turismo

Domingo, 8 de abril de 2012

ESCOCIA. PAISAJES DE PELICULA

Digno del cine

El norte de Gran Bretaña es muy apreciado por los cineastas. Sus paisajes y ciudades son el telón de fondo de numerosos éxitos del cine, desde clásicos de James Bond a la reciente saga de Harry Potter. Después de la pantalla grande, la ocasión ideal para volver a los escenarios reales.

Una estepa sin árboles barrida por los vientos, lagos profundos en medio de colinas y montañas rocosas, leyendas que acompañan a los visitantes en parajes solitarios: no es una descripción de la Patagonia, sino de Escocia, en el otro extremo del mundo. Un lugar ideal para imaginar o relatar historias, reales o inventadas, y hacerles dar la vuelta al globo gracias al cine. Escocia es la tierra del tartán, del whisky y el monstruo Nessie. Es también la tierra de numerosos blockbusters, éxitos que dieron la vuelta al mundo y contribuyeron a afinar su identidad, distinta de la inglesa, ante los ojos de generaciones de cinéfilos. La función está por comenzar y el programa es de lo mejor: Highlander, Harry Potter, el Código Da Vinci, Trainspotting, Corazón Valiente y la Odisea del Espacio... entre muchas otras.

El Castillo de Inverness, arquitectura medieval y set de un film sobre el monstruo Nessie.

MONSTRUOS Y MAGOS Empecemos por uno de los escoceses más conocidos en todo el mundo: Nessie. Hace unos años se estrenó The Waterhorse, Legend of the Deep, localmente traducida como Mi mascota es un monstruo. La historia y la filmación arrancan en Inverness, la localidad más cercana a Loch Ness. Es la capital de las Tierras Altas, las highlands, que también son protagonistas de muchas películas. Al mismo tiempo, Inverness es una ciudad histórica de mucha importancia. Tanta que, paradójicamente, le quedan pocos vestigios históricos como consecuencia de haber sido destruida en varias ocasiones debido a su posición y su papel político, en el norte de Escocia. Aunque quedan apenas unas ruinas de una abadía del siglo XIII y de las murallas edificadas por orden de Cromwell siglos más tarde, hoy sí se puede ver la casa donde se alojó María Estuardo en 1562, en Bridge Street. Tampoco el castillo local es el original: fue reconstruido a partir de 1830 sobre el anterior, que había recibido a Jacobo I; a su vez, ese anterior había sido construido sobre otro más antiguo todavía, vinculado con la figura de Macbeth.

Mi mascota es un monstruo es la más reciente de varias películas inspiradas por el monstruo del lago Ness, que está muy cerca de Inverness (de hecho el nombre de la ciudad quiere decir “desembocadura del río Ness”). Este río viene a su vez del Loch, o lago, sin duda el lugar más turístico y fotografiado de Escocia. Geográficamente se estira sobre casi 40 kilómetros, pero con apenas uno a dos de ancho: y aunque es más pequeño que el cercano Loch Lomond, es muy profundo y tiene mayor volumen de agua. Su profundidad y la oscuridad de las aguas parecen combinarse para crear el refugio perfecto de cualquier monstruo marino. Ya en el año 565, San Columba, el monje irlandés que evangelizó Escocia, menciona haber sepultado un hombre mordido por un monstruo del lago. Se sabe hoy día que la famosa foto de 1930 que dio la vuelta el mundo fue una falsificación, y los habitantes de las Tierras Altas de Inverness nunca afirmarán que el monstruo –o la mascota, como se lo quiera llamar– no existe. Los incrédulos pueden de todos modos visitar el lago por la belleza de sus paisajes, para admirar las ruinas del castillo de Urquhart y para conocer el Canal de Caledonia, una curiosidad geográfica que cruza Escocia con lagos y ríos de costa este a oeste. En la región también hay un museo dedicado a Nessie, en Drumnadrochit, uno de los más concurridos de todo el norte de Escocia.

Quedándose en lo fantástico y en las Highlands para recordar otros grandes éxitos del cine, se puede seguir con Harry Potter, que estudia durante siete largos años en Hogwarts, un castillo mágico escondido de los ojos de los muggles en el norte de Escocia. Hay locaciones de las ocho películas en varios lugares de Escocia y en Edimburgo, pero una de las más reconocibles es el Viaducto de Glenfinnan, que fue filmado sin trucos ni magia y se puede admirar tal como está en la realidad y en Harry Potter y la Cámara de los Secretos. Este viaducto de ferrocarril es una obra maestra de la ingeniería, con treinta metros de altura y más de veinte arcos de piedra. Pero es su curva el detalle que lo hace más impresionante todavía. Se lo puede ver de la misma manera que Ron y Harry, cuando trataban de alcanzar el Hogwarts Express a bordo de un Ford Anglia volador.... Quienes hayan visto la película o leído la novela ya saben cómo terminó esta carrera, una de las más delirante de la historia del cine.

El famoso viaducto que sirvió de locación para una alocada escena de Harry Potter.

CINE EN LAS TIERRAS ALTAS Los Highlands protagonizaron muchas otras películas, empezando por la más escocesa de todas, Braveheart o Corazón valiente. El film relata la vida de William Wallace, un héroe de las luchas por la independencia de Escocia a fines del siglo XIII. El lugar más simbólico de la película es el valle del Glen Nevis. La palabra glen tiene origen celta y designa un valle de origen glaciario, profundo y largo, con un río en el centro. El valle del Nevis está en los Montes Grampians, al pie del Ben Nevis, que por otra parte es el punto culminante de las Islas Británicas, con 1344 metros de altura.

