Dom 09.07.2006
turismo

VACACIONES DE JULIO > CATAMARCA, TUCUMáN Y JUJUY

De los valles a la Puna

Un itinerario paso a paso por el Noroeste argentino, partiendo desde la ciudad de Salta con destino a los Valles Calchaquíes y la Puna a través de Catamarca y Tucumán, culminando en Jujuy y la Quebrada de Humahuaca. En el camino, la mística de la Ruta 40, las Escaleras Incas, el cráter de 40 kilómetros del volcán Galán y el Parque Nacional Calilegua.

› Por Julián Varsavsky

Recorrer la Puna y los Valles Calchaquíes del Noroeste argentino implica internarse en una de las regiones más despobladas de la Argentina, como es el caso del departamento de Antofagasta –en la Puna catamarqueña–, que mide 28 mil kilómetros cuadrados y está habitado por apenas 1300 habitantes (0,03 persona por kilómetro cuadrado). Allí, los paisajes no solamente son deslumbrantes –con altísimas planicies vacías que resaltan los colores puros– sino también diferentes de todo lo que se puede llegar a ver en cualquier otro lugar. Además, sus panoramas infinitos irradian la dolorosa belleza de los lugares solitarios y extremadamente amplios, donde la sensación de libertad es tan absoluta –y por eso mismo abrumadora– que reduce a los sujetos a una insignificancia perturbadora.

El otro aspecto que convierte a un viaje por el Noreste argentino en una de las travesías más interesantes de la inabarcable Argentina, es que allí sobrevive todavía un pedazo de la raíz indígena del antiguo Imperio Inca, el Kollasuyo, expresado en los irrefutables rostros y en el color de la piel de gran parte de su población. Pero esa impronta se refleja también en diferentes medidas en la vestimenta, la comida, la música y hasta en la religión, donde el Dios de los cristianos convive con la ancestral Pachamama.

Desde Salta

En la ciudad de Salta comienza un circuito turístico que atraviesa en seis días los famosos Valles Calchaquíes –compartidos por Salta, Tucumán y Catamarca–, visitando los principales destinos de los valles y también de la región de la Puna. La forma ideal de hacerlo es con una camioneta 4x4 propia o con un paquete turístico. También se pueden unir algunos puntos con transporte público, aunque variando un poco el itinerario.

La travesía norteña parte desde la ciudad de Salta por la Ruta Nacional 68 –asfaltada– con destino a la ciudad de Cafayate, la más importante de los Valles Calchaquíes. Allí se puede almorzar y luego salir a recorrer alguna de las famosas bodegas de vino cafayateñas, las creadoras de un varietal único y famoso en el mundo conocido como torrontés. Luego de visitar el mercado artesanal y el Museo Antropológico, el viaje continúa por la legendaria Ruta 40 –que se toma poco antes de Cafayate– para cruzar a tierras tucumanas y llegar a la antigua ciudad de los indios quilmes, ubicada 54 kilómetros más adelante de la anterior parada. De esta ciudad que llegó a albergar unas 3 mil personas quedan los vestigios de una fortaleza amurallada en lo alto de un cerro, donde unos aguerridos indígenas resistieron durante 130 años el asedio de los españoles. Un sector importante del sitio fue restaurado, recuperando parte de un laberinto de cuadrículas de hasta 70 metros de largo cada una, que servían como andenes de cultivo, depósitos de granos y corrales para las llamas. Además hay numerosas casas de estructura circular que originalmente estaban cubiertas con techo de paja. Los quilmes, entrenados en el arte de la guerra debido a los conflictos con las tribus vecinas, fueron el hueso más duro de roer para los españoles en el Norte argentino. Tenían un verdadero ejército de 400 indios que resistieron junto con tolombones, sus “hermanos de armas”. Los conquistadores lograron rendirlos en 1666 –no por la fuerza, ya que la ciudad era indoblegable– sino por el hambre y la sed.

A la Puna

El cielo y la puna. Dos planos de intenso color en el paisaje del norte argentino.

En el pueblo de Amaicha del Valle, ubicado unos kilómetros al sur de las ruinas por la Ruta Provincial 307, se puede hacer noche y partir al día siguiente rumbo a la Puna, retomando la Ruta 40 hacia el Sur para ingresar en Catamarca. A los costados de la ruta se extienden amplios viñedos, y más adelante se empalma con la Ruta Provincial 43 para comenzar a subir por la Cordillera Oriental hacia la Puna. El paisaje va ganando en aridez y quedan atrás los poblados de Villamil y Barranca Larga. Al subir la Cuesta de Randolfo, la vegetación ya se reduce a los pastos ralos de las tolas y los coirones. Y a la vera del camino se levantan enormes dunas “trepadoras” por donde aparecen correteando cada tanto las tropillas de elegantes vicuñas. Ya a las puertas de la Puna, las subidas se van atenuando y los terrenos se hacen rectos, mientras la camioneta se interna en las soledades del Altiplano.

