turismo

Domingo, 6 de septiembre de 2015

BUENOS AIRES RELIEVES Y LAGUNAS DE BALCARCE

Entre fierros y sierras

Balcarce, ciudad “tuerca” por excelencia, tiene un relieve de sierras y lagunas que invitan a caminar, trepar, remar y pescar. Cerca de Mar del Plata, es la favorita de quienes prefieren andar con los pies en la tierra.

Por Juan Ignacio Provéndola

Balcarce es sinónimo de fierros y de sierras. Allí nació Juan Manuel Fangio, prócer del automovilismo argentino. En el viejo edificio de la Municipalidad, a pocas cuadras de su casa, funciona actualmente un museo con 27 vehículos y ocho playones que cuentan la historia de quien fue el máximo campeón de la Fórmula Uno durante medio siglo. La Ruta 2 que arrima a la región con Buenos Aires lleva su nombre, al igual que el Autódromo Municipal de Balcarce, orgullo de una ciudad llena de talleres mecánicos, autos preparados y enamorados de los fierros. Naturalmente, el circuito está instalado sobre la ladera de una sierra.

Inaugurado en 1972, el autódromo Juan Manuel Fangio se impuso como una de las plazas preponderantes en los calendarios del Turismo Carretera y el TC 2000, las dos categorías más importantes del país. Desde ese entonces, Balcarce se acostumbró a ser visitada varias veces al año por miles y miles de fanáticos de las carreras que, a su paso, fueron influyendo en la identidad del lugar. La ciudad era una fiesta de peregrinos que dormían en casillas rodantes y hacían asados al lado de la pista. Todo formaba parte de un ritual que excedía a los autos. Balcarce tomó por propia esa postal, celebrándola y estimulándola.

El 13 de noviembre de 2011, un día después de establecer la vuelta más rápida en la historia del circuito, Guido Falaschi quedó enredado en maniobras ajenas. A dos vueltas de ganar la carrera de TC, el piloto murió en un accidente que cambió la historia para siempre. El automovilismo continuó con sus caravanas en otros puntos del país, pero para Balcarce ya nada es como antes. El Fangio, cerrado desde ese entonces, mira de reojo a la ciudad desde un rincón de La Barrosa con la pesada carga de su nostalgia. De una época que no se asume finalizada, aunque el recuerdo se vuelve cada vez más lejano.

Esta situación obligó a la ciudad papera a reorientar su estrategia turística. La respuesta estaba a la vista: en las sierras, valles y lagunas. En sus bellezas naturales. Balcarce tiene a la geografía entre sus activos. Es uno de los pocos rincones de la provincia de Buenos Aires donde se interrumpe la vasta llanura. Un valor diferencial respecto a otros lugares, considerado sobre todo por quienes buscan alternativas a los destinos balnearios. La apuesta invita a explotar un perfil relegado por el frenesí de los motores.

Sierra La Barrosa, la favorita de los ciclistas para abrir nuevos senderos.

EN LA LINEA DE TANDILIA Balcarce posee una gran cantidad de cerros y sierras. Todos pertenecen al Sistema de Tandilia, una extensa cadena de 300 kilómetros de largo que también incluye a Tandil y a Sierra de los Padres. Una de las elevaciones más emblemáticas es la sierra La Barrosa. La ladera a espaldas del autódromo está llena de senderos y surcos. Todos confluyen en una zona plana, ubicada a medio camino de la cumbre. Allí está el mirador más importante de Balcarce, donde puede verse la ciudad, la ruta que comunica a Mar del Plata y otras sierras que forman parte de la cadena.

Se accede desde una subida para vehículos y peatones que parte en la intersección de las calles 55 y 40 (cartel indica Camino del Mirador). En el propio mirador hay un mapa que señala todas las sierras y cerros a la vista. Aunque además, como se dijo, también aparece la zona habitada. Allí puede distinguirse perfectamente su centro geográfico, la Plaza Libertad, rodeada por las cuatro avenidas importantes de Balcarce: Uriburu, del Valle, Kelly y Favaloro. Es una mancha verde compuesta por varias pérgolas y más de cien árboles de tilo.

