Usted señala que en la mayorÃa de los paÃses latinoamericanos la polÃtica es sinónimo de corrupción, de desencanto. ¿Cree que fenómenos como el de Evo Morales en Bolivia eclipsan esta visión tan negativa?
–Creo que es muy natural que haya un lÃder como Evo en Bolivia, en un paÃs donde los indÃgenas fueron ignorados como sujetos polÃticos. Lo más natural es que surja un lÃder indigenista que trate de revertir esta situación. Por supuesto que esto es importante. Sin embargo, lamentablemente, Evo ha generado una enorme confrontación y polarización, al grado de que Bolivia está separada en dos mitades completas. En general, hay una enorme desconfianza hacia los polÃticos, pero al mismo tiempo esa desconfianza genera el caldo de cultivo del surgimiento de liderazgos carismáticos, con lo bueno y con lo malo que puedan tener.
–¿Y qué pasa con el liderazgo de Chávez?
–Chávez tiene una retórica incendiaria que no tiene particularmente Evo. Chávez llega con esa misma retórica de no ser el polÃtico tradicional, de no haber estado en los dos partidos que se repartieron el poder en Venezuela. Construyó un nuevo liderazgo que fue muy refrescante en su inicio; no sólo atrajo los votos de la mayorÃa, sino la simpatÃa de la clase intelectual. Pero han pasado muchas cosas, entre otras la manera en que Chávez ha ido apoderándose de todos los espacios de la esfera pública para tener un control excesivo del paÃs, llevando a Venezuela a un extremo en que la democracia está en riesgo de haberse comido a sà misma.
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