Tras la ventanilla de la 4x4 desfilan los pueblos de Laguna Blanca y El Peñón, los únicos asentamientos humanos hasta Antofagasta de la Sierra, a 3500 metros sobre el nivel del mar, en plena Cordillera de los Andes. Este pueblo está a 500 kilómetros de la capital provincial, pero a simple vista parece uno de los lugares más solitarios del planeta (y de hecho lo es). Su entrada está custodiada por dos de los 220 volcanes que hay en la zona.

Ya instalados en algún hotel de Antofagasta, lo ideal es dedicarse a recorrer los principales destinos de la zona. La excursión emblemática es al cráter del volcán Galán, del cual se dice que tendría el diámetro de caldera más grande del mundo (40 kilómetros). La jornada al volcán es larga y cansadora. Comienza desandando un poco el camino hasta el pueblo de El Peñón –un oasis arbolado en medio de la contrastante aridez–, siempre en las camionetas 4x4 y con la orientación de un guía baqueano del lugar. En el trayecto ascendente la primera sorpresa es la laguna Grande, un inmenso espejo de agua habitado por millares de flamencos rosados (parinas). Luego de tres horas de viaje se llega al cráter del inmenso volcán, a 4900 metros sobre el nivel del mar. Su interior alberga la laguna Diamante, habitada por patos y flamencos, y también una inmensa chimenea natural que roza los 6600 metros, en cuya cima unos andinistas encontraron tres altares ceremoniales con estatuillas de oro y plata.

Quien disponga de tiempo para explorar la zona puede visitar el Salar del Hombre Muerto, a 74 kilómetros de Antofagasta. De lejos, el salar aparece como un espejismo, y de cerca se descubre que en sus bordes están los restos de las antiguas minas de Incahuasi, explotadas primero por los incas y después por los españoles.

El regreso

Tramo de la travesía por la impactante naturaleza de la Puna.
Foto: Federico Norte

Al quinto día de viaje se abandona Antofagasta para ir hacia una zona donde abundan justamente los salares. Así se atraviesa el poblado de Antofalla, con sólo 40 habitantes, y el Salar de Arizaro, el más grande de todos, que mide 1500 kilómetros cuadrados. El destino final de este tramo es el poblado de Tolar Grande, donde los viajeros hacen noche en el Refugio Franco Argentino, un albergue construido por la Embajada de Francia, que tiene dos dormitorios con 20 camas cada uno, separados por sexo y calefaccionados con salamandras. Desde Tolar se toma la Ruta Provincial 27 hasta empalmar con la 51, atravesando un espectacular paisaje de rocas sedimentarias coloradas llamado El Valle de los Sueños. Y luego de dos horas se llega al famoso viaducto de La Polvorilla, esa fantástica obra de ingeniería por donde el Tren de las Nubes atraviesa un gran cañadón. Unos 22 kilómetros más adelante está el poblado de San Antonio de los Cobres, con su economía basada en el tejido del famoso barracán, una tela de lana de llama u oveja. En este pueblo reseco y polvoriento se puede almorzar y luego retomar la Ruta 40 hacia el Abra del Acay, un paso de tierra que llega al punto más alto de la Puna, donde se puede transitar en vehículo, a 4895 metros sobre el nivel del mar. A partir de allí comienza el descenso para ir dejando atrás la Puna e ingresar de nuevo a los Valles Calchaquíes. El siguiente destino es el pueblo de La Poma, rodeado de quebradas sinuosas y serranías erizadas de cardones. Una singularidad de este pueblito es que fue destruido por un terremoto en 1930 y un sector del caserío de adobe fue reconstruido a un kilómetro de distancia. Un último trecho de 54 kilómetros conduce hasta al pueblo de Cachi, donde hay varias alternativas de alojamiento. Luego de visitar el museo arqueológico y la iglesia de Cachi se emprende el regreso a Salta capital por la Ruta Provincial 42 y luego la 33, atravesando el Parque Nacional Los Cardones para descender por la Cuesta del Obispo.

Por Jujuy

Yacoraite, Departamento de Humahuaca. El paisaje norteño en todo su esplendor.
Foto: Joaquín Carrillo

Desde la ciudad de Salta comienza la segunda parte de este periplo, hacia la provincia de Jujuy. Por la Ruta Nacional 9 –un hermoso camino de cornisa de 89 kilómetros–, o por la Ruta Nacional 34 y la 66 –asfaltadas–, son 120 kilómetros con rumbo Norte hasta San Salvador de Jujuy. Cuatro días completos es el mínimo para explorar los principales destinos de la provincia, ya sea con un auto particular con buena altura de gomas o con una excursión armada (en verano este paseo es imposible con cualquier clase de vehículo, debido a las lluvias).

