Desde New Jersey
El grupo ofreci贸 una lista llena de cl谩sicos de todas las eras; el p煤blico eligi贸 鈥淎round and around鈥 en Facebook. Toda celebraci贸n que suma a帽os tiene su festejo. Algunos con torta, otros con pastel; unos cantan 鈥淗appy Birthday鈥, otros 鈥淔eliz Cumplea帽os鈥. Pero hay celebraciones que son m谩s especiales que otras, sobre todo si los que festejan son nada menos que The Rolling Stones. Una banda que se da el lujo de conmemorar nada menos que cincuenta a帽os en la ruta y que, tras demostrar que tienen con qu茅 hacerlo en el O2 Arena de Londres, cruz贸 el oc茅ano para renovar su romance con el p煤blico estadounidense, ese que los descubri贸 hace una eternidad en el Ed Sullivan Show.
La fiesta tuvo su aperitivo: el tan mentado 12/12/12, que algunos se帽alaron el d铆a de la cat谩strofe maya, fue el elegido para el megaconcierto que en el Madison Square Garden reuni贸 fondos para los afectados por el hurac谩n Sandy. All铆 los Stones s贸lo concedieron dos temas (鈥淵ou got me rocking鈥 y 鈥淛umpin鈥 Jack Flash鈥), excelente manera de dejar a todos con ganas de m谩s. El 13, desafiando cualquier posible apocalipsis relacionado con mayas o numerolog铆as fat铆dicas, Jagger, Richards, Watts y Wood se miraron antes de salir a escena y tiraron a pura carcajada: 鈥淭ambi茅n dec铆an que no 铆bamos a llegar a los 30 y aqu铆 estamos...鈥. Hora de salir a escena, por en茅sima vez, en el primero de los dos conciertos que abrieron el 50 & Counting... Tour en el continente americano.
Antes de llegar al momento clave en que se apagan las luces, sin embargo, hay una larga historia. Cada paso que se intente dar en New York y aleda帽os es una propuesta para conquistar la paciencia. Desde el bus cerca de Times Square, que puede tardar 50 minutos, o el tr谩nsito, que ni en el Primer Mundo consigue ser liviano. El recorrido hasta el Prudential Center en Newark, New Jersey, puede demorar m谩s de dos horas. Las interminables carreteras caracolean hasta desembocar en Penn Station, donde bajan miles de fans que caminan cuadras hasta al fin tocar el imponente estadio que utilizan los Jersey Devils.
All铆, gorilas gigantes con la boca roja bien abierta custodian la llegada de los m谩s puntuales. El trailer de merchandising oficial tiene m谩s de veinte clientes en primera fila que dan inicio a largas colas. Los precios accesibles son de 10 y 15 d贸lares para pins o calcos; hay remeras a 40 y las camperas de jean o de baseball cotizan a 100. Todo lo que uno pueda imaginar existe con la marca de los londinenses, que en 1972 entendieron el poder econ贸mico que escond铆a esta millonaria movida. El promedio etario es alto para lo que se acostumbra en Argentina (40 a 65, como m铆nimo), todos bien empilchados con ropa de giras anteriores y una moda pocas veces vista de camisas con las fotos de Some Girls, Exile on main street y Tattoo you. La espera es tranquila, aparentemente sin mayores emociones, como todo lo que ocurre en los lugares populares de esta Tierra. Pero aparece la nota distintiva, en medio del cl谩sico play贸n de cancha: un grupo de veinte muchachos a los abrazos y sacudidas de cabezas, como pidi茅ndole reacci贸n a un boxeador en el rinc贸n. El grupo no s贸lo resalta por lo expresivo, tambi茅n por las banderas en celeste y blanco.
Una hora y media antes se abren las puertas; en calma y en orden, cada cual con su sonrisa se somete al r铆gido operativo de seguridad, las se帽oras dejan a sus maridos para ir a la fila izquierda mientras ellos quedan del lado opuesto. Al pie de altas escaleras mec谩nicas se controlan los tickets con l谩ser y ya ah铆 el espect谩culo es una garant铆a, el t铆pico american style: m谩s merchandising, comida mexicana, italiana, pizza, pollo, papas fritas, omnipresentes hamburguesas gigantes y vasos s煤per size, comida vegetariana. Bebidas y cervezas de medio litro y barras con tragos de todos los colores que no pasan los diez d贸lares. La fiesta parece completa. Falta un cuarto de hora y son m谩s los que est谩n de compras y paseo que los sentados en sus butacas, matizando la espera con el sonido de Chuck Berry, Muddy Waters, Bo Diddley y todos los superh茅roes que los Stones eligieron como culto para su propio aguante.
