turismo

Domingo, 22 de noviembre de 2009

MENDOZA > RESTOS FOSILES EN MALARGüE

Huellas de gigantes

El sur de Mendoza es un verdadero yacimiento arqueológico a cielo abierto. En las formaciones de Loncoche y el paraje de Manqui-Malal, así como en lagunas y cortaderas, se han encontrado milenarios fósiles marinos y terrestres. La inminente llegada de un parque paleontológico y otros lugares de protección resguardará, entre otros tesoros, pisadas de dinosaurios del período Jurásico.

 Por Pablo Donadio

Facundo Cara, guía de Manqui-Malal, un paraje ubicado a 30 kilómetros de Mendoza capital, detiene al grupo que camina hacia la cascada y descubre una roca milenaria. Del otro lado, muestra impresa y perfecta la enroscada figura de un amonite, animal marino que fue parte de este suelo hace millones de años, cuando el océano dominaba los territorios cercanos a la cordillera andina. Luego toma dos trozos de piedra de las paredes laterales, que están comprimidas como en láminas. Las golpea y ofrece: “Huelan... es el olor del petróleo”. Este trekking paleontológico es apenas una muestra minúscula del contacto posible con los ahora silenciosos testigos de la vida primaria de nuestro planeta. Porque toda la zona no es más ni menos que una suerte de museo al aire libre, con una importante variedad de fósiles extendida por todo el departamento, tantos como sólo se los puede ver en libros de ciencia o geología. Aquí mismo se halló parte de un ictiosaurio del Jurásico Mesozoico; muy cerca, unas 60 pisadas de grandes herbívoros y otras tantas de otros animales que, se cree, habitaron la Tierra hace unos 83 millones de años. Otros huesos de dinosaurios, plesiosaurios y tortugas gigantes, y más de 200 huellas más (cuya ubicación los paleontólogos no quieren indicar para resguardarlas de visitantes imprevistos), componen parte del sobresaliente mapa de vestigios de eras pasadas, destinados a ser parte del gran parque paleontológico que se viene.

PRESERVACION No hay dudas de que la región es mucho más que montañas bellas y ríos de deshielo: su riquísimo valor paleontológico está siendo descubierto de a poco, y ese patrimonio vale no sólo para el distrito y la provincia sino también para la ciencia nacional y mundial. Por eso su protección, preservación y estudio es una de las principales prioridades del Centro Regional de Investigaciones (Cridc), que además intenta fomentar conciencia en la población para su cuidado. Así se ha creado el primer laboratorio de paleontología de vertebrados de la provincia, que actualmente funciona dentro de las instalaciones del Cridc. La entidad comenzó a realizar un trabajo de ordenamiento y sistematización de datos de restos fósiles encontrados en los distintos puntos, reuniendo la primera colección sistematizada de paleovertebrados. Actualmente, el laboratorio enumera los “bochones” (protección de yeso para trasladar las piezas) realizados en las tareas de exploración y extracción de campañas cercanas al Cañadón Amarillo. Luego se sigue con la apertura y pegado de las piezas, posteriormente se lleva a cabo el trabajo de preparación con martillos neumáticos especiales, y por último se concluye con una reconstrucción de fragmentos faltantes. “Es la primera vez que se está trabajando de esta manera para crear una colección sistematizada y con los estándares que exige la Asociación Paleontológica Argentina (APA), lo cual permite a otros paleontólogos del país y del mundo venir a estudiar y comparar nuestros materiales”, sintetizó el licenciado Angelo Praderio, director del Cridc.

Y tal ha sido la expectativa por estos hallazgos, que actualmente trabajan en conjunto con la idea de conservar los yacimientos naturales en su lugar de origen la Municipalidad de Malargüe, la Secretaría de Cultura y la Dirección de Patrimonio del Gobierno de la Provincia de Mendoza. A ellos se suman estudiantes de la Licenciatura en Ciencias Básicas con orientación en Biología de la UNCuyo, e investigadores del Ianigla y el Conicet, apoyando la declaración de la zona como Parque Paleontológico Cretácico Huellas de Dinosaurios. En el futuro, el objetivo también es levantar un Museo Municipal de Ciencias Naturales.