La región es típicamente escocesa, como aquellas que sirven de paisaje de fondo a las fotos del príncipe Carlos ataviado de kilt durante sus vacaciones en Balmoral. Lo cierto es que Braveheart es uno de los escoceses más populares de la historia del cine, junto con el “Highlander” Connor McLeod (Christopher Lambert). En la película se encuentra con un escocés auténtico, Sean Connery, que además revindica la independencia de su nación. Connery, por otra parte, protagonizó una de las películas de James Bond ubicadas en Escocia, De Rusia con amor. Aunque la ficción se desarrolle en otra parte del mundo, las escenas del lago fueron filmadas sobre el Loch Graignish. Otro James Bond se filmó en las Tierras Altas, la versión de 1967 de Casino Royale, con David Niven en el papel del espía: como escenario se pueden visitar esta vez las cataratas de Dochart. Ninguna de las dos, sin embargo, tiene tantas locaciones como Highlander, que bien podría ser una guía visual de la costa oeste de la región: el castillo de Eilean Donan, el Loch Shiel y las playas de Morar forman un circuito que los fanáticos de las aventuras de McLeod y Villa-Lobos Ramírez (Sean Connery) no dejan de recorrer.

Más al norte, donde Escocia se adentra en el Atlántico y se desgrana en islas más escandinavas que anglosajonas, también se recuerdan algunas filmaciones de grandes películas. En Saint Andrews, la cuna del golf y de la primera universidad escocesa, se rodaron escenas de Carrozas de fuego. Más al norte, en Balmoral, Stephen Frears filmó a Helen Mirren en el papel de Isabel II durante escenas exteriores cerca del castillo de Balmoral (la residencia de verano de la familia real inglesa, comprada por el príncipe Alberto, marido de la reina Victoria). Las escenas de interiores del presunto Balmoral se filmaron, en cambio, en otro castillo. La Reina fue uno de los grandes éxitos de 2006 y una de las películas más recientes que proyectó a Escocia a las pantallas de todo el mundo, junto con las de Harry Potter.

Las Hebridas, un archipiélago sobre la costa noroeste, recibió también a numerosos realizadores. Sus impactantes paisajes no pueden pasar desapercibidos en películas como 2001 Odisea del Espacio (sobre la isla de Harris), Contra viento y marea, de Lars von Trier (sobre la isla de Skye, un destino romántico muy concurrido desde la publicación del poema The Lord of the Isles, de Walter Scott, en 1815) o La Trampa, de Jon Amiel, en 1999 (en el castillo de Duart, sobre la isla de Mull).

Ruinas del castillo de Urquhart, a orillas del misterioro Lago Ness.

EDIMBURGO MEDIEVAL En Edimburgo el cine se vuelve urbano, aunque los grandes espacios de los Highlands y de las islas no estén muy lejos. La capital de Escocia conservó su aspecto medieval y es el lugar idea para películas de suspenso como Código Da Vinci. Parte de la trama de la novela está ubicada en la ciudad, y en la pantalla se pudo ver la capilla de Rosslyn, uno de sus suburbios. La iglesia fue construida en el siglo XV por un descendiente de una familia normanda vinculada con los templarios. Entre sus venerables pero esotéricos muros termina la búsqueda del Profesor Langdon.

Los aficionados a los clásicos recordarán Los 39 escalones, de Alfred Hitchcock, que también se filmó en parte en las afueras de la ciudad, sobre el trayecto del Flying Scotsman, un tren de lujo que une Londres con Edimburgo. Más recientemente fue uno de los escenarios de... nuevamente Harry Potter. Además no hay que perderse el Nicholson’s Café, donde hace no tantos años una joven madre se sentaba regularmente para escribir su primera novela, que sería más tarde el éxito planetario de Harry Potter y la Piedra Filosofal. Aunque por supuesto no se ve en las películas, es uno de los lugares más visitados y fotografiados de la ciudad. Para la anécdota, se puede visitar también el “Bird of Prey Centre” vecino, una reserva de aves con numerosos búhos, que recrean el ambiente mágico de un Hogwarts imaginario. Algo de magia ya había en la película Mary Reilly, de Stephen Frears, cuando Julia Roberts ve la transformación del Dr. Jekyll en Mr. Hyde en la calle Royal Mile, la principal vía de la ciudad antigua. Trainspotting es quizá la película urbana escocesa más vista de los años ’90. Se basa en una novela del escocés Irving Welsh (un nombre más apropiado para un galés) que se desarrolla en Edimburgo, aunque se filmó principalmente en la vecina ciudad de Glasgow: el estadio de fútbol, el bar Jaconelli, el pub Crossland o el parque Rouken Glen. No muy lejos, al sur y cerca de la potencial futura frontera con Inglaterra –si el referéndum de 2014 concreta la independencia de Escocia–, se filmaron dos éxitos arrolladores: Misión Imposible, en 1996, y Greystoke, en 1984. La primera, cuya escena emblemática es la del tren de alta velocidad entre Londres y París, fue filmada en Dumfries y la segunda –que cuenta la leyenda de Tarzán– se ambientó en parte en Floors Castle. El conde de Greystoke volverá a la selva para escapar de la jungla social del mundo victoriano, lejos de Escocia. Que, mientras tanto, espera su próximo éxito: podría ser una vez más gracias a James Bond, cuya 23 aventura saldrá en octubre y fue filmado en el castillo de Duntrune y los Highlands, o podría ser virtual gracias a la nueva producción de los estudios Pixar, que contará las aventuras de Merida, en una Escocia medieval de leyenda

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Balmoral, una de las residencias reales, comprada en épocas de la reina Victoria.
 
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