Cuando nadie se lo espera, la pantalla gigante proyecta un video con frases de fans, actores y m煤sicos reconocidos; por los costados del escenario en forma de lengua dos grupos de bailarines con caretas de gorilas se entremezclan en las primeras filas. A puro golpe de redoblante, suena la intro de 鈥淪ympathy for the Devil鈥. Detr谩s de los amplificadores ya puede verse la sonrisa de Charlie, y Keith y Ronnie que se cuelgan las guitarras con gesto ritual, de cosa que ni pierde m铆stica ni aun medio siglo despu茅s. 鈥淟adies and gentleman, The Rolling Stones...鈥, suena en el PA: no hacen falta m谩s que esas seis palabras para que la escena explote con los acordes de 鈥淕et off of my cloud鈥, un Mick Jagger en negro y gris con corbata plateada se coma la escena y el estadio, al fin, estalle.
Parece no haber pasado el tiempo para ellos. 驴Ser谩 una cuesti贸n de gen茅tica? Habr谩n sido las part铆culas de las bombas ca铆das en Gran Breta帽a en los 鈥40, cuando ellos nac铆an? La pregunta puede adoptar varias formas, pero al cabo ya a nadie le importa la respuesta cuando se los ve en acci贸n. Muchos piensan: 鈥淧or ac谩 no ha pasado nada m谩s que Rock and Roll durante 50 a帽os鈥, aun sabiendo que no fue s贸lo eso.
El recuerdo de los primeros hits aparece con 鈥淭he Last Time鈥, oportunidad para reconocer a una banda bien ensamblada, ese milagro que los Stones reeditan cada vez que se vuelven a juntar y sin importar el tiempo transcurrido. Las medidas del escenario ayudan a no dispersarse demasiado, y queda claro que es la voz del grupo la que marca el paso, s贸lo con miradas en cada estrofa, cortes y finales. El salto a los setenta se produce con 鈥淚t鈥檚 Only Rock and Roll鈥; Bill Wyman, que estuvo en el O2, no quiso hacer el viaje para s贸lo dos canciones. 鈥淧aint it Black鈥 es pura magia retrospectiva, una versi贸n m谩s cerca de la original que de las 煤ltimas mostradas en vivo. Junto a los Stones siempre hay lugar para que se luzcan otras voces: Lisa Fisher la descose con los agudos en 鈥淕imme Shelter鈥, mientras que con la guitarra el joven blusero John Mayer (as铆 lo present贸 Mick, aunque ya no es tan joven) rockea en 鈥淩espectable鈥.
La primera, pero al cabo la 煤nica balada de la noche es 鈥淲ild Horses鈥, que suena como si Sticky Fingers鈥 estuviese girando. Sin darle tiempo a Mick para que se descuelgue la ac煤stica, un asistente le alcanza una hoja donde se lee que 鈥淎round and Around鈥 es la ganadora en la votaci贸n que se organiz贸 a trav茅s de Facebook. Las bromas recorren el escenario; el desaf铆o es ver si Ronnie se acuerda los acordes. Los recuerda, y no s贸lo eso: junto a Keith emulan con gracia al maestro Chuck Berry. EL setlist pega un salto al presente con 鈥淒oom and Gloom鈥 y 鈥淥ne More Shot鈥, los dos temas nuevos del triple recopilatorio Grrr! Llegan los supercl谩sicos 鈥淢iss You鈥 y 鈥淗onky Tonk Woman鈥, los Stones recorren de punta a punta el escenario y los privilegiados del VIP dentro de la lengua se deleitan filmado con lo 煤ltimo en tecnolog铆a. Las ovaciones individuales llegan con la tradicional presentaci贸n de los m煤sicos e integrantes de la banda: Ronnie pone sus caras de payaso, Charlie deja la bater铆a y camina con su t铆mido pero simp谩tico estilo al frente, tira una p煤a ca铆da en el piso. De pronto 20.000 personas corean el nombre de Keith; la leyenda de la guitarra sacude la cabeza, agradece con pocas palabras y regala sin respiro 鈥淏efore They Make Me Run鈥 y 鈥淗appy鈥.
De pronto todo se pinta de negro, sin luz y sin cantante, suena una arm贸nica, el redoblante acompa帽a y los Stones abren el coraz贸n para que el indescifrable Mick Taylor los acompa帽e con 鈥淢idnight Rambler鈥. Su Gibson Les Paul es un sonido delicado, otro matiz para el entramado de Wood y Richards; hace bromas, se balancea al ritmo de su pie izquierdo, disfruta este ef铆mero regreso a las filas de la maquinaria Stone. En la despedida intenta darle un beso y abrazo a Jagger, quien pone distancia pero al menos lo nombra tres veces para el aplauso cerrado.