PARENTESCOS Algunas de las investigaciones son realmente asombrosas, como la que comenzó hace tres años un grupo de expertos tras el hallazgo de unas 60 pisadas de saurópodos titanosaurios, dinosaurios herbívoros de cuello largo de unos 14 metros, que habitaron el planeta hace 71 millones de años. Según testimonios de los paleontólogos mendocinos, las rastrilladas confirman su “desplazamiento en manada: es decir, tenían comportamientos gregarios”. Asimismo, otras huellas de dinosaurios carnívoros, al parecer más pequeños, se encuentran también en análisis. Y a estos descubrimientos se suman otros sitios donde se registraron huellas de una edad aun mayor (unos 83 millones de años) y que, a diferencia de las preservadas en rocas de la denominada Formación Loncoche sobre antiguas lagunas conectadas con deltas y estuarios, serían rastros pertenecientes a otros titanosaurios.

Pero abierta esta caja de Pandora, nada parece ya sorprender a los locales: uno de los tantos descubrimientos habría confirmado la vinculación entre los dinosaurios y las aves. La relación comenzó con el hallazgo de un Aerosteon riocoloradensis (“huesos de aire del río Colorado”) encontrado en 1996 bajo las rocas del período Cretácico, que vivió según se calcula hace unos 85 millones de años. Esta especie representa un linaje que sobrevivió aislado en América del Sur: “A diferencia de otros, proporciona claves sobre los sacos de aire de los sistemas respiratorios de las aves”, aseguraron los científicos. Sus huesos tienen las clásicas bolsas de aire y la textura esponjosa conocida como “neumatización”, con sacos de aire de los pulmones que invaden los huesos. Estos huesos aireados son la marca representativa del sistema de respiración de los pájaros.

HACIA MANQUI En camino hacia de la Cuesta del Chiuido, las bardas –que estuvieron unidas hasta que las separó uno de los tantos movimientos del suelo– guardan otro de los secretos a voces del lugar. Es Manqui-Malal, o “Bardas del Cóndor”, el punto de partida de un curioso trekking paleontológico sobre el cauce que crea una cascada cercana. El predio posee unas 25 hectáreas, con un restaurante que recibe con guías y chivito cocinado a las brasas. El guía de ocasión es Facundo Cara, ni más ni menos que quien halló tras una tormenta los restos del ictiosaurio mesozoico–jurásico que despabiló a los guías de guardia, a los paleontólogos y museólogos cercanos. Con él, el grupo comienza a desandar el camino hacia la vertiente de agua, que ha puesto al descubierto innumerables restos fósiles marinos, donde los amonites se encuentran más que las piedras comunes. Emociona recorrer el sendero, viendo ahí mismo las huellas de la vida primaria en el suelo. Por eso el lugar es ideal para quienes gustan de la historia y la geología en su lugar de origen y ante escenarios naturales, y el paseo acompañado por el Colo Cara se convierte en una invitación a repasar la evolución de estas tierras hasta el presente. Una media hora después se llegada a la cascada, que cae desde lo alto de las bardas y es acompañada también por vertientes que nacen de las paredes y corren dibujando caminos alternativos, donde aparecen nuevas marcas petrificadas. La prueba de veracidad llega con algunas piedras de las láminas laterales, y el relato del comienzo, que deja ver a su vez la importancia y riqueza de la zona en hidrocarburos, materia prima para la nafta y el gas de la provincia y el país. Como despedida y para quienes se atreven, el lugar ofrece rappel, una escalada interesante hasta las bardas, y una excitante tirolesa de lado a lado del camino, alternativas que conjugan el asombro de los fósiles con la siempre presente adrenalina que proponen los pliegues de la cordillera.

DATOS UTILES

Cómo llegar:

Por avión, se viaja desde el Aeroparque Jorge Newbery a San Rafael (a 180 kilómetros de Malargüe) o a Mendoza capital (410 kilómetros). Aerolíneas Argentinas (www.aerolineas.com.ar / 0810-222-86527) y LAN (www.lan.com / 0810-9999-526) tienen varias frecuencias diarias y promociones según la estadía y el anticipo en la compra. Desde ambos lugares salen transfers que llegan a Malargüe.

Por tierra, desde Buenos Aires, el trayecto es de algo más de 1200 kilómetros, comenzando por la RN 7 hasta Junín, luego la 188 hasta Alvear, la 143 hasta San Rafael, la 144 hasta El Sosneado y finalmente la 222 hasta Malargüe. Andesmar ofrece un servicio de ómnibus cuyo viaje dura aproximadamente 13 horas, con un costo de $ 215 en cama (www.andesmar.com.ar / 4310-0700).

Más información: Dirección de Turismo. Tel.: 0267-471659. E-mail: [email protected]. Web: www.malargue.gov.ar

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La impresión de un amonite sobre la roca milenaria del sur mendocino, en Manqui-Malal.
Imagen: Adrián Cardozo
 
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