina en la subjetividad de Luis –subjetividad, probablemente, bastante prototípica aun en la actualidad–, es una imaginación gregaria, forma de relación social que, si bien fue la consecuencia del ostracismo en que vivieron, también fue la condición para que pudieran sobrevivir a él y, en muchísimos sentidos, para que –literalmente– pudieran servirse de él.

Fijémonos en los testimonios cómo funciona esta sociabilidad gregaria; veamos, a pesar de todo, cuáles eran sus promesas; advirtamos, por último, los desalentadores efectos de su disolución.

“Si están las puertas cerradas, si la gente tiene ideas de mierda en la cabeza, es lógico que todo cuesta más y que habrá menos posibilidades de hacer cosas en la vida. Pero fijate que lo podés pensar de otra manera: la gente puede pensar lo peor y, por eso, tenés que juntarte solamente con los que piensan como vos, y eso te da más posibilidades de conseguir a alguien con quien estar bien porque hay más conexión.”

Luis tamiza muchos de sus comentarios referidos a la “conexión” con su necesidad de compartir la vida con una pareja, que es lo que no logra conseguir en los últimos tiempos. Su referencia a la conexión, no obstante, también incluye vínculos sociales más generales que se daban entre homosexuales y la sociabilidad característica de la gaycidad.

Nos sigue explicando y me permito esta cita en extenso porque resulta el sistema metafórico de Luis.

“Ahora no es como antes. Ahora es como cuando se abren las puertas de un banco. Se abren y todo el mundo puede entrar, cada uno va a la ventanilla que quiere a hacer lo que quiera, como si cada cual hiciera su trámite y nada más. En los ’90 empieza la ‘evolución’, se abrió el panorama, se abrió el campo, podías ser más libre por la apertura de la gente, porque empezaba a haber más información. Eso hizo que las cosas no llamen tanto la atención, sobre todo que no llamara la atención la gente ‘obvia’, a la que se le notaba. No es que hoy las cosas no llamen la atención, pero no escandalizan. La televisión tiene mucho que ver con esto. Pero en el medio, a partir del 2000, a medida que las cosas seguían evolucionando, tenés la involución: parece que hay conexión, pero es una apariencia.

La gente quiere conocer a alguien, está buscando, pero cuando llega el momento va para atrás. Ocho de cada diez personas que conozco, después de que me hacen casting, me ponen un freno. Yo creo que esto es por la situación del país, con la cuestión de que no hay laburo, de que la gente no tiene un mango y eso te pone muy loco. Me parece que esto en lo gay se nota más. Es la época del consumismo: cómo te vestís, qué te ponés. Siempre fuimos coquetas, ojo, pero lo de hoy tiene que ver con el tema del status: hoy en lo gay se tiene muy presente el nivel social para relacionarse. Antes no se les daba bola a estas cosas: eso de preguntarse ‘con quién vivís’, si ‘tenés casa de propia’, ‘dónde vivís’.”

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Ernesto Meccia es profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad nacional del Litoral.
Imagen: Javier Castillo
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