Seg煤n lo que indica el setlist, la andanada final debe comenzar con un acorde de guitarra que es, en s铆, una leyenda dentro de la leyenda Stone. Pero esta noche ser谩 a煤n m谩s especial. Hace rato que el grupito de argentinos, que saben que para los Stones este pa铆s significa un record inigualado de presentaciones en estadios abiertos, busca llamar la atenci贸n de la banda. Sacuden las banderas, exhiben ese agite de concierto no tan f谩cil de ver en p煤blicos angloparlantes, ensayan cantitos. Cuando la Telecaster de Richards lanza ese arranque de 鈥淪tart me up鈥 que congela el tiempo, sucede lo impensado. Jagger baila en la punta de la lengua y gira a su derecha, se para delante de ellos, los mira, les canta, los se帽ala. Sin pensarlo, uno de los muchachos tira la bandera al escenario, con tanta fortuna que queda colgada en el brazo izquierdo de Jagger. Hay un estallido de flashes que prueba que 茅sos no son los 煤nicos argentos en el estadio; esas almas llegan al delirio cuando el cantante camina la 鈥渓engua鈥 con la bandera abierta, vuelve al escenario central y la cuelga cerca de los micr贸fonos del coro. Con los a帽os podr谩 sonar magnificado, lo cierto es que esos segundos fueron un momento interminable y emotivo para los argentinos presentes.
Bajar es imposible, porque encima el final va construyendo un final 茅pico con 鈥淭umbling Dice鈥, 鈥淏rown Sugar鈥 y 鈥淪ymapthy for the Devil鈥 indican la proximidad del final. El saludito casual con un d茅bil 鈥淕oodbye鈥 no son enga帽o para nadie: la pausa sirve para que un numeroso coro se ubique en ambos costados y erice la piel con la introducci贸n completa y exacta del original 鈥淵ou Can鈥檛 Always Get What You Want鈥. Keith rasguea otra Telecaster en castigada madera oscura, dando pie a una larga versi贸n que ve ingresar lentamente al resto de la banda. Cada sector hace sus apuestas para acertar el cierre, y por esas cosas de la m煤sica son dos riffs hermanos: el menor de ellos nacido en el fuego cruzado de un hurac谩n en el a帽o 鈥68, bautizado 鈥淛umpin Jack Flash鈥; el otro, producto de la insatisfacci贸n del 鈥65. 鈥淪atisfaction鈥 es el elegido para el cierre y sacude ese prejuicio de que el p煤blico de Norteam茅rica es invariablemente fr铆o. Es cierto, no hay revoleo de remeras, ni saltos con el brazo en alto coreando el riff, pero el calor humano es innegable, aun cuando para ellos ver al grupo se bastante m谩s habitual que para oros p煤blicos del planeta. El abrazo final, que en otros pa铆ses es despedida por un tiempo largo, aqu铆 es un 鈥溌os vemos pronto!鈥.
En el play贸n la barra Stone de las pampas disfruta su protagonismo. Les sacan fotos, los filman; los portadores de aquella bandera que hizo historia son los m谩s buscados, pero no aparecen. Entre todos sacan conjeturas de la gira 2013, que nadie ha anunciado a煤n pero a nadie se le ocurre negar. 驴Volver谩n a la Argentina? 驴Habr谩 que volver a viajar? 驴Ser谩 en R铆o de Janeiro? Mir谩 que quieren venir, adoran Buenos Aires. 驴Lo viste a Jagger con la celeste y blanca? Y as铆, sin descanso, los ojos brillantes, mientras se vuelven a formar largas filas para seguir comprando hasta agotar talles y modelos. Por dentro, todos quieren ser 煤nicos y m谩s fan que el de al lado. Despu茅s de ver a la banda de Rock m谩s grande de todos los tiempos, curtiendo el escenario como si no hubiera pasado medio siglo, no pueden bajar del shot de adrenalina, de la euforia, de la arenga. Y entonces, para sorpresa de los que pasan cerca, cantan eso que nadie record贸 cantar, y en la parada del bus, esperando para el largo camino de regreso, se alzan las voces: 鈥淨ue los cumplas feliiiizzzz...鈥
驴Qui茅n dijo que no se puede obtener satisfacci贸n?
© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.