El viaje por Jujuy parte desde la capital provincial rumbo a la Quebrada de Humahuaca por la Ruta Nacional Nº 9, totalmente asfaltada. El primer punto donde conviene detenerse es el poblado de Purmamarca, a 65 kilómetros de la capital (quien no tenga auto, dispone de colectivos de línea con varias frecuencias diarias). Antes de llegar a Purmamarca hay un desvío en la Ruta 52 y a los pocos kilómetros –tras una hilera de álamos– aparece de repente el famoso arco iris de piedra del Cerro de Siete Colores, con sus extrañas franjas de minerales en forma de zigzag, a cuyos pies está el poblado. Sus callecitas de tierra suben a la montaña y las casas de adobe parecen brotar de la tierra. A simple vista pareciera que el tiempo no roza este pueblo fundado en 1594, que mantiene mejor que los demás su arquitectura colonial. Unas veinte manzanas se arremolinan alrededor de una plaza con un cabildo y una iglesia, cuya fecha de construcción está cincelada en el dintel de madera de la entrada: 1648.

La segunda estación de este recorrido por la quebrada es el pueblo de Tilcara, veinticinco kilómetros al Norte de Purmamarca. Allí, un alto número de casas son de adobe y por las calles empedradas casi sin autos corretean los chicos y las gallinas. Algunas llamas pastan en el patio de un hotel y en ciertas casas hay una vitrina en el frente con una gran vasija indígena desenterrada en ese mismo lugar. A un kilómetro del pueblo, en las alturas de un cerro, se erigen los restos del Pucará de Tilcara, un asentamiento fortificado de antigüedad casi milenaria.

La tercera parada por el recorrido quebradeño es en Humahuaca, el pueblo más grande de toda la zona, cuyas callecitas empedradas se van iluminando al atardecer con los faroles coloniales de hierro forjado clavados en las paredes de adobe. Humahuaca es la sede principal del famoso Carnaval de la Quebrada, y quien no venga para esa fecha igual puede tener un acercamiento a esa fiesta del sincretismo visitando el Museo Folklórico Regional, con una muestra donde sobresale la colección de instrumentos y disfraces.

Las Yungas

Trekking por la ladera de una montaña jujeña entre Tilcara y San Francisco.
Foto: Joaquín Carrillo

En Humahuaca se puede pasar la noche y a la mañana siguiente visitar las Serranías del Horconal y sus cerros de colores (ver foto de tapa). El paso siguiente es subir a la Puna para conocer el pueblo de Zenta, y ese mismo día descender otra vez hasta al poblado de Santa Ana, donde se puede realizar un trekking de cuatro horas guiado por algún experto de la zona a lo largo de las Escaleras Incas, una vieja senda indígena. La idea es pasar en un mismo día de la Puna a la selva. El lugar indicado para dormir en este punto es el poblado de Valle Grande. Al día siguiente se termina de descender hasta la selva plena de las yungas para recorrer el Parque Nacional Calilegua. Este parque fue creado en 1979 para proteger Las Yungas, una vasta franja selvática que acompaña el avance de la Cordillera andina en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca. Debido al manto de nubes que suele cubrir estas húmedas laderas, también se conoce a Las Yungas como la “nuboselva”, un estrato natural que se atraviesa en toda su plenitud durante el trekking por las Escaleras Incas. Un viaje para ver las nubes desde arriba.

DATOS UTILES

  • Circuito 1: La empresa Norte Trekking Expeditions ofrece un paquete que recorre todo el mismo circuito de Salta, Catamarca y Jujuy descripto en esta nota, por $ 1980 por persona. El precio incluye todos los alojamientos con desayunos por 6 días y 5 noches, traslados en camioneta 4x4 y guía especializado (no incluye traslados desde Buenos Aires). Más información en:
    www.nortetrekking.com
    Tel.: 0387-4361844
    [email protected].
    Operador en Buenos Aires: Equinoxe. Av. Callao 384 P. 3. Tel.: 4371-5050
    [email protected]
  • Circuito 2: La empresa Tour Andino ofrece un paquete por Jujuy similar al de esta nota, recorriendo la Quebrada de Humahuaca, las Escaleras Incas, las Serranías del Horconal y el Parque Nacional Calilegua. El precio es de $ 1006 por persona en base doble (traslado en camioneta) o de $ 810 por persona en base séxtuple (traslado en combi). Más información en:
    www.tourandino.com
    [email protected]
    Tel.: 0388-4242303.
    Operador en Buenos Aires: Piamonte, Florida 253, 6º P. Tel.: 4325-3303.

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