Los que no se conforman con la impresionante vista del mirador pueden seguir escalando hasta la cima, donde se ubica una cruz de madera a 334 metros de altura. Hay senderos de trekking y bicicleta, aunque algunos prefieren improvisar caminos. Son quienes descubren, entre las características piedras, aquellas zonas fangosas que dan origen al nombre de la sierra. También hay pastizales y arbustos con ramas gruesas y pinchudas. Cuidado con eso. El tiempo estimado de escalada por el camino más accesible (señalizado con unas cruces rojas) es de entre 30 y 40 minutos.

Más cerca del centro, el cerro El Triunfo da cuenta de un tiempo en el que el Partido de Balcarce llegaba hasta la costa, incluyendo lo que ahora es Mar del Plata. La pujanza de ambos pueblos (uno llamado San José, el otro El Puerto) derivó en una pelea por administrar la cabecera del partido. En 1876, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se inclinó en favor de San José, cuyos habitantes se reunieron a festejar en el denominado El Cerrito, a partir de ese entonces bautizado como El Triunfo. Más adelante Mar del Plata se constituyó como un partido aparte, quedándose con su puerto y sus playas. Pampa adentro, Balcarce perfiló una identidad netamente rural y agroganadera.

Durante mucho tiempo fue utilizado como cantera de tosca, hasta que luego devino en formidable parque público. Se trata de 21 hectáreas entre las calles 27, 40, 39 y 32, con formaciones rocosas de cima áspera e irregular, que cuenta con plantaciones de diversas especies arbóreas como pinos y eucaliptos, además de herbáceos silvestres como retamas, chicas, colas de zorro, pajas vizcacheras y cardos de Castilla. Las rocas que lo componen tienen hasta 1900 millones de años de antigüedad y su altura máxima es de 37 metros. Allí se encuentran el Monumento a la Madre y la gruta Nuestra Señora de Fátima.

El Triunfo tiene varios caminos accesibles para recorrerlo en automóvil, bicicleta o a pie. Además posee un velódromo, una pista de atletismo, juegos infantiles, canchas de básquet y tejo y una zona de recreo con parrillas. El acceso al parque es libre y gratuito, y permanece abierto todos los días sin restricciones horarias. En la parte de la vieja cantera se realizó un anfiteatro natural, lugar desde el cual se despliegan los tres eventos anuales más importantes de Balcarce: el Festival del Canto Argentino, la Fiesta Nacional del Automovilismo y la más joven Fiesta Nacional del Postre.

Adrenalina en las sierras: un suave vuelo en parapente sobre la laguna.

AGUAS MILENARIASHay registros de presencia humana de 8000 años de antigüedad. La leyenda agrega que se trataba de indígenas pacíficos y laboriosos. A 28 kilómetros del centro, en dirección a Mar del Plata, se encuentra uno de los sitios naturales más hermosos de Balcarce: la laguna La Brava. Es un espejo de agua de 450 hectáreas, alimentado por caudales subterráneos. Tiene un ancho máximo de 3400 metros y no más de cinco de profundidad. La ribera oeste está cercada por las serranías, mientras la del norte y la del sur forman playas con barrancas.

La convivencia de sierras y agua dio lugar a un ecosistema especial. En las laderas anidan varias especies de aves (carpintero, hornero, chingolo, benteveo, calandria, zorzal o chajá), mientras en la laguna el pejerrey honra su nombre como pez principal. Esto difundió la práctica de la pesca deportiva, sobre todo con la aparición de un muelle y distintos servicios de embarcación.

También proliferaron otras actividades acuáticas, como el kayak, el windsurf o el kite. El escenario serrano lindante invita también al trekking y el ciclismo. La laguna cuenta con campings, estancias y complejos de cabañas para dormir en el lugar, además de proveedurías y servicios de gastronomía variados. El turismo aventura se amplificó en La Brava con la aparición del ala delta y el parapente. Los vueltos de bautismo no sólo ofrecen elevarse sobre el aire, sino también distinguir e individualizar las sierras que se despliegan bajo los pies. Alta en el cielo, la ciudad de los motores se vuelve aire cargado. Allí, Balcarce purifica el oxígeno de su historia, buscando reescribirse.

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Campo y sierras, dos claves del turismo balcarceño en las cuatro estaciones.
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